Categoría: Morarte

Los museos, así como otros espacios expositivos, tienen una incidencia considerable al construir la realidad, debido a que es ahí donde habita el arte y a través de ellos puede generar un diálogo con el público que lo experimenta.

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“Somos casa, somos jardín” y las flores de mayo 

Fotografía cortesía de Servidor Local

Recientemente, mi amigo Pedro me hizo un tatuaje de una flor que es un dibujo de Antonia Alarcón. Esta flor, en realidad, representa una planta que Antonia cuidaba y que, además de vivir en papeles y en mi pierna, vive en una de sus piezas textiles. Esa canija flor: criatura memorable. Meses atrás me había topado con Pedro y con Antonia en un evento de Tlacopac14 y había concebido la realización de este tatuaje, pero al final no me lo hice en ese momento debido a que traía el corazón roto, la mente nublada y las cuentas inestables. Llevar a cabo el tatuaje la semana pasada significó una pequeña celebración de saberme en otro lugar, uno que si bien no podría juzgar como mejor, sí puedo apreciar como más florido y eso para mí es suficiente.

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Memes de @memes_artsy

Algunas veces, siempre de forma sorpresiva, se cuela algo relacionado con el haaArrteeE en las no-predilectas conversaciones de sobremesa. Esto me resulta particularmente incómodo, poco a poco empiezo a sentir cómo los ojos saltones me buscan porque, claro, al ser historiadora del arte transicionando a artista, se espera que yo tenga algo que decir. Algo que, además, resulte digerible, afirmativo, clarificante. Las personas buscan respuestas alrededor de una máquina que sólo arroja preguntas.

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Juegos de niñxs

En la Ciudad de México lxs niñxs cada vez juegan menos en el espacio público. Yo me entero de esto cuando escucho las historias de juegos callejeros como las canicas, el bote pateado, el saltar la cuerda. El contexto urbano restringe el libre desarrollo de actividades lúdicas, establece zonas que dictan los límites del juego y castiga la transgresión de estos contornos. ¿Qué pasa si no jugamos? ¿Qué pasa si no miramos jugar? ¿Qué sucede si olvidamos que el juego es parte de nosotrxs? Como mínimo vivimos una vida muy triste y aburrida. 

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Ojos en almendra por círculos y puntos

Comúnmente, al contar historias narramos nuestras experiencias a través de la idea de lo temporal. Exposición, desarrollo, clímax, desenlace, final; reiteradamente, se nos ha enseñado que las cosas acontecen en el tiempo. Esta idea, si bien resulta conveniente y potencialmente profunda e interesante, suele conllevar al menos una trampa cuando se asume como lo habitual. El engaño tiene que ver con lo otro que se relega cuando reposamos toda la atención en el eje temporal de la vida, aquella línea que atraviesa a todas las historias: el espacio. El espacio no es sólo el ambiente dentro del cual las cosas se llevan a cabo, sino que es la materialidad misma: los cuerpos que forman las historias. 

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Fabulaciones de lo suntuoso. Introducción y capítulo I

Introducción

Recuerdo una ocasión en clase de arte novohispano, durante la carrera de Historia del Arte, en la que se sugirió como trabajo final desarrollar un guion curatorial para una exposición simulada. Un juego, pues. Las reglas eran que debíamos utilizar piezas de la colección del Museo Franz Mayer (CDMX) y buscar un hilo curatorial que resultara “relevante”. En su momento, yo planteé la idea de una exposición que reuniera piezas cuyas técnicas se vincularan con el maltrato animal. Asimismo, presentaba al final del recorrido información sobre la relación que actualmente los humanos tenemos con las especies afectadas para la creación de las piezas expuestas. La propuesta, pues, giraba en torno a qué tanto son prácticas aún vigentes. 

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La famosa grieta

There is a crack, a crack in everything
That’s how the light gets in.

