Autor: Sofía Amezcua

Historiadora del arte feminista. Ser narrativo.
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Sobre coleccionar y crear

Casi todas las definiciones enciclopédicas de «colección» coinciden en resaltar para dicho concepto una serie de elementos comunes que la diferencian de una acumulación indiscriminada de cosas. En esta práctica se dan cita el instinto de posesión y la afirmación de lo propio frente al mundo exterior, que devienen en una propensión a acumular muy diversos objetos.

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Ana Gallardo: Una “Escuela de envejecer”, soñar y aprender a vivir

A lo largo de su trayectoria, Ana Gallardo (Rosario, Argentina, 1958) ha reflexionado continuamente sobre la violencia, particularmente la de género. A partir de su trabajo con escultura, instalación, dibujo y performance, ha abordado la articulación del poder que se ejerce sobre los cuerpos feminizados mediante prácticas y dispositivos diversos, muchas veces también cotidianos. En conferencias y entrevistas, la artista cuenta que, llegada cierta edad, comenzó a experimentar en carne propia una vulnerabilidad que hasta entonces le había sido ajena, tanto en lo personal como en lo artístico: la vejez. Al tomar consciencia de los cambios físicos y emocionales que atravesaba, así como de la, igualmente violenta, invisibilidad y marginación con que su paulatina ancianidad parecía recubrirla, se volvió necesario el crear desde y sobre esas nuevas preocupaciones.

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“Exploraciones quiméricas”: Antología de cuentos de ficción

La ficción suele pensarse desde su vínculo con lo meramente imaginativo, irreal y fantástico. Se asocia, casi por inercia, con naves espaciales, robots, viajes en el tiempo o monstruos fuera de serie; y aunque, en efecto, guarda cierto vínculo con estos, lo extraordinario también se revela en las ensoñaciones cotidianas, las historias de personas comunes y aquello a lo cual no le encontramos nombre ni explicación, pero de cuya existencia tenemos certeza. Lo fantástico es, entonces, una parte más de la realidad —una quizás imprescindible— y no su simple oposición.

Además, la ficción tiene el valor de mostrarse como una suerte de vía de acceso a otras perspectivas. En ella, los límites físicos y cognitivos se rompen para dar lugar a posibilidades que van de lo utópico a lo catastrófico, de lo absurdo a lo terrorífico, de lo paradisiaco a lo enloquecedor. En ese sentido, la ficción supone inevitablemente la creación y, con ella, la capacidad de inquirir, experimentar y soñar. Todo ello, profundamente cercano al acto mismo de escribir. En Exploraciones quiméricas, primera antología de cuentos publicada por Lectio, se abordan, desde la narrativa, las múltiples aristas de la ficción. Indagación detectivesca, humor, ciencia, amor —ya se ha dicho que tal vez sea éste el estado más cercano a la locura— y horror se conjuntan en las historias de doce autorxs hispanohablantes.

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«Cartas a las madres», un homenaje a las madres de desaparecidas y víctimas de feminicidio en México

Portada por Producciones y Milagros Agrupación Feminista

En 1987, el colectivo de arte feminista Polvo de Gallina Negra, conformado por Mónica Mayer y Maris Bustamante, convocó al concurso Carta a mi madre, como parte del macroproyecto ¡Madres! El certamen tenía como finalidad generar un espacio de reflexión y expresión en torno a la figura materna. Los productos que llegaron fueron diversos y conjuntaban dolor, cariño, reproches y agradecimientos por igual, lo que develaba que la experiencia de la maternidad, y también del ser hijx, es compleja. Tomando como punto de partida esta obra, la artista Mónica Mayer, el Laboratorio Curatorial Feminista (LCF), el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) y la Cátedra Rosario Castellanos de Arte y Género, llamaron nuevamente a la escritura epistolar, esta vez dirigida a las madres cuyas hijas fueron desaparecidas o víctimas de feminicidio. Los textos finalistas han sido publicados en el libro Cartas a las madres, que continúa con el propósito de pensar en las implicaciones y problemáticas del ser madre en México, ahora desde la dolorosa realidad de “este país que es un charco de sangre”, como lo describe Diana J. Torres.

