No recuerdo cuántas fueron – Cuento de Ailton Téllez Campos

La señora Martínez, casera del edificio, había entrado a mi departamento, ya que el olor a carne echada a perder que salía por debajo de la puerta la obligó a reclamarme, aunque se llevó la sorpresa de que todo se encontraba en orden. Sin embargo, mi aparente ausencia y el penetrante olor que había alrededor no la detuvieron para ahondar por cada rincón de la sala.

Tiempo atrás, platicando con algunos vecinos, supe que la señora Martínez era una mujer entrometida y excesivamente limpia, por lo que siempre se le veía en frívolas pláticas en los departamentos de sus inquilinos, principalmente en donde rentaban parejas con niños. Al ver una simple marca de crayón en la pared, la mujer ponía de manera apresurada el letrero de DEPARTAMENTO DISPONIBLE.

La primera y última vez que platiqué con la señora Martínez fue cuando estábamos haciendo el trato de la renta.

—¡Con que eres guionista! ¡Vaya, qué sorpresa! Fíjate que mi sobrino Óscar está estudiando cine en España, y el muy vivo quiere armar una productora aquí en México, pero sólo está esperando a que le llegue una buena historia que valga la pena producir.

Yo llevaba, hasta ese momento, tres años de haberme graduado de la carrera de Cinematografía, mientras me dedicaba a escribir capítulos de telenovelas para subsistir. Así, al escuchar sobre el proyecto del sobrino de la señora Martínez, me pareció gran idea contarle, con voz esperanzadora, sobre un guion de largometraje, en el cual me pegaba fuertes desveladas por escribir mínimo tres páginas cada noche. Hasta cierto punto, no comprendía por qué la señora Martínez me escuchaba con atención. Sin embargo, era algo que disfrutaba.

—Suena interesante todo eso que me cuentas. ¿Y no te gustaría regalarme una copia? Digo, para cuando vuelva mi sobrino se la podría entregar.

—Con gusto lo haría, pero aún faltan algunas cosas por afinar. Cuando lo tenga listo, me encantaría entregárselo personalmente.

—Está bien. Aquí tienes tu recibo —dijo tajantemente. Al parecer no le gustaba que le negaran las cosas. Después de ese día, no volvimos a platicar. El plan de conocer a Óscar, su sobrino, se cayó.

Mientras tanto, la señora Martínez seguía husmeando mi sala hasta que se detuvo frente a mi escritorio. Ahí se encontraba una copia impresa del noveno tratamiento del proyecto que, al parecer, le había negado leer. Una noche antes lo había dejado listo para registrarlo. Con la curiosidad a su lado, la señora Martínez no dudó ni un segundo en tomarlo.

En un abrir y cerrar de ojos, gracias a su tía, ese joven con ambición de levantar una película en su país natal estaba a un paso de comenzar su carrera como cineasta con la historia que me había hecho consumir, por varias noches, pastillas contra la somnolencia.

Por lo mientras, en el momento en el que la entrometida señora Martínez salía de mi departamento con mi guion bajo el brazo y balbuceando cada palabra con la cual iba a reclamarme por la fetidez del lugar, yo llevaba cinco días pudriéndome debajo del lavamanos del baño. Simplemente porque me había pasado por una o dos pastillas. La verdad no recuerdo cuántas fueron, pero ese día necesitaba seguir trabajando hasta tarde.


Autor: Ailton Téllez Campos (Veracruz, México, 1998). El interés por contar historias, lo ha llevado a formarse como realizador audiovisual independiente, llevando a cabo dos cortos documentales: ¡Mucha Mierda! (2019) y Eduviges (2022), al igual que el desarrollo de guiones de cortometraje de ficción, sketches de comedia y la entrada al mundo literario con la escritura de cuentos.