Categoría: Literatura

Reseñas y recomendaciones de libros, reflexiones alrededor de un autor y su obra, lanzamientos de libros.

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El reflejo – Microrrelato de Roberto Aguilar

En el afán de tener control sobre cada cosa en su vida, Javier planificaba a detalle cada actividad por realizar, había presupuestado cada segundo con el fin de lograr cada uno de sus muchos objetivos: estudios, trabajo, deporte, incluso el tiempo con los amigos y pareja, los cuales estaría por conocer según su agenda. Cada día revisaba nuevamente lo decidido y, dependiendo de sus nuevos intereses, cambiaba ligeramente su plan de vida. Nunca estaba conforme, pues había demasiado que hacer y el tiempo era limitado, por lo tanto, todo debía encajar a la perfección.

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Salvoconductos hacia las primaveras (selección) – Poemas de Marian Raméntol

Siete oscuridades pegada a ti

Una mano sostiene el examen del agua
durante siete suicidios sin estornudar.

Con una margarita muerta en el ojal,
los altares vomitan sus policromías,
y abofetean la infancia,
los rezos impúberes y la comunión del frío.

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“Cuarto con tina” de Helène Rioux: retrato ecléctico de una mujer moderna

“Aquella mañana, me asqueé del hermoso Philippe en el bonito departamento”. La primera página de Cuarto con tina (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2022) es contundente; en apenas unas líneas, la escritora quebequesa Helène Rioux logra presentarnos a la protagonista de su historia, Éléonore, y sumergirnos de lleno en la complejidad de su hartazgo. ¿O quizá el conflicto va más allá? La Editorial Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) nos trae una novela donde nada es lo que parece, un libro que juega con los géneros y el lenguaje, todo ello perfectamente trasladado al español por Roberto Rueda Monrea, quien apuesta por una traducción fresca, moderna y cercana.

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Ser mujer en la escritura de Elena Ferrante: Olga en “Los días del abandono”

No hay reproducción técnica que hasta ahora haya podido superar el espejo y los sueños.

Elena Ferrante

No es que crea que Los días del abandono (Lumen, 2002) sea el mejor libro de Elena Ferrante, ni tampoco el que más expone sus recursos literarios. Más bien mi gusto por esa obra recae en algo más personal: fue el primer libro que leí de ella, y me llevaría después a conocer toda su trayectoria literaria. El impacto en mí luego de haber leído Los días del abandono cruzando las incertidumbres de la pre-pubertad fue al parecer reformador. Entre mi esclavitud por las letras y la curiosidad por el proceso de mi feminidad, Ferrante es una de las escritoras que siempre encamina mi gusto hacia una literatura marcada por el empoderamiento del divino femenino. Leerla me incita a una búsqueda de la intimidad, marcando una clara inclinación por ser una mujer más real que bella; asimismo, me provoca una constante discusión con toda la normatividad estética que socialmente se nos impone a las mujeres, empezando por entender que Olga (personaje principal en Los días del abandono) “pensaba en la belleza como en un esfuerzo constante de eliminación de la corporalidad. Quería que amase mi cuerpo, pero olvidándose de lo que se sabe de los cuerpos. La belleza, pensaba angustiada, es ese olvido. O quizá no”.

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El vertedero y unos tankas – Poemas de Marcela Chávez

El vertedero

Hurgo un rato en memorias viejas
para entrever un par de mis historias
En ocasiones como ésta 
entiendo que acostumbro a olvidar
millares de cosas pequeñas
Nada nuevo
Mi memoria es masoquista, avanza con egoísmo
y elimina los recuerdos de mi ojo malo:
una hilera de caminos dispares
las paredes pintadas de los baños
las huellas en la arena de la arena del mar
mi confesionario hecho hace tres años
Borradas se desvanecen en el pantano
del pasado
Es mi memoria selectiva, memoria injusta
como si conformaran una pila insignificante los días
Hasta que en ratos así hurgo
y descubro un par de recuerdos pequeños
cosas valiosas

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RCA – Minificción de Raúl Mendoza Mandujano

Hubo saetas infernales cayendo en el desierto-ciudad. Televisión apagada por luz eléctrica agonizante dejó entrar la calle que tosía en sueños adansonias. Eran eones de tubos fluorescentes en el panel del filtro-firmamento. Los reflectores colonizaban a Venus con fuegos artificiales de su eterna primavera. Marte estuvo en invierno desde el control remoto. Su orbe moribundo agonizó todavía más por el gran apagón. Tenía voces-bocina en cada mota de polvo, pero sin cuerpo. Antiguas civilizaciones que jamás nacieron lloriqueaban desde otra programación ausente. Ríos de diamantes sin cielo lastimarían a los gigantes gaseosos del filtro de color. Océanos de cobre torturaban una clavija de continentes etéreos. Habían olvidado la guerra con los mundos tectónicos del cañón de electrones. Ojos de araña miraban al sistema planetario recién apagado. Lo organizaron con la ley del eterno retorno. El botón de encendido entre sus dedos apuntaría al hermano del sol, ser LCD funesto, para que se repitiera:

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Tres cuentos para un relato – De Duncan Axel P. H.

No es tu nombre

No es tu nombre, no. No es tu nombre el que saborea mi lengua, carajo. Ni es tuya la piel que me penetra, no. Tampoco son tus labios ni es la voz la tuya cuando nos dejamos por fin en paz y llega el adiós sin atrevernos a mirar.

Fundidas las estrellas, sé que no estarás y aun así te busco. Una noche, eso fue todo, tal vez menos, un rato y nada más. ¿Cuál era tu nombre? ¿Cuál era tu maldito nombre, carajo? ¿Cómo pude olvidar tu nombre?

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Savia y sombra: entre la memoria y el olvido – Poemas Mario Benavides Fernández

Exilio

La infancia: aquella fue una edad mirífica,
de aromas inolvidables y dulces juegos,
al arrullo de una voz misteriosa
que desde el follaje nos llamaba al atardecer.
Nunca conocimos del todo aquel país,
pero la fragancia salutífera de los eucaliptos 
y aquel leve temblor de una brizna de hierba 
entre nuestros dedos infantiles,
nos conducían por azules senderos nocturnos, 
entre seres luminosos
de lentos párpados vegetales.
Después, nos dispersamos sobre la faz de la tierra.
En sus áridos caminos
nunca hallamos esa dulce vibración del viento 
entre la seda mágica hilada por árboles fragantes.
Voces. Sombras.
Huellas de una luz perfecta
extinguida hace mucho tiempo,
y el comienzo de una esperanza,
en el débil fulgor
de esa llama declinante
que se agita 
en el abismo de la memoria.