Etiqueta: Crónica mexicana

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Dolores compartidos

Ilustración de Ylia Bravo Varela

En los pocos momentos de tregua que nos brindó esta infinita pandemia, descubrí un método infalible para socializar en reuniones: hablar sobre mis enfermedades, dolores, condiciones corporales y experiencias médicas. Si tienes más de veinticinco años, sufres de ansiedad pospandemia y ya no quieres hacer small talk, pruébalo: introduce de forma casual en la conversación algún padecimiento que te aceche en ese presente o del pasado reciente. Por cada una de ellas habrá alguien que empatice o tenga un pesar parecido; también puede que no sepa lo que es pasar por algo así, pero conoce a alguien que sí. Las probabilidades son altas. No sólo generará lazos más interesantes que los que se darían por hablar con alguien de la vida de conocidos en común o el tema del momento, sino que habrá un beneficio para ambas partes: intercambio de vivencias con especialistas. Porque sí, a los veinticinco queda atrás el pasado infantil de intercambiar estampas del álbum del mundial o de la nueva película de Harry Potter.

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Suspendida entre dos ruedas

Ilustración de Ximena Brócoli

Parte I: La vida y mis bicicletas

que pedaleo y me alejo de los problemas…

Mariano Blatt

Tomo el dobladillo de mi pantalón y con mis dos manos lo enrollo hasta que ya no da más de sí y queda a la mitad de mi pantorrilla derecha. Es precaución, pero también un lenguaje secreto y compartido que porto con alegría. Corroboro si todo está en orden, me ajusto el casco, me incorporo y dejo de tocar el suelo. Sólo vuelvo a pisar el asfalto cuando mi pie derecho se posa en la banqueta de un semáforo que interrumpe mi marcha. Así es más fácil frenar, pero, sobre todo, agarrar el impulso para continuar.

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Resistencia en el último vagón

“Globalmente, se puede tener la impresión de que casi no se habla del sexo. Pero basta echar una mirada a los dispositivos arquitectónicos, a los reglamentos de disciplina, y a toda la organización interior, para comprobar que el sexo está siempre presente”.

Michel Foucault

I

Estaba anocheciendo y debajo de la banqueta había un montón de basura inorgánica apilada junto a una coladera. La calle estaba repleta de comerciantes informales que exceden el precio de los productos para alimentar a los suyos. Compré una botella de agua natural para combatir los efectos de la cruda que tendría al día siguiente e ingresé a la estación Balderas. El metro de la Ciudad de México es visto por muchos como un ente que engulle miles de personas cada día y devuelve seres grises y sin esperanzas. Esa tarde había excedido el consumo de cerveza recomendado. Eran las siete y media de la tarde y la hora pico parecía terminar gradualmente. Yo debía transportarme a Potrero. Pude hacer las cuentas a pesar de mi embriaguez: eran cinco estaciones las que tendría que sufrir.