Etiqueta: ensayo literario

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Nuevos sujetos || Ensayo de Juanita Porras

Ilustración de Daniel Vera

Si es inquietante pensar en el destino, ese desdoblar de la madeja de la vida, es aún más inquietante reconocer que ese destino es un círculo y que nuestro designio es la repetición. La madeja que se desenvuelve solo para envolverse de nuevo, la tijera que se cierra solo para abrirse de nuevo, y el caminante arropado por la bruma de una lluvia de nieve mientras da pasos cortos por un sendero que lame sus huellas y el porvenir. Un bucle de grandes preguntas y respuestas. La más acuciante, la compulsiva pregunta por lo que somos, es una duda ontológica, trágica y épica, que sonríe camuflada por las máscaras con que la vestimos. Nos encanta el juego que nos provee, la intensidad que insufla vivir otra vida sin saber que no es otra sino la nuestra. Que somos el hombre que lucha, sin saber, con su yo del futuro o que también nos quitamos el casco de gladiador para decir “mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del Norte, general de las legiones Félix, leal sirviente del único emperador Marco Aurelio…”.

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Nuestro papel es nuestra sombra || Ensayo de Juanita Porras

Ilustración de María José Porras

Calderón de la Barca escribe: “¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son”. La vida como sombra está en Platón y como ficción —como teatro— en Shakespeare. Ha sido entonces una intuición de antiguos y renacentistas la idea de que la realidad no es o ha sido deformada. A pesar de la incesante búsqueda de realidad en la carne del mundo, en lo visible y táctil, en la naturaleza, siempre está allí la presencia de una ausencia. Esa experiencia de lo espeluznante en la que algo falta donde no debería. Es la grieta a la que se le pone el ojo para ver la tempestad del mar y el pequeño esquife desde el que observas el mundo en la noche más tempestuosa para saber de velos que sutilmente se corren con el viento.

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Un vestido azul o dorado

Ilustración de Aimeé Cervantes

Desde que descubrí las ilusiones ópticas aprendí a desconfiar de mis ojos. La primera que vi fue el dibujo de una joven con sombrero de plumas y vestido victoriano, de quien sólo se observaba el ángulo de la mandíbula, la oreja y las pestañas de un ojo. Tenía la leyenda: “¿Y tú qué ves? ¿Una muchacha que mira hacia otro lado o una señora de nariz grande?” Mi madre veía a la anciana, pero yo no podía dejar de observar a aquella muchacha que desdeñaba mirarme. Hasta que, por la gracia del insistente, la vi. Las vi a ambas. Ese pequeño engaño me produjo una especie de vértigo, como el que buscaba al girar en las tazas locas de la feria. Aquel viejo “ver para creer” perdió su dogmatismo. Había germinado la semilla de la sospecha.

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Quanta || Ensayo de Ricardo J. García Gómez

Pero mi cuerpo, a decir verdad,
no se deja someter con tanta facilidad. Después de todo,
él mismo tiene sus recursos de lo fantástico…

Michel Foucault

Soy un entramado complejo y difuso. Apenas reconozco el rostro que miro al espejo durante las noches, al calor de la mañana o en una tarde lluviosa mientras la paloma busca refugio y entra por la ventana. En realidad, somos un cuerpo tenebroso y frágil. Si pongo la mano sobre la lumbre, comenzaré a sentir dolor y ansiedad. ¿Qué es sentir dolor y ansiedad? Seguramente tiene que ver, en un aspecto metafísico, con una percepción singular de mi esencia. El cuerpo está en cantidades diminutas y efímeras de estructura espacio-tiempo. Soy lo que habito y vivo. O bien, somos un imaginario discreto y complejo que se realiza a sí mismo a partir de su estructura espaciotemporal navegante de la circunstancia que vive.

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Contar la pandemia: Lo incuantificable

Ilustración de Carlos Gaytán

Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas; porque si no cuentas cuántos cuentos cuentas, nunca sabrás cuántos cuentos sabes contar.

Trabalenguas popular

Las cuentas no siempre valen lo mismo. Al momento actual, hay más de 62 mil infectados en México por esta desconcertante mutación virulenta. En el mundo hay más de cinco millones de casos estimados. Veo las estadísticas que ofrece Google, sus gráficas apenas coloridas. Trato de recordar que esas cifras en realidad son —¿o representan?— personas. De pronto los miles y los millones pesan más.

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Por mi culpa, por mi santa culpa || Ensayo de Carlos Sánchez

Imagen: Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso, Miguel Angel

Si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado,
arráncatelo y tíralo lejos

I

A Antonio Catalán y Pablo Rodríguez

La culpa es solo un invento del cristianismo, tú fúmate ese cigarro. Apenas había pasado un par de meses desde las nubilosas tardes de la ciudad de México. Tú fúmate el cigarro, repitió cierto amigo en cierto café de la calle Regina del centro histórico. Dos meses antes el aire hipertóxico aterrorizó a más de uno: la ciudad fue eclipsada por un olor infumable que entraba por todos los resquicios. Era mayo de 2019, una mancha oscura afligió, de sobremanera, a los pulmones de los habitantes de uno de los sitios, ya de por sí, más contaminados. Por razones lógicas, algunos de los fumadores ocasionales decidimos dejar de lado el vicio más poético: los objetos se convierten en humo y luego en nada.