Etiqueta: Literatura Chilena

Leer Más

Oficios laterales y efectos colaterales

Ilustración de Sarah Angélica Cruz

No se pasa de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero.

María Zambrano

Me encontré con esta cita de María Zambrano en medio de una búsqueda de no sé qué, como suelo hacer al abrir un libro aleatorio. Cada vez que la leo es como si regresara al punto inicial, en el cual me pregunto si puedo o no hacer esto o lo otro. Estas preguntas hasta ahora me acompañan y desearía que fueran más bien un (im)pulso hacia lo (im)posible. A veces resultan en eso, otras sólo se esfuman con todo y las ideas que no logro materializar. De todas formas, leer la cita es un alivio cuando tengo miedo de encontrarme con más lateralidades.

Leer Más

Un día como otros – Cuento de Miguel Enrique González Troncoso

Esa mañana, como todos los días, Joaquín se levantó temprano e inmediatamente encendió el tocadiscos. Mientras se escuchaba a bajo volumen el tema “Escalera al cielo” de Led Zeppelin, se metió a la ducha; luego, se vistió apresuradamente, bebió su café de un solo trago, y salió a la calle en dirección a la parada del autobús.

Leer Más

Saga millenial – Poemas de Matías Díaz Huirimilla

First

¿Cómo estás?
La pregunta del milenio.
Estoy con los ojos abiertos
y los oídos cerrados.
Parece que estoy esperando…
puede que a Dios
puede que al amor
o, quizá, sólo la siguiente porción de papas fritas.
No sé.
¿Quién se atreve a tener certezas en estos días?
Pareciera ser que voy caminando
o sea que estoy medio vivo,
¿O mejor decir “medio muerto”?
Y creo que estoy respirando
o aspirando.
¿Es casi lo mismo, cierto?
Y sonriendo
¡Por supuesto que voy sonriendo!
Buenos días.
      Sonrisa.
¿Cómo está?
      Sonrisa.
Yo estoy bien.
      Sonrisa.
¡Ya sé cómo estoy!
Estoy actuando un guion.
¿Cómo que hacer no es lo mismo que estar?
Ok.
Entonces,
si insistes en preguntar cómo estoy:
estoy sin estar,
o si quieres tu conciencia limpia,
ya 
no 
estoy.

Leer Más

Jugador – Cuento de Guillermo Vargas Virgilio

Parado e inmóvil, se quedó ahí un momento. Acababa de colgar el antiguo teléfono de baquelita negro, ubicado en la angosta y oscura entrada del garito. Nervioso, le había confesado a su mujer que no podía resistir los impulsos de seguir apostando, que una vez más había perdido prácticamente todo y que cuando terminara —o, mejor dicho, terminaran con él— volvería a casa. Aquella noche, y como en ninguna otra, había pensado en regresar, pero su tentación era tan fuerte que no lo pudo hacer.  

Leer Más

El fragmento – Cuento de Miguel Enrique González Troncoso

Al término del conteo, el cohete despegó desde el Centro de Lanzamiento de Satélites, y elevándose hacia el cielo iba dejando una espesa estela de color blanco, semejante a las nubes. Mirando hacia lo alto, Matías, el niño del poblado cercano, su abuelo, y la gente reunida en las afueras del centro aplaudían y se abrazaban mientras el cohete se hacía cada vez más pequeño a la vista, hasta perderse finalmente en el espacio.

Leer Más

Apuntes preliminares sobre la otredad – Ensayo de Jorge Etcheverry

El otro está allá, al otro lado. Se me enfrenta como lo opuesto, pero en la edad moderna también nos otorga y nos garantiza la existencia como seres conscientes, pero además concretos, materiales: “La autoconciencia es en y para sí, en cuanto que y porque es en sí y para sí para otra autoconciencia», afirma Hegel en la Fenomenología del Espíritu. En pleno modernismo, Sartre ve a al otro como la mirada que nos enfrenta y nos da consistencia, nos hace existir, pero es a la vez un inevitable testigo que nos condiciona, nos fija en su juicio y se adueña de la imagen que nos define. Ya tan sólo no es el otro el bárbaro étnico y cultural, nómada, que se instala en las plazas de la ciudad y para alimentarse arranca bocados de los animales vivos ante la consternación de los vecinos, según el cuento de Kafka. Las posibilidades del otro se despliegan desde el doppelgänger que es una emanación vaga, el reverso, la sombra de uno mismo, que puede ser la sombra que te niega e invierte, desde tu misma hasta entonces inviolable e irrepetible identidad, hasta el ente satánico que se posesiona de tu cuerpo y vulnera lo más sagrado del yo, que puede perder la unicidad, ya que el invasor puede ser toda una legión. La otredad también nos puede invadir desde fuera, desde un mundo alternativo, pero quizás inverso, reflejo y donde quizás haya una contraparte tuya, la que se refleja en el espejo.

Leer Más

Sólo es el viento – Cuento de Miguel Enrique González Troncoso

A temprana hora de la mañana, el hombre irrumpió en la vivienda.

—¡Ya señora, levántese y márchese de inmediato! —ordenó, y agregó—: ¡Yo soy el nuevo dueño de esta propiedad! Su familia ya se largó.

La mujer, avergonzada, balbuceó:

—¡Ya, altiro! Sólo déjeme pasar al baño y me voy de inmediato.

Leer Más

Del tacto al silencio – Poemas de Carmen Rosales Vera

Inception

Te bañas y el deseo se adhiere a tus manos
Como si mi cuerpo y tu cuerpo se fusionaran 
En una sola partícula, en una cuota de aire
Que se adhiere a tus pulmones y te hace 
Recordarme
murmurar
buscando un consuelo
más allá de tus manos
que intentan dibujarme en el vacío de ese cuarto
y te preguntas
y te miras
y me quieres a tu lado
y luego deshaces la idea
porque te parece vana
entre libros y papeles
no cabe una mujer y sus pasiones
y vuelves a tu calma 
 a tus mates
a tus días de escritura
de soledades, de desmadres y vasos compartidos
con otros que se sacuden sus historias 
pero a veces, en la madrugada
como esta
te despiertas y mi aroma te atrapa
y te sacude y te arroja a las calles vacías
a bancarte una sacudida rápida 
un despertar con una hembra cualquiera
para no atraer la hierba de mi cuerpo
ni la resina de mis miembros
para no saborear el secreto y oscuro ángulo
de esta soledad que me ancla a ti.