Etiqueta: Literatura Mexicana

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Los Narutos de Schalper – Ensayo de Steff Cárdenas

A propósito de mis casi treinta años, el otro día mientras veía el catálogo del sistema de streaming me di cuenta que últimamente se ha apostado mucho por la animación japonesa, lo cual me hace sinceramente feliz. Fui de la generación que creció viendo Caballeros del Zodiaco, Súper Campeones y La Visión de Escaflowne, sólo por un canal, y si alternabas a la competencia daban Ranma ½, Dragón Ball y Pokemón. Allá por los 90 las televisoras tenían una inclinación por el entretenimiento asiático y era el paraíso, aunque —a riesgo a que me escuche igual que mis tíos de mayor edad— ya nada es como antes. Sin embargo, por aquellos años, recuerdo muy nítidamente cómo las amistades de mi mamá (y algunos familiares) trataban de convencerla de que Pikachu era el diablo disfrazado de amarillo, que Ranma ½ me haría homosexual (nada tuvo que ver) y que las letras de los opening de Inuyasha —que me sabía en español y japonés— eran una forma de adorar a Satán; todo esto desembocó en una cacería de brujas en mi propia casa. Todos mis pokemones (los 150 originales) desaparecieron, mis tres decks originales de Yu-Gi-Oh! (incluyendo el de Kaiba y la rarísima —en realidad era bastante común, pero en la serie mencionaban que sólo había tres en todo el mundo— carta de Dragón blanco de ojos azules) y mi beyblade de Kai Hiwatari (con todo bestia bit) tuvieron la misma suerte. Hubo drama, llanto y enojos, me castigaron por desafiar a la autoridad, y terminé por desarrollar un hábito de ahorro para comprar mis cosas.

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Épica de la semilla || Poema de Diana del Ángel

Ilustración de Paulina Bejos

Lo que sobra es tiempo, me dije,
debajo de estas múltiples capas
de firmes células palisades y protector ácido palmítico;
al resguardo del pretoriano aceite de colza
ningún hongo me aquejará, lo sabía.
Si alguna bacteria lo intentó,
se perdió en el microscópico laberinto
del escolta pericarpio que me envuelve.
Soy una fortaleza minúscula, pero infranqueable.
Tiempo es lo que me sobra, me dije. 
El Holoceno apenas comenzaba.

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Las lágrimas del Perro || Cuento de Melissa Tarabay

Picar la sal de mar es casi imposible, como salpicar a alguien con las lágrimas de sus cicatrices. El llanto, casi perdido, le grita desde su interior que ejecute alguna acción para poder vaciar aquel contenedor que lleva años intentando, por sí solo, vencer la entrada de cualquier cavidad y orificio que le permita tener algo de oxígeno. Pero no se puede, ninguna lágrima ha podido resbalar de sus mejillas. Se vuelven brisa antes de salir a la luz, difuminándose lentamente como si se avergonzaran de existir.