Etiqueta: Psicoanalisis

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El sujeto en falta: los agujeros en el cuerpo de Bob

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Para Coyote y Carlos

A Slavoj Zizek le gusta ilustrar los puntos capitales del psicoanálisis lacaniano con la siguiente historia: un hombre se encuentra en una isla desierta con, digamos, Megan Fox. Luego de acostarse con él, Megan le dice que es toda suya y puede pedirle que cumpla cualquier fantasía, sin importar lo retorcida que ésta sea. El hombre le pide que se disfrace como su mejor amigo; Megan, desconcertada, acepta. El hombre se aproxima a su amigo, lo saluda entusiasmado y le dice: ¡Wey, no vas a creer lo que acaba de pasar! ¡Acabo de cogerme a Megan Fox!

El acto de escribir es, entre otras cosas, lo que tiene que hacer uno cuando lo que quiere leer no existe. Y como Slavoj Zizek no ha escrito ningún análisis lacaniano de la película de Bob Esponja, aquí me tienen.

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Travesía proustiana en vísperas de Navidad

El primer volumen de En Busca del Tiempo Perdido relata la historia de Swann, un tipo obsesionado con la historia del arte y con las mujeres; con las mujeres en el arte y con la historia de las mujeres de las que se enamora. Nada más placentero para semejante sujeto que enamorarse de una cocotte, una puta de alta categoría que se acuesta con hombres y mujeres, actividades éstas que lo mantienen muy ocupado: se dedica a la divertida investigación de los encuentros amorosos de Odette, la documentación de los lugares en los que ha estado, la recreación de sus relaciones en la imaginación, la evocación de todas las sonrisas, todos los gemidos, todas las palabras de las que se ha perdido…

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EL CULTO A LOS MUERTOS: EN LAS PROFUNDIDADES DEL LABERINTO

day_of_the_dead_display_at_disneylandCaminamos por las calles y viene al encuentro de nuestros sentidos una amplísima gama de estímulos: un ambiente festivo por doquier, disfraces de monstruos, de catrinas y catrines; en los mercados el dulce olor de las flores de cempazúchitl, los sahumerios, el pan de muerto, las calaveras de chocolate y de azúcar; el ambiente se llena de fiestas, los más pequeños piden su calaverita y los literatos que llevamos dentro salen del subsuelo a entonar cantos donde la flaca es la protagonista y va en busca personas o grupos que nos son queridos, si no es que de nosotros mismos. En México es común el sincretismo (si no es que el sincretismo de sincretismos) entre el Halloween y el Día de muertos. Sincretismo de sincretismos porque, si hacemos caso a las historias más difundidas, tanto Halloween como el Día de Muertos son el resultado de la mezcla entre tradiciones precristianas y cristianas, siendo el All Hallows Eve, y el Día de Todos los Santos domesticaciones de tradiciones celtas y de pueblos prehispánicos respectivamente. En nuestro país, en algunos lugares, especialmente en las zonas centro y sur, logran apreciarse aún ritos con rasgos indígenas.

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Razones para votar por Francis Underwood

No soy el único enfermo (espero) que se angustia cada vez que Francis Underwood, el despiadado protagonista de House of Cards, ve frustrados sus planes: cada que un periodista entrometido investiga sus asesinatos, cada que un político honrado se atreve a usar la ley en su contra o a frenar sus proyectos por alguna estúpida causa ética, cada que la impertinente de su esposa decide que ya se cansó de sacrificar su vida para que él pueda tener éxito.

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¿Qué hice para merecer un amor así? El verdadero discurso de La chica danesa

Para Susy

Dejando de lado el impecable trabajo actoral de Eddie Redmayne en La chica danesa, la Academia premió en su personaje el discurso políticamente correcto (y necesario) respecto a los derechos de las personas transexuales, el retrato del drama vivido por estos individuos que necesita ser representado para asimilarse en la sociedad (una de las virtudes del arte).

¿Qué se premia, además de su talento, en el personaje interpretado por Alicia Vikander? ¿Quién es Gerda Wegener, la esposa del exitoso pintor Einar Wegener, que al final de la película se ha convertido en Lili Elbe?

Sin soslayar la importancia del tema de la transexualidad en la película, sostengo que su verdadero valor (su valor de universalidad), reside en otra cosa, y que el personaje verdaderamente admirable de la historia es Gerda quien, en términos puramente estructurales, es quien lleva la acción dramática, frente a Lili que, en términos puramente éticos, no es un personaje demasiado admirable.

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No hay hombre que, fuera de su especialidad, no sea crédulo…

George Sylvester Viereck: Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. “Tout comprendre c’est tou pardonner”.

S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.

Sigmund Freud, bien leído e interpretado, puede poner en aprietos la mayoría de nuestras ideas. El psicoanálisis sostiene, entre otras cosas, que la misoginia es estructural de la psique masculina (¡y femenina!); que el ser humano y la cultura son incompatibles y que el significante supremo que organiza nuestro inconsciente es la figura del falo (aportación lacaniana, en sentido estricto). Como puede verse, Sigmund Freud puede hacerse bastante mala fama por sí mismo sin la ayuda de grandes figuras que nos remiten a su teoría.

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La belleza hoy y… simplemente,la Belleza

Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias.

OSCAR WILDE

Mucho tiempo me quejé de la superficialidad de los millenials. Si no me hacían caso era, seguramente, porque no soy alto, atlético, guapo, ni rico. No me daba cuenta que el superficial era yo: la sociedad que así se comporta es tan profunda y se toma las cosas tan en serio como los fanáticos religiosos o los seguidores de la ética kantiana.

Su discurso es engañoso: alentados a la estupidez por el discurso de nuestro tiempo, se avergüenzan de su profundo compromiso con la ideología. Según ellos son libres, espontáneos: el amor tradicional es una forma de atarse, de limitar su placer, y a este mundo venimos, a fin de cuentas, a no quedarnos con las ganas de nada, a hacer  todo lo que queramos. Se vuelcan, pues, al placer inmediato y efímero: rinden culto a la imagen, a la riqueza. En este culto radica su profundidad: elevan los grandes senos, los cuadritos en el abdomen, la ropa de marca, a una dignidad metafísica. Ya lo dijo Marx en su análisis de la mercancía: no es el producto en sí lo que deseamos… la mercancía tiene un halo mágico, misterioso, como si se tratara de la famosa escalera de Platón al mundo de las ideas. A través de su consumo superficial de cuerpos y de marcas, buscan acercarse al mundo ideal de la felicidad, el comfort, la omnipotencia y, por supuesto, el placer, elevado a Dios. No son superficiales: no se fijan en la apariencia, sino en la concordancia de la apariencia con los imperativos de nuestra sociedad supuestamente “postideológica”.