La música, como todo lenguaje humano, lleva dentro de sí la presencia de una intención comunicativa. No existe canción, obra o fragmento musical que esté privado de cierto carácter semántico que pueda llegar a adoptar un significado al ser recibido por un oyente. A partir de su propio contexto, ese receptor le dará un sentido propio a aquello que escuchó, transformando la sonoridad en un valor semántico.
Esta característica intrínseca de la música ha sido aprovechada dentro de diferentes ámbitos, que van desde el desarrollo de música ambiental para restaurantes y hoteles hasta el empleo de la misma en la industria mercadotécnica con la creación de comerciales y spots publicitarios.
Pero de entre todas las formas de expresión que con el paso del tiempo han usado la música como un elemento que dota de significado dentro de su conformación, la del lenguaje cinematográfico es la que ha logrado generar uno de los fenómenos más complejos e interesantes de todos.












