Febrero 9, 2023 – Cuento de Judith Valeria Trujillo Morales

No quiero envejecer, pero sin duda es un proceso inevitable. Temo envejecer superficialmente porque me hace dar cuenta de que no puedo hacer borradores de mi vida una y otra vez, comenzando como si tuviera veinte. Siempre ha sido mi más grande miedo y mi fin autoprogramado está llegando.

Medio siglo respirando y mi trascendencia no es más que una peste que infecta todo lo que toca. Flores, pobres de ellas.

¿Mi debilidad? Las flores. Solía cortar flores del campo por parecerme lindas, pero una vez que estaban en mis manos su belleza se esfumaba cual polvo en el viento. Cansado de cortar flores del campo y algunas de camellones citadinos, encontré una orquídea sobre un extraño árbol.

Traté de subir como pude, se me cayeron las uñas y mi abdomen sufría los estragos de los rasguños provocados por la corteza de aquel árbol. Finalmente logré alcanzar esa mata de orquídea y la llevé a casa. Adornaba espléndidamente mi desordenado hogar. La procuré las primeras semanas, pero eventualmente se fue secando por falta de cuidado. Ya no floreaba y la saqué a la calle.

Solía tener también un arbusto de gardenias bello y frágil. Un día arranqué de la manera más cruel sus flores y se marchitó. Creí que volvería a retoñar de todas formas. No fue así. Así que la tiré a la basura.

Compré mi propio campo para cortar flores. Volví a cortar flores del campo, siempre fue mi pasión. Sin embargo, mi falta de cuidado hizo que paulatinamente se secara hasta ni siquiera dejar semillas para sembrar más flores.

En una vuelta al mercado, compré una rosa en un frasco con cera. ¡Qué bien! Por fin algo bueno y duradero me sucedía, lo mejor era que no me necesitaba. Aunque conforme pasaba el tiempo, me daba cuenta de que si mi flor no necesitaba de mí, entonces nadie me consideraba importante en su vida.

Sé que esa flor está muerta y que se podrirá fugazmente una vez que la saqué de la cera.

Muerte. Inevitable, definitivamente. Si tan sólo hubiera atendido a mis flores, al menos estarían fieles y vivas al pie de mi féretro, pero por ahora sólo está esa rosa en cera arrumbada en la esquina de la habitación, tan muerta como yo.


Autora: Judith Valeria Trujillo Morales (Ciudad de México, 2001). Estudiante de Letras Inglesas en la Universidad Nacional Autónoma de México e intérprete, amante de la lingüística con aspiraciones de convertirse en traductora. En sus noches de insomnio tiene el placer culposo de crear textos catárticos por y para sí misma, aunque de vez en cuando para los demás.