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Entre la pérdida y el placer: muestra poética de Luriel Lavista

Hoy tenemos para ustedes una muestra del trabajo poético de Luriel Lavista, poeta mexicano de los 90. Ilustración de portada por Cecilia Saucedo.

 

Un único tiempo

                                                          

                                                                               Para el Guitarrista

 

inesperado despertar

ante las bocanadas

se hunde poco a poco

se enreda al sediento humo,

en su microcosmos

la mente burla otra visión

revolcado en la mirada embrutecida

por el azote de su propia exhalación,

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De Julieta y el recuerdo roto

A. Maldonado

El ser creador de un estilo condensado (y bien reiterado) a través de años de continua exposición puede ser un arma de doble filo. Un público impaciente de resultar complacido, vuelve a llenar las salas con un esquema referencial construido por el mismo artista mitificado.

De Escapada (Alice Munro, Premio Nobel de literatura 2014) se dan a la fuga Destino, Pronto y Silencio para ver el renacer de Pedro Almodóvar tras los enormes tropezones que fueron La piel que habito, y después unos poco aterrizados Amantes pasajeros. Julieta es el retorno del hijo pródigo que el melodrama extrañaba con el alma.

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Aurym Blues: la imposibilidad de estar solo

El hombre, solo frente a la naturaleza, crea. De esta creación, a veces, resulta la obra de Arte.

De manera análoga, el espectador de la obra de Arte, se encuentra inmerso en esta nueva naturaleza, que, como quería Borges, es una naturaleza creada por el hombre, creada para que la descifre el hombre: es decir, una naturaleza donde no está solo, porque dialoga con el autor. En esta naturaleza, el hombre es capaz de conocer a su Dios. Y es el espectador el que, ante los estímulos de esta nueva naturaleza, completa en su corazón la obra de Arte.

Este extraño proceso de recreación se hace más intenso en el caso del teatro, donde un grupo de artistas crean un universo a partir del universo creado por un dramaturgo o, como en el caso de la compañía que me ocupa, del universo creado por la música.

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Diego Rivera: héroe colectivo.

Al calor de una tarde dominical, bochornosa y húmeda, frente al constante campo de batalla de un grupo de hombres viejos, con las boinas recargadas en la oreja, dando sus mejores jugadas, parloteando entre queda y sonoramente los nombres de las grandes estrellas del tan amado ejercicio mental que llaman ajedrez, se deja ver el pequeño ―y nunca menor― Museo Mural Diego Rivera, casa del famosísimo Sueño de una tarde dominical.

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He llegado a la X_ al punto donde se vierten los atómos_ Entrevista a Emmanuel Vizcaya

Esta entrevista fue originalmente publicada en el número 4 de la revista Primera Página. Hoy la republicamos en nuestro nuevo portal.

 

Centro Histórico, Distrito Federal, 29 de junio de 2015.

 

EV: Emmanuel Vizcaya

EPP: Editores Primera Página

 

 

EPP: ¿Vienes ahora de muy lejos?

EV: Del sur, de Barranca del muerto. En bici. Es mi ruta cotidiana.

EPP: ¿Hasta el Centro?

EV: Sí, al Centro, a la Roma, a la Narvarte. Desde hace un tiempo decidí en la medida de lo posible no tomar más metro, ni metrobús. Pura bicicleta. O caminar. ¿Dónde conseguiste ese ejemplar?

EPP: En una librería de viejo.  Antes de este libro hiciste auto ediciones de cada uno de los tres que lo conforman. Cuéntanos un poco de eso.

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Evodio Escalante: Los tres pilares

EE: Evodio Escalante

EPP: Editores Primera Página

EPP: Háblenos acerca de alguna de las muchas figuras capitales en su formación como poeta y como crítico. Es difícil, sabemos, referirse sólo a una.

