Ilustración de Carlos Gaytán
Mi cuerpo es idea, abstracción y teoría hasta que se demuestre lo contrario. Mis placeres son praxis, fantasía y meta hasta que se muestren sus peligros.
Un panorama de amplio espectro en torno al fenómeno de la palabra escrita
Ilustración de Carlos Gaytán
Mi cuerpo es idea, abstracción y teoría hasta que se demuestre lo contrario. Mis placeres son praxis, fantasía y meta hasta que se muestren sus peligros.
Fotografía principal de Cartelera de Teatro
En un mundo dominado por la farsa, extrañamos la farsa del teatro. Aquel lugar en donde alguien más porta la máscara de nuestras preocupaciones, y que nos hipnotiza con una interminable danza de luces, escenarios, gritos y susurros, para exponer el infinito espectro de las pasiones humanas. Ahí donde la imperfecta realidad se cruza con la fantasía, es donde nace la magia del arte escénico.
Los cuerpos, no sólo los humanos, permiten nuestra existencia y convivencia en los distintos mundos que habitamos. Nos permiten compartir la tierra y los espacios; sentir el calor del sol y el frío de las mañanas. Nuestros cuerpos escalan montañas y atraviesan océanos. La física dice que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, ¿acaso el arte ha retado este principio?
De Tijuana a Matamoros, de San Diego a Brownsville, escritoras de diversas culturas y razas conforman una amalgama literaria digna de envidiarse en otras partes del mundo. Son pieles de una mujer: la escritora fronteriza.
Fotograma de Veinte pesos, tomado del sitio de Facebook del proyecto
El bombardeo digital está en ebullición, especialmente durante esta cuarentena. Mi sección de noticias de Facebook se ha atascado de publicidad y eventos próximos: desde cursos de Excel hasta conciertos en línea. Como siempre, hago scroll acostumbrado a pasar por alto todas las ofertas. Pero, sin pensarlo dos veces, me detengo en un evento que llama mi atención por nada en particular. Se trata del estreno vía YouTube de un cortometraje titulado Veinte pesos, escrito y dirigido por Silvia Tort. Resulta que cuatro amigos míos también dieron clic al botón “Me interesa” del evento, así que anoto el estreno en mi calendario y espero pacientemente.
«La vi. Filo de guadaña la luna.
La hierba a vértigo de selva sonaba.
La miraba, tan sólo la miraba.
Rayo era que refulge en la laguna,
una cósmica reflexión montuna,
perdida esquirla de una estrella brava,
luz maldita que del hombre secaba
las razones. ¡Oh, suerte cruel y bruna!
Porque lo bello no nos salva, no…
Era el horror ceñido de artificio,
ojos serenos que el diablo tomó
para hurtar el elixir de la mente.
No los mires que a través de su esquicio
está hacia la postrera sombra el puente».
Esa mañana Adriana entró a su apartamento sin más ambiciones que seguir viviendo la costumbre de su matrimonio. Cerró la puerta y notó que algo era distinto: el aire tenía notas de mandarina, de caramelo claro, de piel de durazno, con una acidez brillante y cuerpo medio. El aroma era violento y escandaloso, extraño y sensual, y envolvía cada rincón del apartamento. Era el aroma del café del Huila, recién molido y preparado, servido en una sola taza que estaba sobre la mesa del comedor, en el puesto de Mario, quien no esperaba que Adriana volviera tan rápido del supermercado. Rodeados de un ruidoso silencio y deslumbrados por el sol de septiembre, los esposos, incómodos y confundidos, entrecruzaron sus lejanas miradas, como dos amantes dedicados a desamarse hasta que la muerte los separe.
Como la mayoría de las mujeres que militan en el feminismo, no me levanté un día y dije: “El feminismo radical es lo mío”. Llegué a él después de leer, conocer a otras mujeres, investigar, saber que hay diferentes tipos de feminismos y crecer dentro del movimiento. Me enteré de que lo de “radical” no era por “extremista”, sino porque reconocía que la “raíz” de la opresión de las mujeres comienza con el género y los estereotipos ligados y, por lo tanto, su objetivo es guiar la lucha hacia su abolición. Coincidía con su pugna por la abolición del trabajo sexual y muchos otros de sus postulados. “Sí, éste es el mío”, me dije. Como mujer que se considera de izquierda, sus críticas al empoderamiento y al capitalismo me hacían sentir que finalmente había encontrado la postura política con la que me identificaba.
Ilustración de Carlos Gaytán
No es preciso apelar a la ficción científica para concebir un mecanismo de control capaz de proporcionar a cada instante la posición de un elemento en un medio abierto, ya sea un animal dentro de una reserva o un hombre en una empresa (collarín electrónico).
Gillez Deleuze
Zoom supone una transgresión al espacio privado. Las videollamadas existen para simular la presencia digital de otra persona. Un holograma 3D que irrumpe en la habitación, el home office o cualquier espacio en el hogar que cuente con silencio suficiente. Ayúdame, Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza. Pronto cualquier espacio será corruptible y el trabajo nos obligará a hacerlo en cualquier lugar y momento. De repente todas nuestras horas deben ser productivas. No hay espacio para el descanso. Por suerte Zoom tiene la opción de silenciar el micrófono y de apagar la cámara. Voy por una taza de café instantáneo. Rodolfo, ¿estás ahí?
Mi carne pesa como una piedra fragmentando el mar,
como una bacteria entrando en la quietud de un cuerpo sólido
perdiendo toda capacidad motriz.