Etiqueta: cine clásico de hollywood

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Gay, «pero no demasiado»

“Estamos hartos de ver esos estereotipos del mariquita gracioso en el cine y la televisión, que nadie toma en serio”, dice el activista por los derechos LGTBI Gabriel J. Martín. En efecto, durante muchos años, la representación de los hombres homosexuales en la gran pantalla ha estado exclusivamente ligada a la pluma o al amaneramiento. ¿Qué papel ocupa ésta en la reivindicación del colectivo? ¿Se debe entender el estereotipo del sissy, presente desde el cine clásico de Hollywood, como una reducción simplista fruto de la ignorancia? ¿U oculta algo más?

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«Los hombres de verdad llevan pantalones»

“No existe ninguna sociedad que pueda sobrevivir sin hombres fuertes. Oriente lo sabe. En Occidente, la feminización constante de nuestros hombres al mismo tiempo que se enseña marxismo a nuestros hijos no es una coincidencia. Es un ataque directo. Devolvednos al hombre varonil”. Así hablaba la bloguera Candace Owens sobre la portada de Harry Styles para la edición de diciembre de 2020 de Vogue, en la que el cantante aparecía con falda. Esta reacción, lejos de ser una anécdota aislada, ejemplifica la incomodidad de nuestra sociedad ante los hombres que abrazan su feminidad sin tapujos. Un hecho a priori tan superficial como la elección del atuendo se convierte en destrucción de unos principios considerados inmemoriales e inamovibles. Si hacemos memoria, recordaremos que griegos y romanos, sobre los cuales se ha construido la cultura occidental, llevaban túnicas. Mucho más tarde, “machos” de la talla de Charlton Heston lucieron dichas prendas en péplums como Ben-Hur (William Wyler, 1959). Sin embargo, olvidamos pronto. Casos como el de Jack Lemmon y Tony Curtis en Una Eva y dos Adanes (Con faldas y a lo loco en España, Billy Wilder, 1959), podemos perdonarlos debido al contexto cómico: al fin y al cabo, nadie es perfecto. Pero si sacamos lo cómico, sólo puede haber una explicación a un hombre con falda: algo contra natura, como Norman Bates en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Sólo un loco llevaría falda. ¿Por qué nos dan tanto miedo los hombres con falda?

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La redención de la bruja

¿Figura liberadora o testimonio de una época misógina? Cada otoño, con la llegada de Halloween, mucho se habla sobre la bruja y sus diferentes connotaciones. En 2015, Tish Tawer la elevó para siempre a icono feminista al escribir: “Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”. Atrás parecen haber quedado los años de demonizar esta figura; la nueva bruja, uno de los temas favoritos de los últimos años, es un personaje con el que empatizamos. Sin embargo, no siempre ha sido así. ¿Cómo ha visto el cine clásico de Hollywood a la bruja? ¿Ha abandonado definitivamente su condición de villana?

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Solas en un mundo de hombres

“No soy como las demás mujeres, yo no soy complicada”. “Las mujeres son las más machistas”. “Mis peores jefas han sido mujeres”. “Yo me entiendo mejor con los hombres”. ¿A cuántas mujeres hemos oído decir esas palabras? ¿Cuántas de nosotras las hemos pronunciado? Parece haber cierto acuerdo tácito sobre la rivalidad femenina, según el cual, por ejemplo, conceptos como feminismo o sororidad jamás triunfarán. El cine ya ha hecho eco de ello. ¿Hay algo intrínseco en las mujeres que provoca a su mutua destrucción? La crítica feminista tiene su visión alternativa de los hechos. Según las últimas teorías, esta supuesta rivalidad no es sino un instinto de supervivencia en un mundo dominado por los hombres. Dos arquetipos populares en el cine, el principio de la pitufina y la chica cool, son prueba de ello. A pesar de que los términos son recientes, han estado presentes desde los inicios de la historia del cine.  