EE: Sí, creo que es difícil sintetizar en una sola figura pero, espontáneamente, al escritor que yo considero más importante en mi vida es, sin duda, José Revueltas. Lo empecé a leer, desde que era niño (sin saber quién era), porque había unos libros de él en casa y, más que eso, porque yo soy generación del 68. No participé en el movimiento porque en ese momento no vivía en el DF pero por formación, gustos e inclinaciones políticas me siento miembro de esa generación. Como ustedes saben Revueltas, no solo como escritor sino como diligente político, como disidente, como intelectual, tuvo un papel simbólico fuerte en el movimiento. Se fue a vivir en esa época a la Facultad de Filosofía y Letras, redactaba manifiestos, intervenía en asambleas cuando lo dejaban hablar (si lo dejaban hablar); luego, la orden de aprehensión contra él y contra otros profesores y estudiantes. Por eso unas semanas permanece oculto. Al fin la policía lo agarra y permanece varios años en Lecumberri sentenciado por su actividad política de izquierda. En fin, permanezco muy cercano a esa figura aunque yo no soy novelista. Me considero crítico literario y, a veces, en ratos libres, poeta. Pero sí, la figura de más peso literario para mí es José Revueltas. Una vez dicho esto también quiero decir que por razones generacionales, esa debe ser la explicación (no encuentro otra), los escritores que más me influyen y tienen más presencia en mí, incuso hasta el día de hoy son, también, Efraín Huerta y Octavio Paz.

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Susana de Babel (Poema ganador en el concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

Producto del antiguo testamento

que redactó en Babel Susana,

la mujer que no tuvo desnudez

y, que por tanto, nadie conociera,

es la palabra:

no la voz que se pierde en el vacío

de un agujero negro que fue estrella

nítida, azul, dorada;

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Hegel frente al mar (Poema ganador en el concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

HEGEL FRENTE AL MAR

Aufhenbung o la superación del Tiempo, 1805

No es para sí decir que este silencio sea falso o

verdadero, sino la sola luz inflame

de paciencia este momento;

no es siquiera eso cuanto dice una premisa,

una piedra o un suspiro, y no es a poco

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Fragmentos de una sombra (Cuento ganador del concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

Fragmentos de una sombra

Por Carlos Rgó

 

I

Detuve las manecillas del reloj para escribir el sueño de anoche. No he escrito ni uno este mes. Soy Victoria Escalera y desde niña preferí la comodidad de mi cuarto a una calle rodeada de sombras en el pavimento. La casa en la que aprendí a caminar y a leer era de color azul. Yo vivía ahí cuando llegaron tres nuevas chicas a la casa, hijas de la nueva familia de mi madre. Su llegada me hizo sentir que yo era la nueva. Jugábamos hasta el amanecer sin que nadie nos detuviera. Nuestras mañanas eran tardes y nuestros atardeceres la medianoche. Platicábamos encima de hojas blancas y colores de madera. La mayoría de las veces bastaba con dejar de ver un objeto o a una de las chicas para que una situación se transformara. Nos encantaba apagar la luz a los adultos en sus reuniones. Para nosotras, la oscuridad era la oportunidad de conocer otra cara de las personas. Nos mudamos cuando la casa empezó a perder su color. Desde el día de la mudanza he soñado un edificio con muros de librero: mi único sueño recurrente hasta ahora. Los libros en lo más alto del muro-librero preservan un misterio insondable para mí, lo mismo que los arquitectos que construyeron la escuela.

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Cecilia (Cuento ganador del concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

CECILIA

A Karla, por los maravillosos oficios

Tocabas sus ojos con el pensamiento. Ella alumbraba toda la casa. Su paso lado a lado en la alacena, los cuadros y las velas: mestizaje de luz infinita. Miraba el vacío con la infinitud de la que sólo tú podrías sentirte ausente. Dibujaba secuencias de placeres no gratos, ominosa costumbre. Se escondía en la sala mientras llegabas; luego, en las sábanas para dormir junto a tu pecho. El reloj golpeaba callado y entumecía la estrechez de tus manos.  Las tardes bajo el mundo transitaban de una a otra esquina entre sus piernas y la suavidad de su espalda. Tu deseo era el olor de una mañana entre su boca: tulipanes, vendimias y dulces de leche. Preguntabas sobre el misterio de tu piel en la suya, el sabor de sus labios: saliva más acida; ‘‘como una toronja disfrazada de fresa’’, decías y juntabas sus ruidos a los tuyos en un trémulo e insostenible puño antes de eyacular. A veces ella cerraba los ojos; otras, lloraba silente en el peso de la oscuridad.