Una flâneur del siglo XXI: «Arqueología del dolor» (o el arte de poner el dedo en la herida), de Pamela Calero

¿Qué es un autor? El concepto de autoría ha evolucionado a lo largo de los tiempos; por ello, no debe extrañarnos que nombres clave en la literatura universal utilizaran a escritores fantasma, como Alejandro Dumas, o que dictaran sus obras, como Dostoyevski. Actualmente, esto resultaría inimaginable, puesto que entendemos por “autor” el responsable único de una obra. Pamela Calero, escritora y artista, es una autora del siglo XXI. Para presentar su Arqueología del dolor (Lectio, 2019) al mundo, ha hecho suyo todo el proceso creativo, desde la escritura hasta la ilustración y el diseño de la portada. Por lo tanto, el valor de su libro no radica sólo en lo contado, sino en el cómo; cada signo lingüístico, cada coma, cada espacio.

La misma autora define el proceso creativo para esta obra como una “catarsis”. Arqueología del dolor responde a su necesidad de reconciliar todas las disciplinas con las que trabaja (escritura, ilustración y artes visuales) y de poner orden a su mundo. Nos encontramos ante una historia de autodescubrimiento donde nos revela su psique, especialmente los momentos más difíciles –no en vano “dolor”–, con imágenes poderosas y fáciles de entender, como “he logrado parir una lágrima”. Así, los sentimientos del yo poético y los del lector convergen. El uno puede expresarse al mundo; el otro sentirse menos solo.  

La gente no se da cuenta que a veces
dice cosas lindas y escupe poesía
como saliva al hablar.
Yo me las robo con mi lápiz,
borrando de ellas lo efímero

Arqueología del dolor, Pamela Calero

Sin embargo, donde Calero brilla es en la descripción del mundo que la rodea. El proyecto empezó con una libreta regalo de una amiga, donde decidió apuntar conversaciones oídas en la calle y a acompañarlas, muchas veces, de un subtítulo, como dice, “para tratar de entender lo absurdo y lo serio de la vida”. Hizo esto con base en la firme creencia de que, día a día, sin darnos cuenta “estamos gestando poesía”. Es una flâneur[1] del siglo XXI, pero ahora ya no camina, sino que se desplaza en transporte público, como la mayoría de nosotros –no tiene tiempo para pasear– y observa, escucha, las conversaciones banales.

Tal y como dice, ha decidido “ir cazando poemas en [su] transitar”. Tiene el mérito de saber convertir la burda realidad en poesía. En su libreta, anota lo que la rodea, y después sabe darle forma, transmitirlo punto por punto, espacio por espacio, silencio por silencio. Dice en uno de sus poemas que “la presencia de espacio no significa vacío”. Con cada espacio aparentemente superfluo, cada salto de línea, la autora sabe transmitir el silencio de los transeúntes, en ocasiones más revelador que las palabras.

Los poemas son breves, lo cual resulta en una lectura ágil y fugaz. No todos ellos, por supuesto, afectarán al lector por igual; pero los juegos lingüísticos y punch finales dejan con ganas de más y ansioso por descubrir qué depara la siguiente página. Sin duda, todos encontrarán un poema que les hable; Calero posee una evidente habilidad para moldear el lenguaje a su voluntad y así transmitir aquello que pasa por su cabeza, no importa cuán sencillo. Tenemos, así pues, el “síndrome de diccionario” –“buscarle significado a todo”–, o “síndrome de piñata” –“darse mucho palo”—. O está la historia de aquel hombre “tan prevenido” que llevaba “tres paraguas en el metro”.

El cielo nublado
y la cabeza también

Arqueología del dolor, Pamela Calero

Resultaría fácil definir Arqueología del dolor como una antología de micropoemas, short but sweet, por utilizar la voz inglesa. Sin embargo, aunque se pueda acabar en una sola sentada, no es hasta la segunda, incluso tercera lectura que se disfruta en toda su complejidad. Es una obra perfectamente trabada donde la autora no sólo sabe exponer su proceso evolutivo interno, sino que hace un retrato de todos nosotros, reflejados tanto en esas voces anónimas del tren como en ese “yo”.

Un poema reprimido
se te escapa en forma de mensaje de texto

(todos nacimos para ser poetas)

Arqueología del dolor, Pamela Calero

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[1] Término prestado del francés. Literalmente, “paseante”. Aquél que merodea por las calles de la ciudad, sin rumbo ninguno, abierto a todas las impresiones que encuentra