Etiqueta: Escritores mexicanos

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Penitente – Poemas de Óscar Páez

Pintura: Ángel caído, de Alexandre Cabanel

Penitente

He aprendido a sostener mi fe,
con las pocas plegarias que aún no le ofrendo a mis muertos.
Desde este erebo vigilo mi propia sombra,
para que al avanzar no se abalance el miedo hacia mi rostro
y me deje como a mis demonios,
con una máscara de felicidad que ellos mismos no soportan.

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Luis Paniagua: la historia de un día y el derrumbe de un mundo

La poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos.

Eugenio Montale

La patria es pradera de corderos segados por el filo y el veneno (UNAM – Naveluz, 2019), más que ser el título de un libro de poemas, nombra el título de una historia. La palabra «patria», en este libro, es la cercanía de todos los días, es el habitar este mundo. Los poemas de Luis Paniagua son el desdoblamiento de un pensamiento íntimamente cercano a la naturaleza del mundo, la fuerza de la energía y de la magia que hay cuando se voltea a ver el cielo. ¿Por qué entender estos poemas como la historia de un día? Se trata, en principio, de la jornada que recopila todo: el día es el mundo. El comienzo del libro simboliza el inicio del día; el resto, el transcurrir de las horas y de los momentos del tiempo representados en el cielo.

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La meta – Cuento de Rodolfo Ruiz Vázquez

Alcanzó la azotea aupándose a un papalote que un niño echó a volar. Desde la cornisa, observó a las multitides desplazándose a un ritmo trepidante por la calzada. Quienes hasta entonces Chela viera teratológicos se habían convertido en seres diminutos aglomerados en una marabunta que corría veloz entre las dos bandas de edificios, a la manera de un río al fondo de un cañón. La diversidad cromática de los atuendos en continuo flujo le recordó las aguas contaminadas de aceite, tornasoladas en la superficie, que con frecuencia bajaban por las cunetas de la ciudad, y que para ella representaban caudalosos e insalvables torrentes. Separada de la marabunta por vallas de metal, sobre la banqueta efervescía un caldo de pañuelos, banderines y palmas batientes, el cual, sin embargo, se mantenía fijo al mismo punto.

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Cauces – Poemas de Dante Vázquez M.

Sala

Conduce el río al caimán. Es cierto, pero corriente arriba, 
sería peor; conduciría a los dioses que crearon al caimán. 

Eduardo Lizalde

I

A mediodía el sol reposa sonriente
en el sofá arlequín.
El invierno también trae consigo calor: 
uno a uno van llegando, 
en silencio o a carcajadas, 
los monosílabos de la familia. 
Un yo es un tú en un él,
que se multiplica en un ellas, 
y en un nosotros y en un ustedes, 
en el centro cristalino de la mesa 
sobre la alfombra avellana.