Opinión

No hay hombre que, fuera de su especialidad, no sea crédulo…

George Sylvester Viereck: Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. “Tout comprendre c’est tou pardonner”.

S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.

Sigmund Freud, bien leído e interpretado, puede poner en aprietos la mayoría de nuestras ideas. El psicoanálisis sostiene, entre otras cosas, que la misoginia es estructural de la psique masculina (¡y femenina!); que el ser humano y la cultura son incompatibles y que el significante supremo que organiza nuestro inconsciente es la figura del falo (aportación lacaniana, en sentido estricto). Como puede verse, Sigmund Freud puede hacerse bastante mala fama por sí mismo sin la ayuda de grandes figuras que nos remiten a su teoría.

Sigmund Freud puede hacerse bastante mala fama por sí mismo sin la ayuda de grandes figuras que nos remiten a su teoría.

En pasados días, Alejandro Jodorowsky ha generado polémica al recomendar a una de sus pacientes que encontraba difícil sentir excitación por su novio a quien amaba, pues había sido violada en su infancia, que “disfrazara a su novio como su agresor”. Ante las críticas recibidas, el famoso actor y psicomago explicó que “una violación puede ser agresiva o seductora si se trata de un incesto, puede despertar un Edipo”.

Como estudiante de teatro, me es imposible pasar por alto la importancia de este hombre en el panorama escénico internacional: como actor y director de escena, el mérito de Jodorowsky es innegable; el teatro mexicano no sería lo que es sin su influencia, y puedo defender, por lo menos, una de sus películas, El Topo, por la que siento gran admiración. Sin embargo, Jodorowsky no sólo ha incursionado en el mundo del arte sino también en el de la psicoterapia, desarrollando la famosa psicomagia, que busca, según sus declaraciones, dar un paso por delante del psicoanálisis, que se limita a señalar el problema sin proponer soluciones. A través de los famosos actos psicomágicos (de los que su consejo antes citado es un ejemplo), el paciente puede, según él, reelaborar el trauma y liberarse de sus efectos.

Durante mucho tiempo albergué en mi interior mis dudas respecto a la  validez de estos postulados. Sin embargo, con la desconcertante declaración del “maestro”, queda para mí completamente demostrada su incomprensión de los postulados más elementales del psicoanálisis, y aún de la psicología; incomprensión que es sumamente nociva para una doctrina que, desde sus inicios, ha sido vista con desconfianza. Puedo perfectamente reconocer la eminencia artística de Jodorowsky y su charlatanería terapéutica; la incapacidad de soportar las paradojas es, en palabras de Freud, la fuente de la neurosis.

Días después de desatada la polémica, me encontré con un desafortunado artículo titulado “Psicoanálisis, la teoría detrás de los disparates de Jodorowsky”, donde se desacredita violentamente la práctica psicoanalítica en base a las declaraciones del psicomago y un triste reduccionismo positivista. Como apasionado defensor del legado de Sigmund Freud y estando firmemente convencido de la vigencia tanto de su teoría como de su práctica clínica, no puedo permitir que este suceso contribuya a desacreditarlo.

Y es que, ¡ay!, Jodorowsky es conocido por muchas personas, que sin embargo, en su mayor parte, no conocen los verdaderos aportes del maestro, porque realmente puedo llamarlo así, sin comillas, para referirme a su producción artística, al menos en parte. Por otro lado, este aspecto trivializado del psicoanálisis es el que llega a la gente, y jamás el pensamiento de los verdaderos psicoanalistas, que diariamente contribuyen a la actualización de la teoría y su aplicación tanto en la clínica como el análisis de la  cultura. En esta nota de aclarar, dentro de mis posibilidades, el malentendido respecto a la declaración de Jodorowsky, esperando contribuir, siquiera mínimamente, a la valoración del psicoanálisis por parte de la sociedad.

El Complejo de Edipo es el término con el que Freud designa el triángulo en el que se ve envuelto el infante durante sus primeros años con respecto a sus progenitores. El infante ha sido lanzado a un mundo hostil que le niega cada vez más la satisfacción inmediata de sus deseos, que es la forma en la que vive en el útero de la madre y, en condiciones ideales, los primeros meses de su vida. El tiempo pasa y el infante tiene que afrontar la horrible realidad de que la madre no es toda para él… existe una barrera entre su deseo por ella y su posesión absoluta, que queda metaforizado en la figura del padre (Lacan corrige el biologismo de Freud al convertir al padre y la madre en figuras metafóricas que, dicho sea de paso, no tienen que ser hombre y mujer, ni siquiera, propiamente, padres de carne y hueso). El infante, por lo tanto, está dividido entre dos afectos: el amor apasionado por la madre y el odio hacia el padre, que finalmente supera al aceptar el principio de realidad, identificándose con el padre y transformando sus deseos sexuales en sentimientos de ternura.

