Autor: Martha Vidal-Guirao

Escribiendo estas palabras desde San Petersburgo, Rusia. Escritora y actriz en potencia; a la espera de sacar un best seller, escribo sobre cine y mujeres.
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La ¿empoderada? mujer fatal

No hace falta mucho para crear una película de cine negro: un cínico detective, una trama de asesinatos y corrupción… Y, por supuesto, la femme fatale, esa mujer peligrosamente atractiva que llevará al héroe a la desgracia. Lauren Bacall, Mary Astor, Barbara Stanwyck o Lana Turner son algunos de los nombres que nos vienen en la cabeza cuando se menciona este icono, repetido e interpretado hasta nuestros días. A pesar de las numerosas interpretaciones de esta figura, el debate sigue sin respuesta: ¿debemos verla como un icono feminista o más bien como una muestra de la misoginia de su momento?

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¡No tiene gracia!

“Todo es divertido siempre y cuando le esté pasando a otro”. Esta frase de uno de los reyes de la comedia, Will Rogers, resume a la perfección la esencia del género: las desgracias ajenas, bien ejecutadas, siempre han asegurado las risas del público. Por supuesto, las cosas han cambiado un poco desde aquellos primeros gags de fuerte influencia teatral con música clásica de fondo. La introducción del sonido fue todo un punto de inflexión que permitió hacer un humor más sutil y con más matices. Así, a la comedia clásica le aparecieron varios subgéneros, tales como la parodia o la comedia romántica. Ahora bien, por más lejanas que nos puedan parecer las películas de Charles Chaplin o de Buster Keaton, el cine moderno les debe muchísimo, más aún por ser fuente de inspiración para muchas comedias actuales. ¿Por qué acabó la era de la comedia muda? ¿Podríamos afirmar que es, en algunos sentidos, más actual que algunos filmes posteriores? Adentrémonos en la historia de la comedia en Hollywood.

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Metacine: cuando Hollywood habla sobre sí mismo

Del mismo modo que el que quiera aprender sobre literatura deberá leer libros, la tarea del cinéfilo no puede entenderse sin el visionado de películas. En definitiva, por más manuales que se hayan escrito, normalmente las mejores lecciones de cine no requieren siquiera apartar la vista de la pantalla. En los cincuenta, musicales emblemáticos como Cantando bajo la lluvia (1952, Gene Kelly y Stanley Donen) expusieron el problema del paso del cine mudo al sonoro. En la última década, biopics como Hitchcock (2012, Sacha Gervasi) o Trumbo (2015, Jay Roach), o la comedia ¡Salve, César! (2016, Ethan y Joel Coen), han acercado al público actual al sistema de estudios del viejo Hollywood. Y es que, ya desde su nacimiento, el cine ha necesitado hablar sobre cine.

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Cómo acabar con el cine de mujeres

“Las mujeres llevan haciendo cine desde hace más de cien años, pero cuando mueren sus esquelas son muy pequeñas.” Con estas acertadas palabras habla Tilda Swinton sobre la ya conocida ignorancia a las cineastas femeninas en la industria; a la vista están las estadísticas. Según el último informe de The Celluloid Ceiling, llevado a cabo por la Doctora Martha Lauzan, ocupan  apenas un 20% de los cargos detrás de las cámaras de una película. Además, solo en 1% de las películas analizadas hay más de diez mujeres en el equipo técnico; en el caso contrario (más de diez hombres en el equipo) la cifra se eleva al 74%. En lo que a reconocimientos se refiere, Katheryn Bigelow es la única directora que ostenta un Oscar por su trabajo. Algunos argumentarán que esta evidente desigualdad se debe a la tardía incorporación de la mujer a esta industria, y que, tras unos años, su posición será equiparable a la de los hombres. Quizá no saben que las mujeres han participado activamente en el cine desde sus orígenes, no solo como actrices, sino como técnicas. Muchas de ellas han sido figuras clave en el desarrollo del séptimo arte, y, aun así, no son valoradas al mismo nivel que sus equivalentes masculinos. ¿A qué se debe esta falta de reconocimiento?

