Categoría: Letras

Un panorama de amplio espectro en torno al fenómeno de la palabra escrita

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¡Esto ya no es poesía!: Poegles o cómo hacer poesía con Google

Muchos de nosotros, cuando comenzábamos a ocupar el buscador de Google a mediados de la década pasada, nunca imaginamos la variedad de servicios y la cantidad de soluciones que la empresa terminaría por ofrecer a los usuarios de internet: Maps, Translate, Drive, Docs, Calendars, Chrome…

Pero, incluso en esta época en la que su buscador recibe alrededor de 1800 millones de visitas al mes, no deja de parecerme fascinante un uso que ingeniosamente se le ha dado a este motor de búsqueda: el de una herramienta para escribir poesía.

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Metal en el Lago Vol. 1: Crónica en dos colores

Texto y fotografías por Arturo Meléndez

¿La Bestia volverá a México? Aún no lo sabemos. Festival BESTIA, aquel que en otrora presentó a Godflesh y John Zorn, no ha dado señal de vida desde hace tiempo. Sin embargo, la esperanza de una nueva edición fue devuelta por “Metal en el Lago Vol. 1”, un pequeño pero ambicioso espectáculo realizado el 20 de octubre en la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec, organizado por BESTIA y que incluyó en sus líneas a las agrupaciones de avant-garde metal Descartes a Kant (Guadalajara, México) y Cleric (Pennsylvania, Estados Unidos).

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Cenar con los muertos

Para todos los muertos y las muertas,

que aún no regresan a casa.

Para mi tito Fino,

 y todos los míos.

Bienvenidos.

Una vez leí un artículo, no recuerdo si en National Geographic o en otro lado, en el que un extranjero contaba su experiencia viviendo el Día de Muertos mexicano. Decía que no concebía cómo comíamos pequeños cráneos de dulce y llenábamos las calles de papel colorido con esqueletos. Se le hacía extraño que la muerte no estuviera ligada con el horror, con la tristeza, con el llanto, sino con la fiesta, el jolgorio y la comida.

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Hugo - Aimeé Cervantes

Hernani o cómo hacer Teatro del bueno || Texto de Santiago García Lucio

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

¡Lo admito! Quería, y lo digo sin paliativos, que mi obra a la que yo, huelga decirlo, tenía por potente y prometedora, causase un gran efecto aquella noche. A menudo se ha dicho así: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede ser que se cumpla”… ¡Acertados pronósticos!

Sí… aquel 25 de febrero del 30 Francia se convirtió en un hervidero ¿Si era aquello lo que buscaba, me preguntan? Lo ignoro. Diré, en mi defensa, que aún me hallo bastante conmocionado como para hablar con claro raciocinio y perspectiva del hecho en cuestión.

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Enigmas de la noche fría (IV) || Nocturlabio Ediciones

La indeterminación de la realidad: “El caso Morcillo” de Héctor Fernando Vizcarra

Recuerdo cuando leí por primera vez la novela 1984 de George Orwell. Estaba en la preparatoria y me pareció fascinante, así como aterradora, la sola idea de poder manipular y construir el pasado. Estaba en el segundo año del bachillerato, apenas conociendo de la vida, y aquello me resultó una idea ficcional y siniestra. ¡Qué lejos de la realidad aún estaba!

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Soñar - Aimeé Cervantes

Muros, Mc Donald’s y Mönchengladbach || Poesía de Tomás Sánchez Hidalgo

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

El muro

Hemos aprendido a protegernos un poquito del frío, sí, pero demasiados de mis sueños en estos días son todogrises. Creemos en Dios, según como vaya el mes. Fase REM. Lo que a continuación se cuenta llega a mi rápido movimiento de ojos en un plano corto, en un technicolor vicioso. Drogadictos en un campo de concentración. Terminales. Estaban desnudos. Al tiempo, y en un palacio, una reunión de intelectuales. Y de ventrílocuos. Estaban, los referidos, aquéllos y éstos, igualmente desnudos. Una estación de trenes en Moravia. Locomotora: gimes rauda locura, demoledora: fiesta de los maniquíes. Oro, los dueños ya no existían. Kafka tenía razón: Praga no te deja salir. Si Europa fuera un tango*, o un parque temático sexual, te diría que setenta años no son nada, pero que se han disuelto para bien las fronteras. Al fondo, el Wrigley Field (y eso son un montón de chicles).

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Noctámbulo || Cuento de Mayret Montiel

—Hemos pasado una tarde agradable—, dijo, dedicándole una galante sonrisa. Desde su punto de vista, todo había sido casi perfecto; habían salido a comer a un pequeño restaurante gourmet, y cabe mencionar que las viandas fueron lo menos interesante de aquella experiencia. En verdad se había sentido el hombre más afortunado sobre la tierra cuando la vio tomar su cuchara con tal delicadeza que parecía que al acercarla a su boca no estuviese probando el bisque de langosta, sino dibujando aquella pequeña curva que, dulcemente, se pintaba granate sobre su rostro. Cada pequeño gesto de coquetería hacía que su corazón saltara de gozo, olvidando así toda pena.

Después fueron a una galería de arte cercana: ella repasó todos los cuadros, se daba tiempo para admirar cada trazo, cada colorido punto con una minuciosidad demencialmente cautivadora; a él le fascinaban los comentarios elocuentes que ella solía hacer. No sabía describir la sencillez con la que soltaba una a una las frases más ingeniosas, ni tampoco podía reprimir ese leve suspiro cuando la notaba tan ensimismada en sus pensamientos. Lo cierto es que su inteligencia era incluso más atractiva que el lunar que podía verse en su cuello cuando ella se acomodaba el pelo de manera discreta, y vaya que ese diminuto lunar era toda una obra de arte. Logró convencerla de ir a tomar una copa en su terraza. No fue difícil en realidad. Él leía las ansias que había en sus manos de encontrarse por fin con las suyas.

Mientras charlaban sobre la terrible inmensidad del universo, la botella de vino se quedó poco a poco vacía y, con ello, la intensidad de sus miradas aumentó hasta que, sintiéndose confiado, la tomó de la mano, se acercó lentamente a su rostro y la besó con dulzura. En ese húmedo recóndito, encontró al fin el remedio para todo aquello que ensombrecía su alma; deslizó hábilmente una mano por su espalda. Estaba seguro de que ella cedería al fin después de pretenderla, como si se tratase de una dama: sin besos ni caricias, sin insinuaciones de ningún tipo. La había conseguido de una vez por todas, o al menos eso creía hasta que ella apartó su rostro, dejándole en la boca una especie de silbido sordo.

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Enigmas de la noche fría (III) || Nocturlabio Ediciones

La luna, cómplice de la nevada

En los primeros dos textos de la antología Enigmas de la noche fría, sobresale la nevada como antecesora del desastre. La nieve acompaña a la víctima como manto blanco que cubrirá su cuerpo herido o como la precursora de dolencias inimaginables. No es el caso del cuento de Amanda Teresa Espinosa Galaz, pues la nieve será un factor tranquilizador en medio de la persecución. Un detalle interesante más: encontraremos a la ciudad y su cotidianeidad como protagonista, desenvolviéndose en los pliegues de sus calles y zonas conocidas y emblemáticas, adentrándonos en una metrópoli ficticia disfrazada de verdad. Un libro que suelto como recomendación para aquellos que deseen retratar a la ciudad de sus sueños como persona es el de Vicente Quirarte. Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México, es un texto genial para comprender el portento literario al que se inscribe Espinosa Galaz con su texto “Ártemis”.