Categoría: Letras

Un panorama de amplio espectro en torno al fenómeno de la palabra escrita

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La belleza hoy y… simplemente,la Belleza

Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias.

OSCAR WILDE

Mucho tiempo me quejé de la superficialidad de los millenials. Si no me hacían caso era, seguramente, porque no soy alto, atlético, guapo, ni rico. No me daba cuenta que el superficial era yo: la sociedad que así se comporta es tan profunda y se toma las cosas tan en serio como los fanáticos religiosos o los seguidores de la ética kantiana.

Su discurso es engañoso: alentados a la estupidez por el discurso de nuestro tiempo, se avergüenzan de su profundo compromiso con la ideología. Según ellos son libres, espontáneos: el amor tradicional es una forma de atarse, de limitar su placer, y a este mundo venimos, a fin de cuentas, a no quedarnos con las ganas de nada, a hacer  todo lo que queramos. Se vuelcan, pues, al placer inmediato y efímero: rinden culto a la imagen, a la riqueza. En este culto radica su profundidad: elevan los grandes senos, los cuadritos en el abdomen, la ropa de marca, a una dignidad metafísica. Ya lo dijo Marx en su análisis de la mercancía: no es el producto en sí lo que deseamos… la mercancía tiene un halo mágico, misterioso, como si se tratara de la famosa escalera de Platón al mundo de las ideas. A través de su consumo superficial de cuerpos y de marcas, buscan acercarse al mundo ideal de la felicidad, el comfort, la omnipotencia y, por supuesto, el placer, elevado a Dios. No son superficiales: no se fijan en la apariencia, sino en la concordancia de la apariencia con los imperativos de nuestra sociedad supuestamente «postideológica».

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Nuevo proletariado y felicidad

El capitalismo ha creado tanta precarización que tener un salario constante y un empleo parecen la prerrogativa de una minoría. Sin embargo, bajo qué condiciones existe el empleo y bajo qué referencias se percibe ese salario constante indican la clase social al que el trabajador se inscribe. En México, por ejemplo, se piensa al grueso de la población como parte de la clase media porque ha accedido a créditos sociales o privados con el fin de obtener vivienda, automóvil, electrónicos, etc. Camilo Ruiz, al contrario de Roger Bartra, opina que dicha clase media es un fantasma porque los criterios para definir a dicha clase eran los mismos que definían el proletariado hace cuarenta años. Entonces, el nuevo proletariado es aquella clase obrera que tiene crédito, por consecuencia, deuda.

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Entre la pérdida y el placer: muestra poética de Luriel Lavista

Hoy tenemos para ustedes una muestra del trabajo poético de Luriel Lavista, poeta mexicano de los 90. Ilustración de portada por Cecilia Saucedo.

 

Un único tiempo

                                                          

                                                                               Para el Guitarrista

 

inesperado despertar

ante las bocanadas

se hunde poco a poco

se enreda al sediento humo,

en su microcosmos

la mente burla otra visión

revolcado en la mirada embrutecida

por el azote de su propia exhalación,

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De Julieta y el recuerdo roto

A. Maldonado

El ser creador de un estilo condensado (y bien reiterado) a través de años de continua exposición puede ser un arma de doble filo. Un público impaciente de resultar complacido, vuelve a llenar las salas con un esquema referencial construido por el mismo artista mitificado.

De Escapada (Alice Munro, Premio Nobel de literatura 2014) se dan a la fuga Destino, Pronto y Silencio para ver el renacer de Pedro Almodóvar tras los enormes tropezones que fueron La piel que habito, y después unos poco aterrizados Amantes pasajeros. Julieta es el retorno del hijo pródigo que el melodrama extrañaba con el alma.

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Aurym Blues: la imposibilidad de estar solo

El hombre, solo frente a la naturaleza, crea. De esta creación, a veces, resulta la obra de Arte.

De manera análoga, el espectador de la obra de Arte, se encuentra inmerso en esta nueva naturaleza, que, como quería Borges, es una naturaleza creada por el hombre, creada para que la descifre el hombre: es decir, una naturaleza donde no está solo, porque dialoga con el autor. En esta naturaleza, el hombre es capaz de conocer a su Dios. Y es el espectador el que, ante los estímulos de esta nueva naturaleza, completa en su corazón la obra de Arte.

