Etiqueta: Literatura ciencia ficción

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Ciencia ficción y la caída del sistema: “La Máquina se detiene”, de E. M. Forster

Una habitación hexagonal bajo tierra cuya decoración ha sido reducida a varios paneles de botones para accionar comodidades. Luz, cama, aire fresco, baño, ducha, música, comida, toda necesidad es satisfecha por la Máquina en el confortable entorno de seis paredes que en conjunto asemejan un panal construido para abejas reinas. El mecanismo es tan perfecto que termina por mecanizar a sus habitantes.

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Silabergs – Microrrelato de Juan Carlos Arce

Los Silabergs, ese grupo social al que el crecimiento explosivo de la comunidad relegó a los suburbios, seres inteligentes de barbas lacias y serenidad en los rostros, tribu de antaño golpeada y discriminada cuyos hábitats fueron devorados por espantosas y desordenadas colonias de interés social construidas por el gobierno, comenzaron a involucrarse, con los escasos recursos que les daban sus trabajos de asistencia en ingeniería, en la compraventa y construcción de drones. Al paso de los años construyeron algunos tan grandes que cabían casas dentro. Preocupados siempre, y cuidadosos con las leyes para que la velocidad o dimensiones de los drones no fueran afectados por ellas, no pasó mucho tiempo para que sus viviendas se desplazaran en grupos de tres o hasta cinco juntas.

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Estela y la bruma || Cuento de Edgar Navarro

Cuando termine de escribir, se habrá roto el vidrio de contención y todo habrá terminado. De todos los escenarios que imagino, preferiría ser convertido en ceniza, pero temo que, de todas las muertes que hubo, aquella bruma fúnebre del otro lado del vidrio se amoldará a mi ser para que padezca una agonía meticulosa. Ya siento arena reptando entre los hemisferios cerebrales, cómo se zarandea mi mente de un lado a otro, cómo se desecan los pliegues de la percepción y la memoria. Ya veo cómo, del muñón donde debería estar mi mano izquierda, sobresale un bolígrafo plateado con el que garabateo estas líneas…

Estas visiones se intensifican; hace unos minutos, bastaba con cerrar los ojos y mis cuatro extremidades tenían forma de brazos y piernas; ahora, pestañeo y brotan raíces de árbol debajo de mi cintura y un ala de quiróptero, unidad a mi cuerpo, aletea. Para que mi mente no salga expulsada de mi cráneo, me apoltrono adonde estoy sentado y tenso la espalda.