Etiqueta: Literatura Mexicana

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Las lágrimas del Perro || Cuento de Melissa Tarabay

Picar la sal de mar es casi imposible, como salpicar a alguien con las lágrimas de sus cicatrices. El llanto, casi perdido, le grita desde su interior que ejecute alguna acción para poder vaciar aquel contenedor que lleva años intentando, por sí solo, vencer la entrada de cualquier cavidad y orificio que le permita tener algo de oxígeno. Pero no se puede, ninguna lágrima ha podido resbalar de sus mejillas. Se vuelven brisa antes de salir a la luz, difuminándose lentamente como si se avergonzaran de existir.

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Destiempo || Ensayo creativo de Delmar Penka

08:34:10 am
Lunes de cualquier semana

Todos los días se comienza algo distinto, aun cuando la monotonía invada nuestro espacio. Despertamos con la aparente sensación de que nada ha cambiado: los libros siguen en el mismo lugar, la ropa sucia se acumula cada vez más y los pájaros de siempre picotean la ventana. A simple vista las cosas permanecen intactas, pero algo pasa desapercibido: las partículas de polvo que se amontonan en la superficie de los muebles. Al darte cuenta te levantas de la cama, acercas la boca y soplas el polvo apenas visible, se expande por toda la habitación. Caminas hacia el espejo, te miras y descubres que una nueva arruga atavía tus párpados. Hay algo distinto de ti.

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Hombre sordo || Cuento de Joan Malinalli

Otra vez, en la clandestinidad, los ecos. Allí van, en calma, prófugos. No están precisamente ausentes, pues, de ser así, no serían ecos clandestinos que avanzan prófugos y en calma; sin embargo, es imposible mirarlos a simple vista. Daniel usa lentes pero es incapaz de verlos. Y yo que no uso lentes y tengo la vista sana, a veces, soy incapaz también. La clave está en que la capacidad se desarrolla con el sentido del oído, pero soy sordo. Y Daniel, él no es sordo pero es lo suficientemente despistado como para darse cuenta de que los ecos están allí.

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Carta a la distancia

Estoy lejos de México. No tuve que cruzar ningún océano pero sí tomar un avión por varias horas. Desde hace unas semanas, estoy en un lugar donde el otoño es de verdad y los árboles han comenzado a colorearse de amarillo, rojo y guinda. Todo era maravilloso, no había tenido nostalgia de la casa hasta el día de ayer, cuando dormí con una sonrisa en el rostro después de la gran noticia que las hermanas oaxaqueñas lograron para todas las mujeres mexicanas. Me sentía tan lejos de ese logro, quería ir con alguien y abrazarla para poder mirarnos y decirnos «Es posible».

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Fronteras literarias

Cuando no hay fronteras, me las traen. Aunque no quiera.

Max Aub, Enero en Cuba

¿Podemos establecer límites arbitrarios que permitan diferenciar un concepto de otro? ¿Es posible dividir las cosas? La practicidad a la que nos ha condenado el modo de vida occidental nos hace creer que el espacio físico en donde nacemos, crecemos y morimos es el primero en estar delimitado por líneas imaginarias que el Estado, como ente todopoderoso, estableció. Sin embargo, el concepto de frontera no sólo puede ser usado en favor de intereses nacionales; las artes y las humanidades han conseguido trascender las expresiones sociales para colocar al concepto fuera de los confines mundanos. Una frontera, entonces, no es un lugar, sino el proceso a través del cual una cosa deja de ser lo que es para convertirse en una completamente distinta. Aquí un recuento de tres fronteras en la literatura que fueron exploradas excepcionalmente por varios autores.

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Escribir con las amigas

Había escuchado de Julia muchas veces en la Facultad pero jamás había tenido la oportunidad de cruzármela de frente hasta que compartimos la clase de Historiografía. Sin embargo, me sentía intimidada por la admiración que siempre he profesado a la manera en la que ha vivido el feminismo y su brillante análisis literario. Así que hablamos muy pocas veces hasta que el último día nos quedamos a platicar una hora después de que la maestra nos dejó plantadas.