Este extraño proceso de recreación se hace más intenso en el caso del teatro, donde un grupo de artistas crean un universo a partir del universo creado por un dramaturgo o, como en el caso de la compañía que me ocupa, del universo creado por la música.

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Diego Rivera: héroe colectivo.

Al calor de una tarde dominical, bochornosa y húmeda, frente al constante campo de batalla de un grupo de hombres viejos, con las boinas recargadas en la oreja, dando sus mejores jugadas, parloteando entre queda y sonoramente los nombres de las grandes estrellas del tan amado ejercicio mental que llaman ajedrez, se deja ver el pequeño ―y nunca menor― Museo Mural Diego Rivera, casa del famosísimo Sueño de una tarde dominical.

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Susana de Babel (Poema ganador en el concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

Producto del antiguo testamento

que redactó en Babel Susana,

la mujer que no tuvo desnudez

y, que por tanto, nadie conociera,

es la palabra:

no la voz que se pierde en el vacío

de un agujero negro que fue estrella

nítida, azul, dorada;

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Hegel frente al mar (Poema ganador en el concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

HEGEL FRENTE AL MAR

Aufhenbung o la superación del Tiempo, 1805

No es para sí decir que este silencio sea falso o

verdadero, sino la sola luz inflame

de paciencia este momento;

no es siquiera eso cuanto dice una premisa,

una piedra o un suspiro, y no es a poco

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Fragmentos de una sombra (Cuento ganador del concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

Fragmentos de una sombra

Por Carlos Rgó

 

I

Detuve las manecillas del reloj para escribir el sueño de anoche. No he escrito ni uno este mes. Soy Victoria Escalera y desde niña preferí la comodidad de mi cuarto a una calle rodeada de sombras en el pavimento. La casa en la que aprendí a caminar y a leer era de color azul. Yo vivía ahí cuando llegaron tres nuevas chicas a la casa, hijas de la nueva familia de mi madre. Su llegada me hizo sentir que yo era la nueva. Jugábamos hasta el amanecer sin que nadie nos detuviera. Nuestras mañanas eran tardes y nuestros atardeceres la medianoche. Platicábamos encima de hojas blancas y colores de madera. La mayoría de las veces bastaba con dejar de ver un objeto o a una de las chicas para que una situación se transformara. Nos encantaba apagar la luz a los adultos en sus reuniones. Para nosotras, la oscuridad era la oportunidad de conocer otra cara de las personas. Nos mudamos cuando la casa empezó a perder su color. Desde el día de la mudanza he soñado un edificio con muros de librero: mi único sueño recurrente hasta ahora. Los libros en lo más alto del muro-librero preservan un misterio insondable para mí, lo mismo que los arquitectos que construyeron la escuela.

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Cecilia (Cuento ganador del concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

CECILIA

A Karla, por los maravillosos oficios

Tocabas sus ojos con el pensamiento. Ella alumbraba toda la casa. Su paso lado a lado en la alacena, los cuadros y las velas: mestizaje de luz infinita. Miraba el vacío con la infinitud de la que sólo tú podrías sentirte ausente. Dibujaba secuencias de placeres no gratos, ominosa costumbre. Se escondía en la sala mientras llegabas; luego, en las sábanas para dormir junto a tu pecho. El reloj golpeaba callado y entumecía la estrechez de tus manos.  Las tardes bajo el mundo transitaban de una a otra esquina entre sus piernas y la suavidad de su espalda. Tu deseo era el olor de una mañana entre su boca: tulipanes, vendimias y dulces de leche. Preguntabas sobre el misterio de tu piel en la suya, el sabor de sus labios: saliva más acida; ‘‘como una toronja disfrazada de fresa’’, decías y juntabas sus ruidos a los tuyos en un trémulo e insostenible puño antes de eyacular. A veces ella cerraba los ojos; otras, lloraba silente en el peso de la oscuridad.