Leonard Cohen

Muchas veces he descrito el sentirme enamorada como estar dividida. Amar ha significado para mí la experiencia de una fractura o una bifurcación de mí misma entre el adentro y el afuera. En el acto amoroso algo definitivamente se abre —una puerta, los poros, la boca— para dejar entrar a otro y para volcarse hacia el exterior. Pero, pensándolo bien, el amor no hace nada más que mostrarnos una grieta. Es decir, que nos encara irreverentemente con la «incompletud», la propia y la de todo lo demás. Es a través de estas fisuras que se posibilitan actos como la expansión, el dolor y la transfiguración. Me imagino que esta apertura puede ser la famosa grieta, aquella de la que habló Leonard Cohen y, probablemente, todos los poetas del mundo. 

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“Ras7ros y Síntomas”: la resiliencia desde el takeover

He visto aparecer la dinámica del takeover de cuentas de Instagram en dos contextos distintos. El primero es una estrategia de marketing donde alguna persona famosa toma las riendas de la cuenta de un negocio o empresa buscando mayor difusión y frescura para la segunda. Por otro lado, aunque hasta cierto punto en sincronía con el primer caso, están los proyectos culturales cuyas cuentas de Instagram devienen en espacios colectivos que recopilan las experiencias de distintos agentes, especialmente artistas que utilizan las plataformas para mostrar su trabajo por un periodo delimitado de tiempo. Ahora más que nunca, con las adversidades que ha traído consigo la pandemia, el takeover ha significado una herramienta importante para el trabajo de la comunidad artística en plataformas digitales, permitiendo que se desarrollen proyectos alternos de un carácter heterogéneo difícil de obtener en redes sociales.

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Sobre las bondades de lo acotado

Siempre he encontrado consuelo en la idea de que al delimitar algo, lo que sea, nos enfrentamos ante una potente inmensidad. Pienso al decir esto en los juegos infantiles, en donde basta con establecer algunas reglas básicas para que la actividad se desarrolle libremente, junto con efectos y afectos muchas veces inesperados. Se me ocurre también el ejemplo de la danza, específicamente el de aquellas manifestaciones dancísticas que surgen de contextos precarizados, como lo son el flamenco o el tap. En estos casos, el espacio reducido, la ausencia de instrumentos y la marginalización sociopolítica empujaron al cuerpo a una experimentación con movimientos condensados, tornando la corporalidad misma del danzante en la percusión que le marca el ritmo. Los límites pueden hilarse con la expresión de algo infinito.

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«Dulce Espina»: hacia una nueva fortuna

I wish you thorns.

Alicia Valladares

Personalmente, nunca dejo pasar la oportunidad de desplazarme por debajo de una escalera. No lo hago buscando desmentir la superstición, sino al contrario: me gusta hacerlo por el rush que trae la posibilidad de que algo suceda. Más allá de la buena o mala suerte, me gusta sentirme capaz de vivir experiencias cargadas de cierto augurio como momentos que pueden propiciar algún cambio en el transcurso de las cosas. Me refiero a una especie de aprovechamiento de energía mágica y de un posterior ejercicio de reinterpretación. Considero que prácticas de resignificación similares las llevamos a cabo todo el tiempo, muchas veces sin siquiera notarlas; como, por ejemplo, al usar un medallón de la Virgen de Guadalupe, regalo de una abuela, o incluso en algo tan cotidiano como juntarse a cocinar con amigas. Estos ejercicios aparecen también una y otra vez en el quehacer artístico de la actualidad.

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«Neologías Artificiales»: Co-exposición de aprendizaje máquina en las artes

Cuando, sea cual sea el motivo, me siento ajena al discurso que se plantea en una exposición de arte, suelo recurrir a herramientas que, con la práctica, he desarrollado para defender mi incomprensión. En ocasiones, decido no leer ninguna de las hoja de sala que se me presenta y no tardo en calificarlas, indignada, de pretenciosas y/o viciadas. Opto entonces por recorrer el espacio a mi gusto y busco formar mi propia experiencia estética al encontrarme con las obras que me resultan más atractivas. Cuando, a pesar de mis esfuerzos, la sensación de desasosiego continúa ganando, siempre queda un as bajo la manga: disimular y fingir. Entonces, me muestro interesada y recorro el espacio lo más rápido posible intentando no romper la ilusión de que sé lo que hago allí. Esto es el caso del enfrentamiento con muestras en espacios expositivos “convencionales”, pero las reglas del juego se ven fuertemente alteradas cuando me encuentro en un sitio alterno, por ejemplo: un espacio virtual.