Etiqueta: Cuento

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Noctámbulo || Cuento de Mayret Montiel

—Hemos pasado una tarde agradable—, dijo, dedicándole una galante sonrisa. Desde su punto de vista, todo había sido casi perfecto; habían salido a comer a un pequeño restaurante gourmet, y cabe mencionar que las viandas fueron lo menos interesante de aquella experiencia. En verdad se había sentido el hombre más afortunado sobre la tierra cuando la vio tomar su cuchara con tal delicadeza que parecía que al acercarla a su boca no estuviese probando el bisque de langosta, sino dibujando aquella pequeña curva que, dulcemente, se pintaba granate sobre su rostro. Cada pequeño gesto de coquetería hacía que su corazón saltara de gozo, olvidando así toda pena.

Después fueron a una galería de arte cercana: ella repasó todos los cuadros, se daba tiempo para admirar cada trazo, cada colorido punto con una minuciosidad demencialmente cautivadora; a él le fascinaban los comentarios elocuentes que ella solía hacer. No sabía describir la sencillez con la que soltaba una a una las frases más ingeniosas, ni tampoco podía reprimir ese leve suspiro cuando la notaba tan ensimismada en sus pensamientos. Lo cierto es que su inteligencia era incluso más atractiva que el lunar que podía verse en su cuello cuando ella se acomodaba el pelo de manera discreta, y vaya que ese diminuto lunar era toda una obra de arte. Logró convencerla de ir a tomar una copa en su terraza. No fue difícil en realidad. Él leía las ansias que había en sus manos de encontrarse por fin con las suyas.

Mientras charlaban sobre la terrible inmensidad del universo, la botella de vino se quedó poco a poco vacía y, con ello, la intensidad de sus miradas aumentó hasta que, sintiéndose confiado, la tomó de la mano, se acercó lentamente a su rostro y la besó con dulzura. En ese húmedo recóndito, encontró al fin el remedio para todo aquello que ensombrecía su alma; deslizó hábilmente una mano por su espalda. Estaba seguro de que ella cedería al fin después de pretenderla, como si se tratase de una dama: sin besos ni caricias, sin insinuaciones de ningún tipo. La había conseguido de una vez por todas, o al menos eso creía hasta que ella apartó su rostro, dejándole en la boca una especie de silbido sordo.

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Mi amigo || Cuento por Guadalupe Villagrán

Hoy cumplo dos meses encerrado en esta prisión por haber matado a quien fue mi gran amigo.

Aún al día de hoy la gente sigue sin entender por qué lo hice si lo quería tanto y menos entienden cuando les digo que aún lo quiero, fue mi único y gran amigo, pero decirles los motivos que me llevaron a hacer lo que hice no es algo que le contaría a nadie por respeto a su memoria; sin embargo, tengo que desahogarme aunque sea por escrito. Al terminar quemaré este documento y continuaré con mi sentencia en silencio, como hasta hoy.

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La mano - Aimeé Cervantes

Confesiones de mi oscuridad || Cuento por Tania Rocha

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

Por las mañanas, al despertar, cuando mi mente está despejada como un cielo sin nubes, imagino cómo habría sido mi vida de haber crecido en una ciudad. Otras veces cambio a mi familia y algún otro factor de nuestro entorno, como nuestra situación económica, por ejemplo. Las variables se alternan creando resultados posibles en una espiral infinita e invisible.

A veces soy consciente de lo improductiva que resulta tal actividad, no sólo porque no puedo regresar el tiempo e imponer mis variables, sino porque tengo la certeza de que no cambiaría mucho de mí o de alguien. Pienso quizá que hay algo ya dado en nuestra esencia, algo que forma tu visión de la vida, más allá de la bondad y la maldad: es el énfasis, luminoso o sombrío, brindado a los sucesos. He visto hombres que llevan una vida tranquila y agradable pero con una mirada apagada, además de mendigos con una mirada brillante, con hambre de pan y ansias de vida.

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Enigmas de la noche fría (I) || Nocturlabio Ediciones

No soy un gran lector del tema policíaco, pero soy un arduo y exigente lector de cuentos, un género tan propio de nuestra América, y en donde tengo la intuición que se ha abierto paso de manera prolifera, pero con una marca muy propia de estas jóvenes naciones: el misterio y terror son mantos que forjan los entramados narrativos.

Nocturlabio Ediciones, joven editorial mexicana, ha conseguido lo que puede resultar complicado: hacer una buena antología de cuentos. Con el boom editorial que se arrastra desde el estallido latinoamericano de las letras, allá por mediados del siglo pasado, la literatura ha entrado en una crisis genérica, pues a veces parecemos preocuparnos más por la venta que por la difusión del objeto textual. Peor aún, queremos clasificar por supuestas “especialidades” de las casas editoriales, y no por el contenido estructural del texto.

Enigmas de la noche fría, como se titula la antología que reúne a los autores Amanda Espinosa, Jorge Estrada, Mariana Figueroa y Héctor Vizcarra, y coordinada por Elik Troconis, me ha dejado un buen sabor de boca. El ordenamiento de los textos me parece certero, los momentos de tensión son audaces y el universo compartido una innovación fresca. Habrá ciertos errores, quizá en construcción sintáctica o con descuidos en el habla, pero se vuelven menores ante los precisos aciertos que obtiene la obra publicada. Confío en que la antología, un almanaque rojo y ficticio de aquella oscura y fría noche de abril, sea el principio de una buena racha de valientes propuestas de lectura para un público amplísimo. Les deseo suerte.

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La entrega || Cuento por Tomás Emilio Sánchez Valdés

A Paula

Se acerca el enamorado a ella, la amante. Pone frente con frente y siente la humedad salina que desprende de la boca. La amante recibe el calor de su cuerpo en medio de la oscuridad. El cuerpo de él arde y late; su frente la quema como si estuviera enfermo. Las manos se deslizan entre el torso y el brazo de ella; y lento, como si dejara su mejor firma en un papel, el enamorado apoya sus labios en la abierta boca de la amante. Pasa los dedos tomando su sudor, se aparta y la mira llevándoselos a la boca.