Categoría: Literatura

Reseñas y recomendaciones de libros, reflexiones alrededor de un autor y su obra, lanzamientos de libros.

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El vertedero y unos tankas – Poemas de Marcela Chávez

El vertedero

Hurgo un rato en memorias viejas
para entrever un par de mis historias
En ocasiones como ésta 
entiendo que acostumbro a olvidar
millares de cosas pequeñas
Nada nuevo
Mi memoria es masoquista, avanza con egoísmo
y elimina los recuerdos de mi ojo malo:
una hilera de caminos dispares
las paredes pintadas de los baños
las huellas en la arena de la arena del mar
mi confesionario hecho hace tres años
Borradas se desvanecen en el pantano
del pasado
Es mi memoria selectiva, memoria injusta
como si conformaran una pila insignificante los días
Hasta que en ratos así hurgo
y descubro un par de recuerdos pequeños
cosas valiosas

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RCA – Minificción de Raúl Mendoza Mandujano

Hubo saetas infernales cayendo en el desierto-ciudad. Televisión apagada por luz eléctrica agonizante dejó entrar la calle que tosía en sueños adansonias. Eran eones de tubos fluorescentes en el panel del filtro-firmamento. Los reflectores colonizaban a Venus con fuegos artificiales de su eterna primavera. Marte estuvo en invierno desde el control remoto. Su orbe moribundo agonizó todavía más por el gran apagón. Tenía voces-bocina en cada mota de polvo, pero sin cuerpo. Antiguas civilizaciones que jamás nacieron lloriqueaban desde otra programación ausente. Ríos de diamantes sin cielo lastimarían a los gigantes gaseosos del filtro de color. Océanos de cobre torturaban una clavija de continentes etéreos. Habían olvidado la guerra con los mundos tectónicos del cañón de electrones. Ojos de araña miraban al sistema planetario recién apagado. Lo organizaron con la ley del eterno retorno. El botón de encendido entre sus dedos apuntaría al hermano del sol, ser LCD funesto, para que se repitiera:

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Tres cuentos para un relato – De Duncan Axel P. H.

No es tu nombre

No es tu nombre, no. No es tu nombre el que saborea mi lengua, carajo. Ni es tuya la piel que me penetra, no. Tampoco son tus labios ni es la voz la tuya cuando nos dejamos por fin en paz y llega el adiós sin atrevernos a mirar.

Fundidas las estrellas, sé que no estarás y aun así te busco. Una noche, eso fue todo, tal vez menos, un rato y nada más. ¿Cuál era tu nombre? ¿Cuál era tu maldito nombre, carajo? ¿Cómo pude olvidar tu nombre?

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Savia y sombra: entre la memoria y el olvido – Poemas Mario Benavides Fernández

Exilio

La infancia: aquella fue una edad mirífica,
de aromas inolvidables y dulces juegos,
al arrullo de una voz misteriosa
que desde el follaje nos llamaba al atardecer.
Nunca conocimos del todo aquel país,
pero la fragancia salutífera de los eucaliptos 
y aquel leve temblor de una brizna de hierba 
entre nuestros dedos infantiles,
nos conducían por azules senderos nocturnos, 
entre seres luminosos
de lentos párpados vegetales.
Después, nos dispersamos sobre la faz de la tierra.
En sus áridos caminos
nunca hallamos esa dulce vibración del viento 
entre la seda mágica hilada por árboles fragantes.
Voces. Sombras.
Huellas de una luz perfecta
extinguida hace mucho tiempo,
y el comienzo de una esperanza,
en el débil fulgor
de esa llama declinante
que se agita 
en el abismo de la memoria.

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Yo soy mi casa: “Cerezas en París”, de Magali Velasco

Al decir casa pretendo
expresar
que casa suelo llamar
al refugio que yo entiendo
que el alma debe habitar.

Guadalupe Amor, Yo soy mi casa

“Entendí que yo era mi casa, mi adiós y mi bienvenida”, reza una de las primeras líneas incisivas de Cerezas en París (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2022), novela corta escrita por Magali Velasco. En efecto, es posible reconocer la búsqueda interpersonal de Montserrat Montero, la protagonista, que recae en la presencia del yo como recipiente de los acontecimientos narrados. Si la casa, en palabras de Pita Amor, es el refugio del alma, Magali Velasco nos ofrece en el libro no sólo el amparo de su personaje, sino también un refugio para el rompecabezas de la incompletitud humana encarnada en una voz femenina.

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Añoranza – Cuento de Leonorah Izher

Para Silvia:

Hace dos días, al fin crucé la frontera hacia Estados Unidos. El viento en extremo caluroso me asfixia y seca mi boca. Aún no puedo hallar recuerdos de la vida que adoraba, sin percatarme de ello. No ha pasado mucho tiempo, desde que sólo éramos dos niños de secundaria y me era impensable desistir de ti, de alejarme de la infinitud de tus manos que adorné con pulseras y anillos dorados… Aunque al verlas así, evidencié mis contrariedades, pues necio andaba en ataviar lo que ya poseía la máxima de las virtudes: la bondad de ofrecer. Aunque, irremediablemente, llegó la despedida, todavía conservo entre la polifonía de mi mente tu promesa. Vislumbro que, la realidad no es este continuum de suposiciones que hago para el futuro, sino la colisión de los infortunios que he presenciado, tan verdaderos como las olas del río. 

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De cuando le gritaron “india” a mi mamá – Cuento de Victoria Sohe

Antes de que nos olviden
Haremos historia
No andaremos de rodillas
El alma no tiene la culpa

Caifanes, “Antes de que nos olviden” 

Los primeros dos recuerdos de mi vida son del cuarto en el que vivíamos en Veracruz. Aparecen en mi mente como dos nubes y las lluevo en un margen de dos punto cinco, con Times New Roman, para que no se me olviden: el primero soy yo saltando en la cama y después cayéndome y golpeándome la cabeza; el segundo, mi mamá y yo en el marco de la puerta, esperando que los policías se vayan para huir al Distrito Federal. Pero está un recuerdo en particular que no tengo que escribir para recordarlo, sino que se me viene a la mente cada cierto tiempo y me hace llorar de la indignación. 

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Cuerpos diáfanos (II): accionar la memoria – Ensayo de Iliana Olalde

Ángel de la independencia, 16 de agosto (2019), acción colectiva

Cerca de quinientas pintas sobre la base del Ángel de la Independencia en la Ciudad de México enmarcaron con aerosol y al centro del monumento la frase “México feminicida”.  Cuerpos “clandestinos”, “ilegales” y colectivos ejercieron en el espacio público el derecho a la expresión del descontento, la furia y, como diría María Galindo, “a las compañeras del martillo en mano, comparto su pulsión destructiva”. Tanto la intervención feminista al Ángel de la Independencia en el mes de agosto, como otras ocurridas en noviembre del mismo año, llamaron la atención de la prensa nacional e internacional con encabezados del tipo “2019, el año en que la ola feminista sacudió a México”.