Etiqueta: escritoras mexicanas contemporáneas

Leer Más

Dolores compartidos

Ilustración de Ylia Bravo Varela

En los pocos momentos de tregua que nos brindó esta infinita pandemia, descubrí un método infalible para socializar en reuniones: hablar sobre mis enfermedades, dolores, condiciones corporales y experiencias médicas. Si tienes más de veinticinco años, sufres de ansiedad pospandemia y ya no quieres hacer small talk, pruébalo: introduce de forma casual en la conversación algún padecimiento que te aceche en ese presente o del pasado reciente. Por cada una de ellas habrá alguien que empatice o tenga un pesar parecido; también puede que no sepa lo que es pasar por algo así, pero conoce a alguien que sí. Las probabilidades son altas. No sólo generará lazos más interesantes que los que se darían por hablar con alguien de la vida de conocidos en común o el tema del momento, sino que habrá un beneficio para ambas partes: intercambio de vivencias con especialistas. Porque sí, a los veinticinco queda atrás el pasado infantil de intercambiar estampas del álbum del mundial o de la nueva película de Harry Potter.

Leer Más

Biomagnetismo – Cuento de Ana Torres

Por fuera la casa parece abandonada. Es una casita descuidada en una colonia que jamás había visitado. Ni mi mamá ni yo queríamos asistir a la cita, pero nos sentimos comprometidas. No pudimos decir que no, la cita la arregló mi tía, la favorita, la que ha estado pegadita a nosotras desde el diagnóstico. Me quiere ayudar. Nunca he creído en estas movidas, pero tal vez sea el momento de intentarlo. De alguna forma, el diagnóstico me pone en el dilema de intentar cambiar no sé qué, algo. Tal vez ese algo sea creer en remedios alternativos, y quizá sí creo, el proceso se me haga más sencillo. Mi tía cree en muchas cosas, su fe es diversa y dispersa. No siempre es devota a las mismas cosas y constantemente tiene una nueva rama en la cual experimentar.

Leer Más

Musa – Cuento de Tania Yareli Rocha Hernández

Voy por un sendero añoso y polvoriento que da a la catedral. Está a un par de kilómetros de mi casa. Me agrada ir a tocar por las tardes porque la acústica es buena y, como está abandonada, me siento a mis anchas. Un rato después termino en el antiguo recinto de ladrillos grisáceos. Me gustan las siluetas angelicales esculpidas en sus muros.

Leer Más
Ilustración

Abecedarium Magiae

Ilustración de Sofía Elvira Tello Moscarella

Acabo de doblarme el tobillo. Sé que no es un esguince porque mi familia es de tendones fuertes, pero igual me duele. Tengo miedo de que mi lesión afecte el marcador y, por ende, el torneo. Sin darme cuenta, A ya está a mi lado, y me pregunta si estoy bien. Le digo que sí —aunque casi siempre es mentira porque no quiero que piensen que soy débil— y me levanto rápido. Me vuelvo a caer, entonces me llevan entre él y alguien más a una banca. A se dirige a la covacha por un botiquín, vuelve y me hace la plática. Jamás había hablado con él, aunque seamos del mismo equipo.