Etiqueta: Literatura mexicana contemporánea

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La trilogía San Jerónimo – Microrrelatos de Ailton Téllez Campos 

Frenar el desasosiego

Cuando Joaquín recibió su diagnóstico clínico del Hospital San Jerónimo, pensó que lo más adecuado sería renunciar al trabajo, hacer una reunión con sus familiares y amigos y exprimir sus tarjetas de crédito recorriendo los estados de la República que tanto anhelaba conocer. Pero en lugar de eso, para frenar el desasosiego que tanto lo había atormentado durante casi dos meses, decidió sentarse frente al volante de su auto e inhalar el monóxido de carbono que se introducía a una de las ventanas por medio de un tubo que conectaba al escape.

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Sin miedo – Cuento de Camila Lima

Esa noche, volví a casa temprano. Dejé el maletín del trabajo en la entrada y me quité los zapatos. Caminé despacio para no hacer ruido por si él ya dormía. Puse mi serie favorita en la televisión. Al cabo de una hora sentí curiosidad, así que caminé por el pasillo hasta nuestra habitación esperando encontrarlo. Sin embargo, nadie estaba allí.

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Añoranza – Cuento de Leonorah Izher

Para Silvia:

Hace dos días, al fin crucé la frontera hacia Estados Unidos. El viento en extremo caluroso me asfixia y seca mi boca. Aún no puedo hallar recuerdos de la vida que adoraba, sin percatarme de ello. No ha pasado mucho tiempo, desde que sólo éramos dos niños de secundaria y me era impensable desistir de ti, de alejarme de la infinitud de tus manos que adorné con pulseras y anillos dorados… Aunque al verlas así, evidencié mis contrariedades, pues necio andaba en ataviar lo que ya poseía la máxima de las virtudes: la bondad de ofrecer. Aunque, irremediablemente, llegó la despedida, todavía conservo entre la polifonía de mi mente tu promesa. Vislumbro que, la realidad no es este continuum de suposiciones que hago para el futuro, sino la colisión de los infortunios que he presenciado, tan verdaderos como las olas del río. 

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De cuando le gritaron “india” a mi mamá – Cuento de Victoria Sohe

Antes de que nos olviden
Haremos historia
No andaremos de rodillas
El alma no tiene la culpa

Caifanes, “Antes de que nos olviden” 

Los primeros dos recuerdos de mi vida son del cuarto en el que vivíamos en Veracruz. Aparecen en mi mente como dos nubes y las lluevo en un margen de dos punto cinco, con Times New Roman, para que no se me olviden: el primero soy yo saltando en la cama y después cayéndome y golpeándome la cabeza; el segundo, mi mamá y yo en el marco de la puerta, esperando que los policías se vayan para huir al Distrito Federal. Pero está un recuerdo en particular que no tengo que escribir para recordarlo, sino que se me viene a la mente cada cierto tiempo y me hace llorar de la indignación. 

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Tres ejercicios de memoria – Poemas de Diana Álvarez Mejía

Memoria

La memoria es una piedra,
guarda pero se desgasta,
resiste al sol
resiste al viento
resiste al agua
hasta que el río con fuerza la atraviesa.
En cada espacio se cuela
la somete
la raspa
la reduce.
Y sólo quedan las sobras.
Lisa es la memoria, compacta.
Reúne el tiempo que la formó,
la resistencia a las risas,
a los adioses,
a los silencios.
Es la zozobra, testigo de lo efímero.
Es una piedra —memoria—
para guardarla en el bolsillo.

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Friendzone – Cuento de Mario Galván Reyes

Después del desfile del carnaval, Liany y Rubén se tumbaron en el jardín de las afueras de un supermercado. Todos los amigos de su palomilla se habían dispersado entre el relajo y las cervezas conforme la noche avanzó. Ahora estaban solos, frente a frente, compitiendo por ver quién pestañeaba primero. Ante el primer indicio de risa, Rubén intentó darle un beso a Liany, pero ella se resistió. Entonces la estrujó. Las hormonas agitadas en el cuerpo precoz de Liany inquietaban a Rubén, quien desde hace tiempo comenzaba a verla como más que a una amiga.

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Un día después

A JP, Sofi y a otras personas que escuchan y cuidan

Despiertas poco a poco, cansada. Tienes como impulso desear buenos días a través del celular, pero algo te lo impide. Sientes una opresión en el pecho: se cumplió tu peor miedo. Recuerdas cómo, en la madrugada, se te subió por primera vez el muerto. Al menos no tuviste tanta conciencia, pensabas que era tu gata subiendo sus patas en tus costillas superiores. Quisieras compartir esa sensación por escrito, pero ya no puedes. Tardas unos minutos en volver a lo que sucedió la tarde del día anterior. Vuelve el golpe de realidad. Ayer por la tarde terminaron. El portal se ha cerrado. Ya no hay espacio para comunicar nimiedades. Aunque para ti no lo sean.