Autor: Julia Bravo

Julia Bravo Varela (1996) no es hermana de Hernán: la concordancia de apellidos y el amor por escribir es mera coincidencia. Egresada de Letras Hispánicas en la UNAM, ha participado como becaria en Elipsis (2018), San Miguel Writer´s Conference (2019) y en el Onceavo curso de creación literaria/ Xalapa (2019) de la Fundación para las Letras Mexicanas. Fue compiladora del libro Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística de Yásnaya Elena A. Gil (Almadía/Bookmate, 2020).
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Ilustración

Abecedarium Magiae

Ilustración de Sofía Elvira Tello Moscarella

Acabo de doblarme el tobillo. Sé que no es un esguince porque mi familia es de tendones fuertes, pero igual me duele. Tengo miedo de que mi lesión afecte el marcador y, por ende, el torneo. Sin darme cuenta, A ya está a mi lado, y me pregunta si estoy bien. Le digo que sí —aunque casi siempre es mentira porque no quiero que piensen que soy débil— y me levanto rápido. Me vuelvo a caer, entonces me llevan entre él y alguien más a una banca. A se dirige a la covacha por un botiquín, vuelve y me hace la plática. Jamás había hablado con él, aunque seamos del mismo equipo.

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Una autofuna

Parte uno: Exorcismo inicial

—No sé si soy un buen hombre.
—Entonces lo eres.

Eliseo Alberto

La última vez que viajé en avión antes de la pandemia fue a finales de 2019 a Puerto Escondido, para pasar Año Nuevo. Había algo en la contundencia del 20/20, una total claridad con visaje impecable, que nos hacía tener esperanzas por lo que vendría. Ya sabemos que no fue como pensábamos.

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Una carta de amor y denuncia

A María Ayala, la que baila en el paraíso
A Pedro y Vale, porque me hubiera gustado ser su estudiante

En mi primer día de la carrera, un profesor hizo que quienes eran o querían ser escritores se levantaran. Algunos con timidez, otros con orgullo, se pararon, intentando reconocerse entre sí. Esas miradas cómplices se volverían ojos vidriosos cuando el profesor, con un tono burlón, dijo que en la carrera de Letras no se formaban escritores. Que lo único que se aprenderíamos era a ser lectores profesionales y nada más.

Pensé que había sido muy grosero el gesto de pedir que se pararan, pero no cuestioné lo que acababa de decir. Al fin y al cabo, el maestro era él y no yo. Me sentí aliviada por no haberme parado. Yo no quería ser escritora. Entré a Letras porque quería ser maestra. Siempre quise ser maestra, o por lo menos desde los quince años.

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Torneo de lamer el asfalto cuando nos pongan la vacuna

Un alegato a favor de los eventos falsos en Facebook

A Mariel, Brenda, Ana Rosa, Marisol, Iliana, Deni y Mike, por enseñarme a investigar con amor y diversión.

Hoy quiero comenzar escribiendo de dos temas de los que odio hablar, o más bien, de uno que me causa desagrado y de otro que de tanto odiar me apasiona: el COVID y las redes sociales. Escribo también sin poder poner bien en palabras el enojo, el insomnio y la tristeza que me produjo enterarme de la negligencia que derivó en el colapso del metro en la estación Olivos la noche del lunes 3 de mayo. Siento como si tuviera un perdigón atorado en la boca del estómago y no puedo más que rezar por los familiares de la gente fallecida y herida. Esto es ante todo una breve invitación para darle seguimiento a la noticia más allá del primer impacto y de la frustración de estos días. Para dolernos y para exigirle a la basura de la clase política que dejen de matar gente inocente entre fuegos cruzados. Dicho lo anterior, creo que no hay nada más que pueda o deba agregar.

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Suspendida entre dos ruedas

Ilustración de Ximena Brócoli

Parte I: La vida y mis bicicletas

que pedaleo y me alejo de los problemas…

Mariano Blatt

Tomo el dobladillo de mi pantalón y con mis dos manos lo enrollo hasta que ya no da más de sí y queda a la mitad de mi pantorrilla derecha. Es precaución, pero también un lenguaje secreto y compartido que porto con alegría. Corroboro si todo está en orden, me ajusto el casco, me incorporo y dejo de tocar el suelo. Sólo vuelvo a pisar el asfalto cuando mi pie derecho se posa en la banqueta de un semáforo que interrumpe mi marcha. Así es más fácil frenar, pero, sobre todo, agarrar el impulso para continuar.

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Racismo de baja intensidad

Parte I: Brown blur y el sudor temible

Como toda pareja estable, llega un momento ineludible durante una relación: la tarde que se destina estrictamente a ver álbumes familiares. Hay algo de ritual y enternecedor en el hecho de ver fotos de la persona que amas en las distintas etapas de su vida, en el develamiento a veces pudoroso de historias jamás contadas, no por falta de confianza, sino por no tener presentes ciertas memorias; memorias que, sólo a través de las imágenes, pueden ser detonadas.