Etiqueta: Poesía Argentina

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Apuntes de una intérprete || Poemas de Antonella Pallini Zemin

Muñequita

ella estaba hecha completamente de cristal
uno no podía acercársele y respirar cerca
porque se podía quebrar
estaba alto, como esas vitrinas que uno
no alcanza a ver bien
y ahí arriba un poco brillaba y un poco no
ella tan de cristal y yo tan de carne y piel
que si me acercaba podía resquebrajarse y
las astillas se me clavarían en mi piel
blanda y titubeante ante la vitrina

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Colección || Poemas de Rubén Valle

El que viene

A usar tu lengua vienes…

 Macbeth a un mensajero, William Shakespeare

Maten al mensajero, pronto maten al que vino
a decir que Rimbaud desembarcó de su ausencia,
al que jura que la palabra de Sor Juana sabe tan dulce
como un pezón de luna. Maten al impostor, al que aún bebiendo todo
el aguardiente puede recitar sin respiro un palíndromo, dejarse amar
por cien mujeres y recordarlas brutalmente tan sólo con olerlas
en la penumbra. Maten al malvenido, al inesperado, al homérico.
Ciérrenle la puerta en la cara antes de verlo erguido como un lirio.
No podrán resistirlo, les dirá cómo olvidarse de lo que nunca fueron,
los dejará en medio del círculo, los invitará a un banquete de sombras.
Maten al mensajero, al palomo malherido, al desbocado juglar
de las tabernas que apestan de solos. Pónganle hartas piedras,
ciérrenle el camino, háganle un pozo de silencio hasta que caiga.
Niéguenle la soga el salmo la rosa el orgasmo, sobre todo la mirada.

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Besos con dueño || Poema de Bethany Tudor

¿Qué haré con los besos que se me deshojan,
que se me desgarran,
que se me caen?
Como hojarasca reseca pululan
y se amontonan
y se reproducen
y se agrandan
en la comisura de mis labios,
en la vertiente de mi alma,
en todos los latidos
que no doy, en cada palma
que se añeja.
Porque los segundos pasan
impertérritos, asfixian
al punto de la locura y escapan.
Se van
como tú que no tienes destino,
que huyes sin saber camino
Y aún así te persigue el desatino.
Se desmoronan
mis besos, de pirámides que colisionan,
de bombas que estallan,
de tierra y agua que en una se funden.
Sí, tal vez desvarío.
Tal vez la culpa es del río
Por mecerte cual balsa
perdida y solitaria
y yo aquí esperando(te) en la orilla.

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Imaginación(es) || Poemas de Luis Benítez

Revelaciones

Alexander Graham Bell arrojó al futuro
esta pequeña cosa que llevo en el bolsillo,
que me espera paciente en un rincón de la casa,
que me acecha silenciosa todavía en la oficina:
ha colonizado el mundo con voces que no son suyas
y nos obliga ruidosamente a contestarlas.
Contengan la noticia horrenda o la venganza que nos dibuja
un rictus que no reconoceremos nunca ante los otros;
sean el aguijón de nuevas urgencias o breves palabras
que serenan y apaciguan, él las trasmite igual
que a la cobarde amenaza que no tiene un rostro,
los saludos inútiles en cada aniversario o el estúpido
intento de vendernos interminablemente algo.
Indiferente a lo que dice su micrófono,
lo lleva a miles de kilómetros para que inevitablemente lo reciba alguien,
como un bombardero atento sólo a la puntual
entrega de su carga que cambia las cosas para siempre.
Quizá su placer desde hace un siglo sea engañarnos
creyéndole que hablamos con los vivos,
cuando al teléfono exclusivamente lo hacemos con fantasmas.