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Las imágenes importan: Lo que (vi)vimos el 8M

Imagen por Sofía Probert

La protesta del 16 de agosto de 2019 en la Ciudad de México tuvo como consecuencia una imagen poderosa. Polémica, incómoda y liberadora, la Victoria alada policromada e intervenida por las manos de decenas de mujeres apuntaba ya la alteración de la imagen urbana como eficaz demostración de un Estado fallido. Aquella imagen recorrió las pantallas del país y pienso, por las acaloradas discusiones generadas en torno a ella, que dislocaba ferozmente la noción de control gubernamental y los imaginarios de la mujer sumisa, callada y obediente.

Este año, de cara a las manifestaciones organizadas a propósito del Día Internacional de la Mujer, los edificios y monumentos de la capital mexicana fueron blindados con largas filas de vallas metálicas para impedir su intervención por colectivas feministas. El mensaje era claro, siempre lo ha sido: el orden establecido no se toca. Aquellos muros legitiman y representan a un poder intrínsecamente ligado al patriarcado que no puede permitirse nuevamente la vulneración de su imagen —sostenida y encarnada, en parte, por la impecabilidad de los monumentos y la fortaleza física y simbólica de sus instituciones—. En la muestra de “protección” de aquellos espacios se juega la imagen misma del Estado como agente de dominio.

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“Diarias global”: Juntas seamos visibles

Con la pandemia, la vida de niñas, jóvenes y mujeres, ya de por sí atravesada por violencias múltiples, se ha puesto en jaque. Muchas de ellas se ven ahora obligadas a recluirse en casa con sus agresores, a abandonar el espacio público ganado para volver nuevamente a la domesticidad y al espacio familiar normado, a laborar durante jornadas interminables entre el empleo remunerado y el cuidado de lxs otrxs que por su género se les ha delegado. Mayormente desde la privacidad del hogar, pero en algunos casos también forzadas a salir a las calles a pesar de la enfermedad, niñas, jóvenes y mujeres viven una coyuntura única que se visibiliza y documenta en la plataforma digital Diarias global, creada por la artista mexicana Lorena Wolffer y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Ciudad de México.

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Sobre los afectos y la imposibilidad del contacto físico

Uno de los tantos aspectos que la pandemia ha trastocado es el de las relaciones afectivas. Los abrazos, las caricias y los besos que daban corporeidad a los vínculos se han convertido en un privilegio. El anhelo de la textura y la calidez por el contacto físico con nuestros seres queridos revelan lo fundamental de pequeños actos antes considerados protocolarios. Su ausencia obliga a plantear nuevas formas de acercamiento que no impliquen la presencia palpable y se construyan, en cambio, con ayuda de otras herramientas como la tecnología y lo digital. Esta reconfiguración en la demostración de los afectos es lo que exploran las obras a continuación enunciadas. En ellas se adivina el deseo de subsanar la distancia entre los cuerpos a la que nos vemos forzados, de procurar gestos de expresión y cuidados colectivos en medio de la imposibilidad física.

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Ópera mexicana: La recuperación de un patrimonio olvidado

Si Mozart, Verdi, Rossini, Puccini o Wagner resultan nombres familiares dentro del ámbito operístico, no ocurre algo similar cuando se trata de figuras como Cenobio Paniagua, Aniceto Ortega, Melesio Morales, Manuel Covarrubias o Ángela Peralta, todos ellxs compositorxs mexicanxs del siglo XIX. Sus obras han sido mayormente relegadas de la interpretación musical actual. Algunas piezas de estxs autorxs jamás fueron estrenadas, permanecen las partituras a la espera de ser puestas en escena o, incluso, se encuentran presuntamente desaparecidas; otras, llevan más de cien años sin ser escuchadas. Rescate, interpretación y difusión de estas composiciones, patrimonio cultural mexicano, es lo que, ante este panorama, se propone el proyecto Ópera: nuestra herencia olvidada.

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Del podcast como espacio con perspectiva de género para pensar las artes

Ilustración de Pnitas

Una persona muy querida para mí, quien me introdujo en los Estudios de Género, habla de ellos como un par de lentes con los que, una vez puestos, resulta imposible mirar el mundo de la misma manera. La óptica feminista permite no sólo analizar situaciones específicas de la cultura y la sistematización social desde el activismo o la Academia, sino que otorga la posibilidad de observar con ojos críticos y reflexivos aquello que se produce y reproduce a nuestro alrededor todo el tiempo: nuestras relaciones, las imágenes que vemos, los juicios que realizamos, los productos que consumimos; en fin, la manera en que nos desenvolvemos cotidianamente.