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«Un Edén sin hombres»: Cuando las mujeres dominaban Hollywood

Al preguntarnos por las directoras de cine famosas en el Hollywood actual, recordamos la siguiente frase de Tilda Swinton: “Las mujeres llevan haciendo cine desde hace más de cien años, pero cuando mueren sus esquelas son muy pequeñas». En efecto, las mujeres empezaron a trabajar detrás de las cámaras mucho antes de lo que se podría esperar. En sus primeros años, los estudios contaban con gran número de mujeres en sus equipos; se calcula que aproximadamente la mitad de las películas estrenadas entre 1915 y 1925 fueron escritas por mujeres. Nombres como Alice Guy Blaché, Frances Marion o Lois Weber eran sinónimo de éxitos de audiencia. ¿Cómo explicar la existencia del que un crítico de la época bautizó “un Edén sin hombres”?

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Los hombres que no escuchaban a las mujeres

Uno de los últimos capítulos de la popular serie estadounidense Los Simpsons propone, desde el humor, un robot llamado Afirma-bot, diseñado para escuchar a las mujeres, cuya única reacción son frases afirmativas y asentimientos con la cabeza. Esta broma nos hace pensar en los roles de género convencionales derivados a partir del modelo de familia de los años cuarenta y cincuenta, según los cuales las mujeres tienen la necesidad irrefrenable de verbalizar todo, cosa que los hombres jamás podrán entender. Esta idea, que pervive hasta en comedias románticas recientes y rompedoras, ha sido estudiada desde varios enfoques, incluso el científico. De hecho, estudios recientes demuestran que, aunque el cine nos cuente que las mujeres hablan, son los personajes masculinos quienes más líneas y tiempo en pantalla tienen, incluso en películas protagonizadas por mujeres. ¿Cómo explicar esto?

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Del romance al bromance: Mujeres emancipadas y hombres en crisis

En artículos anteriores he hablado sobre un nuevo modelo de masculinidad que, lejos del “macho” insensible de los cuarenta y cincuenta, es más sensible y, en definitiva, humano. Sin embargo, cuesta encontrar a hombres así en comedias románticas recientes, tales como Super cool o Ligeramente embarazada (ambas de Judd Apatow, 2007). En ellas, se reivindica el poder del bromance, la amistad entre hombres. La relación con las mujeres, tras la tercera oleada del feminismo, es mucho más complicada.

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Las peleas de gatas (o cómo acabar con la sororidad en Hollywood)

¿Cuántas veces, ya sea en el cine o en la televisión, hemos oído a un hombre pronunciar eufórico las palabras “pelea de mujeres”? Desde los inicios del cine, sex symbols como Clara Bow o Brigitte Bardot han protagonizado este tipo de escenas, algunas de naturaleza casi erótica. En los casos en los que la pelea es más verbal que física, sirven de excusa para el ya conocido argumento de que “las mujeres son en realidad las más machistas”. Sea como sea, es evidente que nuestra sociedad percibe de un modo muy distinto la violencia entre mujeres y entre hombres, lo cual se ve reflejado en el cine.

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La edad (sí) importa

Corría el año 1962. En la sección de anuncios del periódico Variety, una mujer buscaba trabajo. Se definía (en este orden) como madre de tres hijos, divorciada, estadounidense y con treinta años de experiencia. Desgraciadamente, nada de este anuncio se alejaría de la realidad de nuestro día a día si no fuera por la profesión de esta mujer: actriz. Y quizá esta anécdota no se recordaría años después si no fuera porque quien escribió esto no fue otra que la mismísima Bette Davis. El anuncio, más que una verdadera búsqueda de trabajo, se trataba de una satírica denuncia por parte de Davis hacia la falta de ofertas para actrices mayores de cuarenta. Casi sesenta años después, con actrices de menos de cuarenta años siendo rechazadas para interpretar el interés amoroso de hombres que pasan la cincuentena (como le pasó a Maggie Gyllenhaal), ¿hemos avanzado?

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Indignados

En esta columna hemos hablado sobre la censura de la era Hays, que oficialmente acabó en 1967. El final del código podría hacernos pensar que, a partir de ese momento, la libertad creativa no encontró límites. Esto, sin embargo, no es exactamente así. Uno de los ejemplos recientes son las quejas y protestas posteriores al estreno de Joker (Todd Phillips, 2019), puesto que ciertos sectores creían que podía incitar a la violencia. El poder ofensivo del cine es tan viejo como el medio mismo, pero no siempre nos han ofendido las mismas cosas. O, mejor dicho, no siempre se ha escuchado a los mismos.