Etiqueta: escritoras mexicanas

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Brochazos de nostalgia: en torno a “Ya no tengo fuerza para ser civilizada”, de Iveth Luna Flores

El título se presenta como una afirmación contundente, en la que me reconozco de manera inmediata. Ya tampoco tengo fuerza para ser civilizada, y es posible que Iveth Luna y yo no estemos solas en todo lo ancho de esa oración. Me sumerjo en las páginas y poco a poco comprendo que, en un mundo de normas y maneras prefabricadas de ser o comportarse, no ser civilizada significa hacer un ejercicio de franqueza y vulnerabilidad.

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Un día después

A JP, Sofi y a otras personas que escuchan y cuidan

Despiertas poco a poco, cansada. Tienes como impulso desear buenos días a través del celular, pero algo te lo impide. Sientes una opresión en el pecho: se cumplió tu peor miedo. Recuerdas cómo, en la madrugada, se te subió por primera vez el muerto. Al menos no tuviste tanta conciencia, pensabas que era tu gata subiendo sus patas en tus costillas superiores. Quisieras compartir esa sensación por escrito, pero ya no puedes. Tardas unos minutos en volver a lo que sucedió la tarde del día anterior. Vuelve el golpe de realidad. Ayer por la tarde terminaron. El portal se ha cerrado. Ya no hay espacio para comunicar nimiedades. Aunque para ti no lo sean.

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Seis habitaciones del librero – Microrrelatos de Krishna Naranjo

Alimentar el desierto

El librero, en su primer ciclo, albergaba algunos ejemplares de literatura clásica. Tenía alguna idea de lo que eso significaba. Era una adolescente. Reservé, para el mueble, un sitial consagrado, el de cueva dentro de la selva del hogar. Como era un ente masculino cuyo semblante sobrio contrastaba con mi expectativa de cosmonave, lo poblé de águilas, cactáceas, hongos alucinógenos, piedras mágicas, silencios, cuencos sagrados y los libros de Carlos Castaneda, algunos de Krishnamurti, entre otros. Me prometí no tomarlos como parte de una tonta cultura libresca, pero fue justo lo que sucedió. En aquel entonces, no tenía interés para cuestiones racionales, sólo deseaba extender las alas del águila que habrían de pronunciarse en el vuelo infinito de la libertad.  

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Procedimiento íntimo para escalar una piedra – Relato de Melissa Tarabay

Ilustración de Regina Ulloa

Pierre qui roule, n’amasse pas mousse.[1]

Pedro. Del latín Petrus, viene del griego Petros que significa “piedra”. 

Noto el tiempo pasar cada vez que me asomo a la enorme piedra del jardín, y la observo llenarse de moho paulatinamente. Primero veo nacer una ligera mancha desde el rincón que sostiene su enorme peso. No he contado cuántas mañanas han pasado, sólo sé que el rocío matutino alimenta el fino camino de moho. Después de tres semanas, el costado derecho de la piedra está adherido a una mancha llena de vida. 

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Carmen Boullosa: la herida sigue abierta en su poesía

La herida está abierta. La armonía está rota y sólo queda la fantasía del orden de las palabras, así como la inspiración de los versos. Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954), escritora apasionada y poeta sagaz, desnuda la lesión, lacera, evita que cicatrice y provoca que continúe “cada día más viva a la manera de la llaga, / altiva y voraz”. Desde la visión fresca y pertinente de una nueva época, la colección Material de Lectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) recupera a una Boullosa inquebrantable pero frágil, franca pero esquiva, encendida pero cautelosa. Con esa cuidadosa recuperación, la herida queda a flor de piel, ahí, disponible para que cualquiera eche sal y disfrute del dolor.

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La muerta de la colonia Portales – Cuento de Joan Malinalli

El cuerpo de Minerva permanecía quieto en la orilla de la cama. Dos mujeres, confusas y trastabilladas, le sobaban el pecho y las manos, mientras otras dos corrían sin rumbo aparente alrededor de la casa. Buscaban un médico en los rescoldos del invierno, entre los montones de objetos antiguos. Telefoneaban, se nublaban, aullaban en silencio. No fue sino hasta que todo hubo terminado que una de ellas pudo al fin salir en busca de auxilio. Era tarde, o tal vez muy temprano. Eran quizá el cielo azul y sus nubes los que condicionaban el tiempo. La mujer entró en la habitación y escuchó un latido ilusorio debajo del metal redondo y frío. Entonces, pronunció las palabras y la más joven saltó desquiciada sobre el cuerpo, volviéndose de mar turbio como una pintura de Turner. Las otras la detuvieron, serenas, en sosiego, y ella se contuvo apretando el vacío con los dientes menguantes. 

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Bailar con

Collage de EpicAris

A María Ayala, Ana Aguilar, Manyanga y Yaceli

Para George Balanchine, el baile es la música hecha visible. Agregaría, también, que hay variaciones de esa visibilización de la música, puesto que en una canción puramente melódica puedes darle distintos grados de intensidad a los movimientos sin una clave que los implique necesariamente, o cuando hay varias bases de percusiones, puedes decidir atender a una o a otra con el cuerpo. El baile es lo más parecido y accesible a volar, en esa conjunción, ya que el patinaje artístico, el lanzamiento de paracaídas, el clavadismo o la gimnasia, son mágicos a los ojos del espectador, pero restrictivos para un gran número de personas que no pueden participar de esas actividades.

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Biomagnetismo – Cuento de Ana Torres

Por fuera la casa parece abandonada. Es una casita descuidada en una colonia que jamás había visitado. Ni mi mamá ni yo queríamos asistir a la cita, pero nos sentimos comprometidas. No pudimos decir que no, la cita la arregló mi tía, la favorita, la que ha estado pegadita a nosotras desde el diagnóstico. Me quiere ayudar. Nunca he creído en estas movidas, pero tal vez sea el momento de intentarlo. De alguna forma, el diagnóstico me pone en el dilema de intentar cambiar no sé qué, algo. Tal vez ese algo sea creer en remedios alternativos, y quizá sí creo, el proceso se me haga más sencillo. Mi tía cree en muchas cosas, su fe es diversa y dispersa. No siempre es devota a las mismas cosas y constantemente tiene una nueva rama en la cual experimentar.

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Relatos de una bruja – Celeste Orozco

Aroma

El aroma a bruja es siempre reconocible entre brujas. Una siempre sabe si hay otras en la cercanía, ya sea por el aroma o por la energía que cargan. El aroma a bruja consiste en el humo que desprenden los inciensos o los sahumerios, hierbas, especias y, a veces, comida. Aunque la combinación de todos estos aspectos parezca común y ordinaria, la verdad es que hay otro algo detrás de todos estos olores. Debajo del incienso y las hierbas, está presente el aroma crujiente y eléctrico de la brujería. Entiéndase “brujería” como el conocimiento del balance de la energía, una forma de espiritualidad y el conjunto de las raíces ancestrales que han trabajado con estos poderes durante décadas, entre muchas otras cosas que engloba.