Etiqueta: Literatura Española

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Cuando se encuentran las palabras: Homenaje a la poeta Julia Uceda

Parece que la vida no se cansa de demostrarnos que hay geografías en las que las aguas de sus ríos llevan disuelto el mineral de la poesía. Es por esto que quienes la han bebido desde hace siglos regalaron al mundo una fuente de la que brotan poetas y más poetas como un chopo de palabras cristalinas de tornasoles.

Hay en Andalucía una predisposición por la creación poética; y no me refiero a que no exista en ningún otro sitio, pero en la tierra de Luis de Góngora, Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado se respira aquel ingrediente mágico que Federico García Lorca cristalizó en América como duende. Y coincido con Lorca en que México y España son territorios poéticos en los que nuestras vidas aprendieron a andar de la mano de la muerte, por eso le cantamos y bailamos con ella. La latencia de la muerte, como una sábana de nubes que mantiene en calor de la irónica vida, es el firmamento de la poesía andaluza.

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Federico García Lorca y Galicia

De Galicia os simiterios
cos seus alciprestes altos,
cos seus olivos escuros
i os seus homildes osarios,
todos de frores cubertos,
frescos coma os nosos campos,
pocas mañáns malencónicas
e nas tardes solitarias
cando o sol poniente os baña
co seu resprandor dourado,
cheos dun grande sosego
parés que que nos din, «¡Durmamos!»
ROSALÍA DE CASTRO

A mi muy querida Tamara Pérez Permuy, la gallega más mexicana del mundo.

Imágenes: Federico García Lorca en Betanzos, Galicia.

Imagínate que llegas por primera vez a Santiago de Compostela… Imagínate que eres un joven granadino que toca el piano y que tiene aspiraciones a escribir literatura… Imagínate que es 1917 y que tu voz poética interior tan dorada por el incansable sol de Andalucía se encuentra de tajo con el cielo de Galicia…

Entre 1916 y 1918, durante un viaje pedagógico organizado por el profesor Martín Domínguez Berrueta de la Universidad de Granada, Federico García Lorca llevó consigo lo que puede nombrarse como un diario literario de viaje en el que se puede encontrar una mirada de subjetivación paisajística de alto tono poético. La mayor parte de la crítica ha dedicado sus páginas a la poesía y al teatro del poeta de Granada. No obstante, sus prosas —entre las que se encuentran numerosas conferencias, entrevistas y este maravilloso diario, Impresiones y paisajes— han gozado de menor atención. Afortunadamente, con el paso de los años se están realizando más estudios sobre esta otra cara del multifacético autor de Poeta en Nueva York.[1]

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El fuego dual || Cuento por Eduardo Viladés

Sonsoles me contó el otro día cómo había transcurrido la última sesión en la consulta de su terapeuta. Me habló de la doble llama que debe darse en toda relación amorosa, requisito indispensable para que esa aventura que se establece entre dos personas crezca y se fortalezca. Mencionó grupos de palabras que hacía mucho tiempo no escuchaba: pasión y empatía, lujuria e ilusión, deseo carnal y escucha, lascivia y entendimiento, concupiscencia y amor desinteresado.

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Cerremos filas

El 1 de abril de 1939 culminaba una de las más grandes tragedias de la historia contemporánea: las tropas de un dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme, apoyadas por las dos figuras del fascismo italiano y el nazismo alemán, ponían fin a una maravillosa gesta de las democracias modernas. Los gobiernos del Reino Unido, Francia y la Unión Soviética decidieron voltear hacia otro lado, abandonando así a un régimen democráticamente electo, cuyas intenciones —lo dice el célebre historiador Paul Preston y yo lo secundo respetuosamente—, para bien o para mal, fueron siempre sacar a España de una vorágine ideológica. 

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‘La estela que dejó Federico García Lorca’: Rafael Alberti

[…] una noche, en sueños, se me presentó Federico, como subido de la profundidad de la tierra, para verme. Estaba muy envejecido. Parecía que hubiera seguido cumpliendo años, físicamente, durante todos aquéllos después de su muerte. Pensé que tal vez ascendía del barranco en donde fue arrojado para reconciliarse conmigo —¿sería eso?— por las mínimas e inocentes rencillas literarias que alguna vez pudimos haber tenido.

Rafael Alberti

Hurgando de nuevo por las memorias de Rafael Alberti, quise dar continuidad a la columna anterior, en la que me subí a las ramas de su arboleda perdida para pintar cómo Rafael conoció a Federico. Ahora, en esta peineta de la ene de agosto, me inspira escribir sobre un suceso que marcó la vida de Alberti de igual manera como cuando se encontraron por primera vez estos dos poetas andaluces; me refiero, por supuesto, a cómo afectó el asesinato de Federico a Rafael.

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‘Cuando conocí a Federico García Lorca’: Rafael Alberti

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria,
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.
Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso le esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida.
 

«Elegía a un poeta que no tuvo su muerte»
RAFAEL ALBERTI 

La arboleda perdida de Rafael Alberti, magnífico poeta y dramaturgo, suele mencionarse como las ‘memorias’ del poeta gaditano. Probablemente sea ésta la manera con la que Rafael llamaba a este conjunto de libros en los que, a guisa de retrospección, escribía su historia de vida, sobre aquél que había sido en el pasado. En este texto mi prioridad no es disertar sobre un posible estatuto genérico de La arboleda perdida como una autobiografía en partes y no como la conocemos mayoritariamente, como memorias. Sin embargo, esta discusión es muy interesante y fecunda para escribir muchas páginas sobre su menester en el futuro. Será en otra ocasión.

En ésta traigo al presente un momento maravilloso para la literatura española del siglo anterior que quedó inmortalizado en el segundo libro de La arboleda perdida: aquel día de octubre de 1924 en el que, como dos fuerzas tan grandiosas y potentes como un huracán masivo y un volcán eruptivo colisionando, se conocieron Rafael Alberti y Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

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Manuel Altolaguirre: un poeta ‘excepcional’

Tenía cara de poeta escandinavo —Bolin era su segundo apellido—, el pelo alto, en caracolas; la boca sonriente, siempre dispuesta para la gracia. Parecía todo él un ternero escapado del limbo, una rara invención angélica extraviada en la tierra.
RAFAEL ALBERTI

A Yetlanezi, poema de mi vida…

El próximo 29 de junio se cumplirán 114 años del nacimiento de Manuel Altolaguirre Bolín (Málaga, 1905-1959), poeta que perteneció a la llamada Generación del 27.

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Un libro para la impureza: Los peces de la amargura

Escúchanos, Señor, protégenos de la maldad
y líbranos de toda mancha del alma

La impureza es, según la segunda acepción de la RAE, la “materia que, en una sustancia, deteriora alguna o algunas de sus cualidades”. Mísera contaminación que irrumpe un estado de perfección. Mezcla, degradación, deterioro. Sustancia indeseable.

Los peces de la amargura, libro de Fernando Aramburu, abre justamente con una emblemática dedicatoria dirigida a la impureza, una frase demoledora que planta cara a una de esas palabras desgastadas por el tiempo, que cargan a cuestas la historia de una cultura y una ideología creyente de las esencias puras y perfectas.

Dedico este libro a la impureza

Fernando aramburu