Éste es el esquema básico pero, como he señalado, las figuras del triángulo son metafóricas y cambiantes dependiendo de la historia particular del individuo y de su predisposición genética. Si el individuo entra a la normatividad, deseará al progenitor del sexo opuesto y se identificará con el del mismo sexo… descubrir cómo se modifica el complejo de cada uno, es tarea a realizar por el individuo y su psicoanalista, si decide entrar en esa compleja relación.

Por lo tanto, es falsa la declaración de Jodorowsky de que la violación por parte del padre “despierta un Edipo”, aunque claramente genera una crisis en la manera que el sujeto experimenta su complejo.

No está alejado, tristemente, de la realidad psicológica al hablar de la seducción. Nadie puede negar hoy en día que la sexualidad existe mucho antes de la pubertad, y la capacidad de experimentar placer en el cuerpo es innata en el ser humano. El umbral de dolor y el umbral de placer están trágicamente conectados, y un acto de violación incestuoso conlleva siempre agresividad y seducción (y no agresividad o seducción, como sostiene Jodorowsky). El infante se ve terriblemente confundido frente a los afectos y sensaciones ambivalentes que le despierta el hecho: el adulto juega con sus sentimientos de amor, y en el acto de la violación despierta un fuerte dolor, pero también excitación, lo que lleva al niño a desarrollar un sentimiento de culpa que, eso sí, puede trasladarse a sus futuras relaciones en la edad adulta.

Precisamente esta coexistencia de excitación y violencia constituye el núcleo traumático de la violación, que aumenta considerablemente en el caso del incesto, pues el individuo, de alguna manera, ve “cumplido” su deseo (lo cual vuelve a ser metafórico: en el Edipo el infante no desea cogerse a su mamá o que se lo coja su papá, por la sencilla razón de que su mente no puede representarse propiamente una relación sexual, realidad que descubrirá mucho más tarde, si todo va bien.)

Por lo tanto, puede decirse que hay un acto de seducción, pero una seducción perversa y completamente inaceptable (y traumática.) En los testimonios de violaciones nos enteramos de que los  violadores generalmente se ganan la confianza y el afecto de sus víctimas, jugando con sus sentimientos y llevándolos a pensar que “ellos los provocaron”.

Baso mis observaciones en una atenta lectura de  la obra freudiana, y en los conocimientos que adquirí en la preparatoria de mi maestra de psicología, quien era además psicoanalista. Sin ser un experto en el tema, pues, sé lo suficiente para rebatir los argumentos del “maestro”. Quedo abierto, desde luego, a ser rebatido, o más bien corregido, por un verdadero experto en el tema.

Creo bastante probable que este artículo levante polémica en torno al psicoanálisis… pero al menos una polémica nacida de lo que  dice el psicoanálisis. Jodorowsky insiste en que su psicomagia no es psicoanálisis y que él está en desacuerdo con esta terapia; siendo el caso, como diría Sartre, constituye un acto de mala fe de su parte tomar los términos del psicoanálisis para justificar su teoría, sin dar un marco teórico ni completo ni adecuado.

¡Ay de nuestros tiempos de información digerida, de eclecticismo irresponsable! Los peligros de la filosofía barata, de la panacea del New Age que ni termina de ser Arte ni termina de ser Ciencia, y que falla brutalmente en su intento (por otra parte muy loable), de unirlas, puesto que sólo las abarata… pero eso quedará para otro artículo. Concluyo con una invitación a los lectores de explorar la verdadera obra de Freud: accesibles (y escandalosos) son sus Tres ensayos de teoría sexual, El malestar en la cultura, El porvenir de una ilusión y Tótem y Tabú (donde se explica ampliamente el origen del Complejo de Edipo).

“No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”. 

SIGMUND FREUD

Ángel Antonio de LeónAutor: Ángel Antonio de León Actor, director, dramaturgo. Escritor aficionado, amante de la belleza y el psicoanálisis; freudiano convencido y apasionado. Estudiante de la carrera en Literatura Dramática y Teatro en la UNAM.

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