Partenogénesis poética – Cuento de Jorge Etcheverry

Ilustración de Darío Cortizo

Mi ausencia estos últimos días no te debería sorprender, es por razones de fuerza mayor. Pero ya estoy de vuelta y te voy a ir dando los antecedentes de todo esto, de a poquito, para que no te asustes. Ya sabes que he estado varios meses en diversos países, a veces por invitaciones que no me puedo dar el lujo de dejar pasar, sobre todo cuando me pagan el pasaje.

A veces preferiría quedarme un par de semanas en el departamento sin hacer nada o lo menos posible, leyendo los mismos libros, viendo las mismas películas por la tele, cocinándome la misma comida que sé que me hace mal, pero que, se dice, si uno come en poca cantidad no importa. Se puede comer de todo con moderación. Incluso fumándome no más de un par de cigarrillos al día, en la noche. Y justamente estaba en ese ánimo de mantenerme tibio en mi madriguera a comienzos de este otoño húmedo y pensando en salir lo menos posible, cuando me invitaron a leer en un recital en la Biblioteca unas personas que no voy a nombrar. Estaban en la misma asociación con otras personas que se había decidido a invitar a poetas jóvenes, claro que cuando se trata de poesía se dice “poetas jóvenes” hasta que los tipos tienen más de cuarenta años.

Pero la confusión no era rara tratándose de un evento latino. Pareciera que tendiéramos a acentuar nuestro carácter desordenado y vital para perfilarnos más nítidamente en este ambiente anglófono que tiende a congelarse más y más. Lo anterior no porque crezca su distancia con el polo —que sigue más o menos igual, además de que el ártico se está empezando a fundir—, sino por las tendencias cada vez más inquietantes del electorado, que en cada nueva elección va secretando una nueva capa de una caparazón de tortuga conservadora y dura para protegerse de los vientos cambiantes de este mundo.

Como una vieja barca sideral y humana, hace y hace agua, pero nunca se hunde. Entonces recuerdo haber mandado una nota de vuelta diciendo, con ironía pero sintiéndome un poco culpable por eso mismo, que esa lectura a la que me estaban invitando le habría venido de perillas a la persona que yo era hace unos 31 años, o mejor aún, si ahora yo fuera un par de gemelos univitelinos y poetas de 31 años y medio cada uno, en vez de este señor que escribe, a la postre bastante más que maduro pese a las apariencias —o al menos eso quisiera creer—, que pronto se asomará por las ventanas de sus 63 años. Y dicho y hecho. Y después de mandarles ese email me dormí pensando otra vez en ese chiste que les había mandado, pero que contenía una velada crítica. O a lo mejor no tan velada.

Pero a la mañana siguiente nos vimos embarcados en esta situación que, pese a sus aparentes atractivos, es más bien difícil desde un punto de vista no tan sólo existencial, ontológico o psicológico, sino práctico. Y ahora empiezo a usar esta primera persona del plural en forma real, que corresponde a una realidad, no como un simple recurso de estilo que se usa cuando se hacen notas críticas y se quiere dar la impresión de que uno no está opinando, sino que está revelando la verdad universal e indiscutible sobre el autor de quien se trate. Pero para eliminar los preámbulos y cortar por lo sano, te quiero comunicar que ahora somos dos. En nuestro caso no se trata simplemente de una partenogénesis, ya que lo que se dividió no fue una célula o un gameto, sino todo un organismo pluricelular, o sea que más bien fue una especie de fisión de un organismo bastante complejo (humano) que se dividió como si se tratara de una ameba. De más está decir que los dos somos haploides, ya que solamente tenemos, y de seguro en forma idéntica, los genes de nuestro progenitor.

