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Sólo es el viento – Cuento de Miguel Enrique González Troncoso

A temprana hora de la mañana, el hombre irrumpió en la vivienda.

—¡Ya señora, levántese y márchese de inmediato! —ordenó, y agregó—: ¡Yo soy el nuevo dueño de esta propiedad! Su familia ya se largó.

La mujer, avergonzada, balbuceó:

—¡Ya, altiro! Sólo déjeme pasar al baño y me voy de inmediato.

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No todos los conejos son inocentes – Cuento de Montserrat Barrientos Pérez

Traía puesto un vestido negro que me llegaba a las rodillas. Hacía frío y la neblina tapaba mi visión. Desperté a tres o cuatro metros de un río, no sabía qué hacía ahí, así que decidí seguir la corriente. Me paré y sacudí mi ropa sucia por la tierra.

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«Una película de policías» o el director antes que nada – Reseña de Demetrio Gutiérrez

Una película de policías es un castillo de naipes sostenido sobre una sola carta, una construcción tan endeble que si retiramos esa pieza toda la estructura entera se viene abajo. En este caso, hablamos de películas, retirar la pieza es contarla. En una película bien construida no basta quitar uno de sus elementos para que se derrumbe, ni narrativa ni formalmente; a veces lo importante no es a dónde se llega sino el camino que se toma, las decisiones necesarias para alcanzar la meta y la manera de narrarlo con la cámara. En este caso, sabiendo su secreto desde el inicio, nada más en ella tiene sentido. Esta reseña tendrá spoilers.

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Recuperar a Rilke: «Cartas a un joven poeta» (1929)

Llegar a ser poeta es un camino difícil y lleno de obstáculos. Requiere constancia, sacrificio, tenacidad y un alto grado de conocimiento de uno mismo. Significa convertir lo cotidiano en una obra excelsa, en la que los lectores puedan comprender su día a día desde una mirada profunda y repleta de emociones (no necesariamente positivas). Asimismo, el verdadero poeta es aquel que escucha a su voz interior y la manifiesta con la sensibilidad y la precisión adecuadas para conectar con los demás y el mundo que le aguarda.

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“Ras7ros y Síntomas”: la resiliencia desde el takeover

He visto aparecer la dinámica del takeover de cuentas de Instagram en dos contextos distintos. El primero es una estrategia de marketing donde alguna persona famosa toma las riendas de la cuenta de un negocio o empresa buscando mayor difusión y frescura para la segunda. Por otro lado, aunque hasta cierto punto en sincronía con el primer caso, están los proyectos culturales cuyas cuentas de Instagram devienen en espacios colectivos que recopilan las experiencias de distintos agentes, especialmente artistas que utilizan las plataformas para mostrar su trabajo por un periodo delimitado de tiempo. Ahora más que nunca, con las adversidades que ha traído consigo la pandemia, el takeover ha significado una herramienta importante para el trabajo de la comunidad artística en plataformas digitales, permitiendo que se desarrollen proyectos alternos de un carácter heterogéneo difícil de obtener en redes sociales.

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Gregory Peck en el cartel de Matar a un ruiseñor

A la búsqueda del buen padre

“Sabe, Sra. Buckman, se necesita sacar una licencia para comprar un perro. Se necesita sacar una licencia para manejar un carro. Diablos, se necesita sacar una licencia incluso para pescar. Pero dejan a cualquier pendejo ser padre”. Esta frase de Todo en la familia (Ron Howard, 1989) ejemplifica uno de los clichés más populares del cine: el mal padre. En efecto, si la bondad materna se da por sentada (y cualquier comportamiento fuera del ideal inspira cuentos terroríficos), la paternidad se suele asociar con la ausencia, el maltrato o la ineptitud. Sin embargo, contamos con algún buen padre que, además de ayudar a sus hijos, nos ofrecen una alternativa a la masculinidad más tóxica.

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Ríos – Microrrelatos de Joaquín Filio

Por traer flores a casa

Perdonadme, guerras lejanas (…)

W.S.

Mi madre murió bajo una guirnalda de flores poco antes de cumplir los cuarenta. En homenaje a la abuela dejó que las margaritas invadieran su cuerpo. Tomaron a los pulmones por pradera, entre espasmos de aire, haciendo de la radiografía última viñetas paisajistas. Durante los años finales mi padre ejerció la locura. Lo encerraron en un cuarto incierto, bajo el insomnio de los antidepresivos. Decía que encontró en las flores un camino  hacia su infancia y de tanto repetirlo se internó al jardín oscuro de la demencia. Yo muy joven sembré un ciprés en mi cabeza y no me atreví a bajar de nuevo. Ahora espero, marchito, a que el otoño vuelva infalible con sus ventiscas y escándalos y carnavales a la habitación  veintitrés del Hospital Santa Rosa pabellón de oncología, a presenciar el infértil pero bondadoso acto de la fotosíntesis.

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Apuntes sobre la soledad

Algunos apuntes sobre la soledad y el silencio

Ilustración de Carlos Gaytan

He decidido guardar silencio por la mayor cantidad de tiempo posible. He decidido estar solo en la mayor extensión de espacio posible. Pero mis palabras encuentran, casi por sí mismas, el eco despersonalizado de Instagram, Facebook, Twitter, TikTok, Youtube, y mi cuerpo se desborda, con un poco de ayuda, hacia el catálogo de personas de Tinder, Badoo, Happn, Bumble, Grindr. Actualmente, uno no puede estar ni callado ni en soledad por mucho tiempo. Es la condena del ruido perpetuo, la condena de la compañía incesante.