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La soledad y sus arrugas || Cuento de Enrique Esparza Vázquez

Mi reloj de mano ya marcaba las diez de la mañana y Norma seguía sin tocar mi puerta. Llegué a creer que los comentarios de Clotilde la habían desanimado, pero Norma no es una mujer vulnerable y me es difícil creer que esa fuera la razón por la que no haya venido ni el jueves ni el sábado. Dejé pasar las horas hasta que todas mis amigas se fueran para salir a buscarla. Fue una mañana larga, pues mis ojos no dejaban de mirar la hora, me sentía desesperada, pues a cualquiera de nosotras, por nuestra edad, ya nos puede pasar de todo. Un día te duelen los pies, al otro día la cabeza, por la noche se te sube la presión, por el día se te baja… en fin, ya eran las dos de la tarde cuando pensé si primero recogía la terraza o me dirigía directo a casa de Norma, pero pensé que era ilógico quedarme a limpiar cuando toda la mañana esperé el momento para salir a buscarla. Tomé mi gabardina por si el viento era fuerte o por si en el transcurso del camino se soltaba la ventisca, salí de mi casa sin avisarle a mi marido y cerré con seguro la puerta.

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Me preguntaré || Cuento de José Luis Díaz Marcos

Si el corazón pudiera pensar, se pararía.

Fernando Pessoa, El libro del desasosiego

El olvido, silenciosa e infatigable amenaza, ha estado siguiendo mis débiles pasos. Y ahora que advierto su agresión, como suele ocurrir con tantas cosas, ya es demasiado tarde: la maraña de mis recuerdos, arena contra la ventisca, se deshace con todos vosotros dentro. También conmigo. También, ¡ay!, contigo, querida Pilar.

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A la orilla del trino || Poema de Isabel Galván Rocha

A la orilla del trino, cenzontle
recorre sinuosidad del epitelio, durazno
y miel en el lienzo, y curvas perentorias
sin que declinen, volcanes en sus manos,
rotundo placer de besar recovecos,
desliza como magnetismo y se une
se descubre un secreto en la cumbre,
y renueva en el desliz de la mano, marfil
y oro en proximidades, devuelve la caricia
fragante del aroma lascivo y yuxtapuesto.

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Indignados

En esta columna hemos hablado sobre la censura de la era Hays, que oficialmente acabó en 1967. El final del código podría hacernos pensar que, a partir de ese momento, la libertad creativa no encontró límites. Esto, sin embargo, no es exactamente así. Uno de los ejemplos recientes son las quejas y protestas posteriores al estreno de Joker (Todd Phillips, 2019), puesto que ciertos sectores creían que podía incitar a la violencia. El poder ofensivo del cine es tan viejo como el medio mismo, pero no siempre nos han ofendido las mismas cosas. O, mejor dicho, no siempre se ha escuchado a los mismos.

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Instantes || Crónica de Juan Francisco Hernández

Estamos en agosto. Un verano cálido y húmedo. Hace tres años llegué a Bélgica y no me acostumbro al clima. Inviernos largos y fríos; veranos cortos y ardientes. Por la mañana me senté en la terraza, me quité la camiseta y me quedé tranquilo e inmóvil, como lagartija sobre piedra al sol. He pasado la otra parte de la mañana en el jardín, con los hijos de M, buscando caracoles.

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El Templo || Cuento de Verónica Vidal

Dormidos flotamos en el éter,
nos arrastran las naves invisibles
Hacia mundos remotos
pero sólo en la tierra abren los párpados.

Eugenio Montejo

La basílica de San Roque era nuestro punto de encuentro con el ruido de Barranquilla. Vivíamos en un pueblito a treinta minutos del centro y a muchas lágrimas de humillación de distancia, con respecto a nuestro verdadero hogar. Éramos migrantes caminando entre musarañas nuevas y vacíos en el pecho.

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Contar la pandemia: Lo incuantificable

Ilustración de Carlos Gaytán

Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas; porque si no cuentas cuántos cuentos cuentas, nunca sabrás cuántos cuentos sabes contar.

TrabAlenguas popular

Las cuentas no siempre valen lo mismo. Al momento actual, hay más de 62 mil infectados en México por esta desconcertante mutación virulenta. En el mundo hay más de cinco millones de casos estimados. Veo las estadísticas que ofrece Google, sus gráficas apenas coloridas. Trato de recordar que esas cifras en realidad son —¿o representan?— personas. De pronto los miles y los millones pesan más.

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Sin rostro || Poemas de Claudia Novillo

Los pies viudos

Mis piernas son esbeltas…
Y desde el pubis hasta la axila se cuela el aire,
mi cabellera se desarma, cuando la suelto en el viento,
mis ojos son una mezcla entre el aire y el descaro…
Mi aroma, inevitablemente, te quita el aliento,
pero mi boca te catapulta al infierno…
Todas mis vertebras son preciosas, se alzan hasta mi cuello,
mi centro es flexible y húmedo…
Mis pies caminan nerviosos y sucios,
tristísimos y viudos, llorando por un par de zapatos…
Pidiéndole a las piernas que corran para traerles unos tacones,
o unos tenis poco importa…
Quieren la protección tan útil de unos zapatos.