Etiqueta: Belleza

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Discursos poestéticos || Emilio Paz

Pequeños poemas en prosa sobre la belleza y la poesía

I

La belleza germina
al igual que un poema:
germina sobre el monte de goce
de una mujer que espera por el sexo
de su amante, de su adalid,
de su caballo salvaje.

II

La belleza posee un austero desenlace:
la muerte.

Esta no priva la revelación de la belleza
sino que revela los dientes amarillos
de una osamenta que no deja de sonreír.

III

La poesía tiene un engaño,
puede aparecer en aquellos que son malos poetas,
en aquellos que son abusadores,
en aquellos que golpean a sus hermanos.

Y a pesar de la miseria del corazón,
la poesía sigue siendo bella.

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Travesía proustiana en vísperas de Navidad

El primer volumen de En Busca del Tiempo Perdido relata la historia de Swann, un tipo obsesionado con la historia del arte y con las mujeres; con las mujeres en el arte y con la historia de las mujeres de las que se enamora. Nada más placentero para semejante sujeto que enamorarse de una cocotte, una puta de alta categoría que se acuesta con hombres y mujeres, actividades éstas que lo mantienen muy ocupado: se dedica a la divertida investigación de los encuentros amorosos de Odette, la documentación de los lugares en los que ha estado, la recreación de sus relaciones en la imaginación, la evocación de todas las sonrisas, todos los gemidos, todas las palabras de las que se ha perdido…

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“La belleza no es todo, es lo único”: The Neon Demon de Nicolas Winding Refn

Charles Baudelaire en Les Fleurs du Mal escribió  “Himno a la belleza”, poema en que la voz lírica se pregunta si la belleza es divina o infernal, si trae crimen o beneficio porque la beldad platónica y medieval concebía los rasgos bellos como una manifestación de la pureza del alma y de las virtudes vertidas en la mujer. Aunque dice Baudelaire que la hermosura es motivo de dolor para quienes no la tienen y desean en vano la satisfacción mediante el arrobamiento por el objeto deseado. The Neon Demon  puede sintetizarse en la siguiente estrofa del poeta maldito:

Caminas sobre muertos, Belleza, y de ellos te ríes;
el horror, de tus joyas no es la menos hermosa,
y el crimen, entre todas tus costosas preseas,
danza amorosamente sobre el vientre triunfal.

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La belleza hoy… y siempre, la belleza por Nullius Ectopos

Una de las razones por las que confundimos ciertas cosas se debe a que no comprendemos la estructura del mundo. Sabemos que el bien puede causar mal y viceversa, por eso solo tomamos partido en aquello que se ajusta a nuestro interés. Leía hace poco un ensayo en el que no dejaba claro lo que se quería argumentar. El autor centraba su crítica en torno a la belleza física y su elección, luego hablaba del amor y finalmente confundía la belleza con la variedad (en este caso citaba a Lope de Vega cómo si fuera fundamental tener un soporte para tal equivocación) el ensayo terminaba dedicándoselo a un enamoramiento físico. Después hacía referencias a Marx, Platón, y no sé a cuántos filósofos. Su sustento en estos filósofos estaba lejos de ser una interpretación correcta. Más que ser un ensayo que intentaba aclarar el problema de porqué deseamos la belleza exterior en contraposición con la belleza interior, sentía en sus palabras un problema de personalidad: este autor no podía aceptar ser lo que es. Es por ello que centro mi atención a la primera línea expuesta en este ensayo: No comprendemos la estructura del mundo.

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La belleza hoy y… simplemente,la Belleza

Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias.

OSCAR WILDE

Mucho tiempo me quejé de la superficialidad de los millenials. Si no me hacían caso era, seguramente, porque no soy alto, atlético, guapo, ni rico. No me daba cuenta que el superficial era yo: la sociedad que así se comporta es tan profunda y se toma las cosas tan en serio como los fanáticos religiosos o los seguidores de la ética kantiana.

Su discurso es engañoso: alentados a la estupidez por el discurso de nuestro tiempo, se avergüenzan de su profundo compromiso con la ideología. Según ellos son libres, espontáneos: el amor tradicional es una forma de atarse, de limitar su placer, y a este mundo venimos, a fin de cuentas, a no quedarnos con las ganas de nada, a hacer  todo lo que queramos. Se vuelcan, pues, al placer inmediato y efímero: rinden culto a la imagen, a la riqueza. En este culto radica su profundidad: elevan los grandes senos, los cuadritos en el abdomen, la ropa de marca, a una dignidad metafísica. Ya lo dijo Marx en su análisis de la mercancía: no es el producto en sí lo que deseamos… la mercancía tiene un halo mágico, misterioso, como si se tratara de la famosa escalera de Platón al mundo de las ideas. A través de su consumo superficial de cuerpos y de marcas, buscan acercarse al mundo ideal de la felicidad, el comfort, la omnipotencia y, por supuesto, el placer, elevado a Dios. No son superficiales: no se fijan en la apariencia, sino en la concordancia de la apariencia con los imperativos de nuestra sociedad supuestamente “postideológica”.