Categoría: Creación literaria

Creación literaria. Narrativa, poesía, minificción y otros híbridos.

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No todos los conejos son inocentes – Cuento de Montserrat Barrientos Pérez

Traía puesto un vestido negro que me llegaba a las rodillas. Hacía frío y la neblina tapaba mi visión. Desperté a tres o cuatro metros de un río, no sabía qué hacía ahí, así que decidí seguir la corriente. Me paré y sacudí mi ropa sucia por la tierra.

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El trago espirituoso – Cuento de Alberto Férrera

Macario Canizales de la Virgen es un santo popular de El Salvador, Sonsonate Izalco, mejor conocido por la tradición como un indígena curandero al que los habitantes adjudican varios eventos milagrosos. Cada año se visita su tumba y se le realizan rituales para invocar su protección a cambio de un poco de guaro.

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Cocina – Poemas de Dante Vázquez M.

Vivimos en un mundo material, y sólo somos capaces 
de comprender lo que se ofrece visiblemente a nuestros sentidos. 

Stefan Zweig

I

Sus letras 
simbolizan la nostalgia 
del café de olla 
que preparaba la abuela, 
la seguridad 
del plato de frijoles negros
en la mesa, 
la alegría de nuestra madre
al enseñarnos
a freír un huevo en el sartén. 

Condimentar la vida se aprende. 
Oler el paso del tiempo se hereda. 
Capear la tristeza se aprende.
Inventar la lista del yo se hereda.  
Nosotros sazonamos los días.  
Adobar la voz interior nutre el ser.

La chispa de los rituales aviva 
fuego del corazón de toda historia. 

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Biomagnetismo – Cuento de Ana Torres

Por fuera la casa parece abandonada. Es una casita descuidada en una colonia que jamás había visitado. Ni mi mamá ni yo queríamos asistir a la cita, pero nos sentimos comprometidas. No pudimos decir que no, la cita la arregló mi tía, la favorita, la que ha estado pegadita a nosotras desde el diagnóstico. Me quiere ayudar. Nunca he creído en estas movidas, pero tal vez sea el momento de intentarlo. De alguna forma, el diagnóstico me pone en el dilema de intentar cambiar no sé qué, algo. Tal vez ese algo sea creer en remedios alternativos, y quizá sí creo, el proceso se me haga más sencillo. Mi tía cree en muchas cosas, su fe es diversa y dispersa. No siempre es devota a las mismas cosas y constantemente tiene una nueva rama en la cual experimentar.

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Ukiyo (la magia del instante) – Poema de Rosa Martínez Guarinos

Cuentan que las flores blancas de sakura
se tiñeron con sangre
en incontables primaveras,
que a orillas del Kamo los amantes
compiten en la dulce crueldad del seppuku
y que de sus labios nacen
hebras de seda y miel.
Cuentan que en yozakura
los espíritus del amor
escapan de sus conchas oceánicas
y acuden a lugares remotos,
llevando en sus brazos de viento
los ecos del origen.

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El niño interior – Cuento de Edis Namar

Did you exchange
a walk-on in the war
for a leading role in a cage?

R.Waters y D. Gilmour

Prólogo

Era el remanente de un sueño de los últimos días: como de seis años, enclenque, con sus manitas de ventrílocuo, de estatura más baja que todos los niños, parado frente a una mesa con una jaula cubierta de un retazo de tela negra; una concurrencia expectante en un jardín iluminado por un sol cálido; una vocecita que dice: «Abracadabra, que aparezca un pájaro». Silencio. Por algún motivo, no descubre la jaula. Un hombre grita desde el público: «Navarro, eres un imbécil; eso ni siquiera rima; por eso, no te salió el truco». Y aunque él y su nariz afilada lo exasperaba, eso era lo de menos. El niño hubiera despojado la tela de no ser por el pavor que, de súbito, se esparció por su cuerpo. Sin una secuencia intermedia, como si hubiera desunido sus átomos hasta aparecerse enfrente de la mesa en sus contornos de Nosferatu, el hombre empujó al niño y quitó el retazo de la jaula: una cabeza se encontraba tras las rejas. «Te dije, Navarro, eres un tarado; apareciste otra cosa». Mientras que el niño reconocía de quién era la cabeza, de ésta salía expulsado el ojo izquierdo.

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A la orilla de la muerte – Cuento de Fernanda Andablo

La perdí una vez y para siempre. No pude rescatarla. Todavía veo su rostro al cerrar los ojos: su sonrisa parecía aceptar su destino sin remordimiento alguno, pero sus ojos eran una súplica. Yo, más que nadie más, había ignorado todas las señales. O no. No las había ignorado, sino confundido. Nadie sabía el dolor de verla desaparecer en las profundidades. ¡Un suicidio! Qué idea tan más descabellada. Ella no se había suicidado. Luchó hasta el último segundo.