Antes que nada debo decir que soy (o mejor dicho somos) vascos por lado y lado, y parece que de las diversas teorías que corren sobre la antigüedad de este pueblo la más radical es lo que se llama la euskeridad ancestral. Textualmente se dice en la Wikipedia que los hablantes del euskera están ahí desde “siempre”, es decir al menos desde el Neolítico y tal vez desde el Paleolítico, lo que es harto elástico, ya que el Paleolítico abarca desde hace dos millones de años a unos meros 10 000 antes de Cristo. Pero ahora soy yo el que te está escribiendo. Es decir, yo, el otro, que soy zurdo. Me imagino que al dividirnos por la mitad —esto pasó cuando yo estaba dormido— las dos mitades resultantes se completaron de adentro hacia fuera, desde los tejidos existentes salió la otra mitad, así yo tengo por ejemplo dos manos izquierdas, es decir que funcionan como izquierdas, pero a la vez un set cerebral, nervioso, motor, de órganos, etc. completo, así que también soy ambidextro, puedo usar la izquierda como derecha y la derecha como izquierda. Tú no te vas a dar cuenta porque esto lo estoy tecleando en la computadora.

Pero cuando practicábamos mi firma hace un rato, me di cuenta de que uno escribe inclinando un poco las letras a la derecha y el otro a la izquierda. El otro, que ahora está buscando alguna ropa para prepararnos un par de tenidas más o menos presentables con las cosas del viejo —es decir mías de antes de que me durmiera la noche pasada—, tiene un cierto interés teórico o científico, quiere explicar este fenómeno y él es quien está tratando de verle las cinco patas al gato genético. Quizás tenga razón.

A lo mejor hace unos dos millones de años la interacción entre la mente y el cuerpo era más flexible, era distinta, ahora los únicos que cambian así son los insectos, acuérdate del colegio: larva, ninfa e imago. Se dice que hay algunas lombrices que, si uno las corta, al poco tiempo tiene dos gusanitos jóvenes, que tienen los dos la misma experiencia y memoria del gusano padre.

Pero ahí ya puedes ver la diferencia con nosotros. A lo mejor es porque al dividirnos cada uno se quedó al comienzo con una mitad del cerebro, así que creo que fui yo el que heredé el lado, por así decir, poético, aunque quiero decirte que el que está más interesado en ir al recital es él, no tanto para leer poesía, sino para refocilarse en el asombro de la concurrencia, ya que, como te decía al principio, tenemos más o menos treinta años ahora —y para exponer sus teorías, ojalá que no se lo lleven al manicomio—. Pero si es así, voy a tener más espacio en el departamento, que estaba lo más bien para mí antes, cuando vivía solo.

Pero no me tomes en serio, son bromas, cosas que se me ocurren. De los dos, yo soy el que tengo más imaginación e iniciativa, y por eso te anticipo que a los pocos minutos de que leas este email alguien va tocar el timbre de tu casa. No te asustes, como te digo, ahora me veo mucho más joven. 


Autor: Jorge Etcheverry Arcaya (Chile). Vive en Ottawa, Canadá. Es profesor de filosofía. Tiene una maestría en Lengua y Literatura Hispánica, además de un doctorado en Literatura Comparada. Perteneció al Grupo América y la Escuela de Santiago, agrupaciones poéticas chilenas de fines de los 1960. Textos suyos de poesía, prosa y crítica han sido publicados en diversos países en revistas y libros  impresos y virtuales, en castellano y traducciones al inglés, francés, italiano y portugués. Sus últimos libros son Clorodiaxepóxido (Chile, 2017); Los herederos (2018); Canadografía, antología de prosa hispanocanadiense (Chile, 2017), Samarkanda (Canadá, 2019), Outsiders, narraciones en inglés (2022). Recientemente, apareció en las antologías Wurlitzer. Cantantes en la memoria de la poesía chilena (Chile, 2018), Antología de la Revista Entre Paréntesis (Chile, 2018), Antología de la poesía chilena de la última década (Chile, 2018), Antología mundial de poesía: La papa, seguridad alimentaria (Bolivia, 2019); Anthologie de la poésie chilienne, 26 poètes d’aujourd’hui (Francia, 2021). Es colaborador y miembro del comité editorial de la revista Entreparéntesis, de Chile y Embajador en Canadá de Poetas del Mundo.

Ilustrador: Darío Cortizo Morelia (Michoacán, México, 1999). Estudió la licenciatura en Arte y Diseño en la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 2020 ha trabajado como ilustrador y caricaturista en revistas literarias. Sus principales temas de interés son el absurdo y el subjetivismo. Puedes seguir su trabajo en Instagram y Twitter.