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¿Libertad o decencia? Del Pre-Code a la censura

En la película ¡Salve, César! (2016, Ethan y Joel Coen), el director de un estudio de cine se reúne con varios líderes religiosos para discutir la representación de Cristo en su próxima gran producción. Quiere así asegurarse de que no resulte ofensiva para ninguna fe y, por lo tanto, evitar la censura. Aunque la escena está pensada a modo de parodia, es sin duda un buen ejemplo para acercarse al sistema de estudio en el Hollywood clásico, donde las películas que no se ciñeran a las normas eran susceptibles de ser censuradas. No obstante, esto no es aplicable a toda la edad dorada. Hay un breve período entre 1929 (auge del cine sonoro) y 1934 (implantación del Código Hays de conducta) durante el cual las producciones destacaron por su carácter subversivo y por presentar argumentos que, posteriormente, serían motivo de censura (sexo extramatrimonial, mestizaje, homosexualidad, entre otros). Esta época, el Pre-Code, ha pasado a la historia como una de las más liberales del cine clásico. ¿Por qué acabó de manera tan abrupta? ¿Antes del Código Hays no había censura en el séptimo arte?

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Sobre rojos y amazonas

Los años 50 son, sin duda, la edad de oro de la ciencia ficción en el cine. Después de explotar hasta la saciedad el cine de monstruos durante los 30 y los 40, Hollywood necesitaba una nueva amenaza. La postguerra y sus consecuencias, tales como el desarrollo de las armas nucleares, el apogeo de la URSS y la progresiva emancipación femenina provocaron una sensación de inseguridad en el hombre estadounidense medio. La ciencia ficción, que logró dar forma a estas preocupaciones y, mediante mensajes anticomunistas y misóginos, aseguraba acabar con ellas, se erigió como el nuevo género de moda. El mensaje era claro: a pesar de los cambios sociales que ponían en peligro el estilo de vida estadounidense, el país se mantendría firme por preservar el statu quo.

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Terror: ellas sobreviven

El terror es el género cinematográfico en el que las mujeres están más tiempo en pantalla (53%) por encima del romántico y la comedia. No es de extrañar, pues son ellas las protagonistas de muchas películas de miedo, especialmente de los slasher, donde la final girl sobrevive al asesino. ¿Las convierte esto en historias feministas? No necesariamente. La posición “privilegiada” de la mujer en el cine de terror se debe a los roles de género tradicionales, donde ellas son objeto de interés sexual, y ellos, de violencia. Algunos autores hablan de prescindibilidad masculina, según la cual la muerte de una mujer siempre impactará más al público que la de un hombre. Así, quien consigue sobrevivir es siempre la chica de carácter dulce y cándido (que paradójicamente, también es el objeto de interés sexual del antagonista). Esta idea, por supuesto, es anterior a la cinematografía y se remonta al siglo XIX, con la novela gótica. En este artículo propongo un viaje desde los primeros cortometrajes hasta la actualidad para descubrir la evolución del terror y de sus protagonistas.

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Construyendo a la flapper

En esta columna ya se ha hablado del nacimiento de las flappers, uno de los arquetipos más conocidos del cine mudo, a mediados de los años 20. Ahora bien, ¿ocurrió esto de la noche a la mañana? En absoluto. Si no hubiera sido por los cambios culturales y sociales que tuvieron lugar durante la década anterior, habría sido imposible que apareciera una figura así.

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El test de Bechdel: 4 películas que replantean el papel de la mujer

En 1985, Alison Bechdel publicó una tira de su cómic Dykes to watch out for (Unas lesbianas de cuidado) llamada La norma. En esta, uno de los personajes afirma lo siguiente: solo ve una película si muestra al menos dos mujeres capaces de hablar entre ellas sobre algún tema que no sean los hombres.

Esta “norma” ha sido recuperada tras los años, hasta el punto de ganarse un nombre propio: el test de Bechdel. A día de hoy, es usado para determinar la importancia de los personajes femeninos en cualquier historia. Quizá su mérito radica en su aparente simplicidad. Son tantas las historias que no pasan la prueba que ha conseguido poner en cuestión el papel reservado a la mujer en la ficción.