Primavera Tus caricias se resbalan escurren sobre mi espalda. Trinan las aves y florece en mis ojos tu ausencia. Verano Soy tierra sobre la que[…]
Creación literaria. Narrativa, poesía, minificción y otros híbridos.
Primavera Tus caricias se resbalan escurren sobre mi espalda. Trinan las aves y florece en mis ojos tu ausencia. Verano Soy tierra sobre la que[…]
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
Al otro lado de la puerta hay voces.
Termino de despertar de un sueño líquido, sofocante, oblicuo, prodigo en hecatombes y risas desmesuradas, en arrastrar de muchos pies, en muchedumbres sin cara que caminan incansables en círculos cada vez más estrechos. Apenas se borran estas imágenes me agrede la luz sesgada de la luna que penetra a través de un resquicio de la cortina. Esta luz fija acaba por aturdirme y no logro recordar donde estoy.
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
I come out of office for a cup of tea
Summer beats down on my skull
I walk along the shadows of skyscrapers
The shadow of a worker hanging precariously
From the dome of a building passes over me
His body odour akin to that of ploughed land in scorching sun
Wafts and kisses into my skull
Then, the shadows of the concrete jungle vanishing,
A yellow flower in an instant bursts out.
Pequeños poemas en prosa sobre la belleza y la poesía
La belleza germina
al igual que un poema:
germina sobre el monte de goce
de una mujer que espera por el sexo
de su amante, de su adalid,
de su caballo salvaje.
La belleza posee un austero desenlace:
la muerte.
Esta no priva la revelación de la belleza
sino que revela los dientes amarillos
de una osamenta que no deja de sonreír.
La poesía tiene un engaño,
puede aparecer en aquellos que son malos poetas,
en aquellos que son abusadores,
en aquellos que golpean a sus hermanos.
Y a pesar de la miseria del corazón,
la poesía sigue siendo bella.
Senovia Expósito se arremangó la falda para airearse y profirió dos maldiciones al hilo antes de azotar la puerta. Era un jueves de agosto embadurnado de hastío. Juan Froilán la miró estupefacto. Nunca la había escuchado articular vocablos tan altisonantes y groseros, ni siquiera cuando estuvo a punto de morir arrollada por el camión escolar que había perdido la ruta.
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
“¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”
(Génesis 18.12)
“Ay, Alfonso, perdóname”, se recrimina Doña Augusta para sí misma en la puerta de la tienda de electrodomésticos. Alfonso, su marido, murió hace tres años, a los setenta y ocho. No es que Doña Augusta no sienta profunda su pérdida, pero siente deseos de deleite que crecen en la primavera y en el verano. Respira a fondo una vez, yergue la espalda hasta donde le permite la desviación de la columna y entra con paso decidido.
El aire acondicionado alivia el calor hirviente de agosto a las cinco de la tarde. La tienda está llena de merodeadores que se benefician del fresco gratis.
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
sobre la cama
la estampa de santa lucía,
su mirada dual:
al frente
los ojos servidos en un plato/
al cielo
los ojos servidos en su rostro
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
En medio de un silencio desierto…
Al final solamente se encontró el débil y monótono martillar de las manecillas. Levanté la cara y entre la penumbra apenas alcancé a distinguir el reloj: había pasado ya la medianoche. Cautelosamente me quité el sombrero para asomarme al vacío imponente que se erguía sobre mí. Entonces la ansiedad comenzó a apoderarse de mis movimientos. El sonido cada vez más acelerado de mis zapatos contra los charcos del asfalto resonaba en las paredes de la calle vacía. Mientras más me alejaba de la avenida principal, la oscuridad se imponía, devorando vallas, ventanales y puertas. Ni una sola luz que surgiera de entre las sombras para revelar un lugar en donde aferrar la mirada.
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores Y te da por pensar que es posible que no nos conociéramos aunque fuimos viviendo el mismo frío, la misma explotación, el mismo compromiso de seguir adelante a pesar del […]
Ilustración de Aimeé Cervantes Flores
¡Lo admito! Quería, y lo digo sin paliativos, que mi obra a la que yo, huelga decirlo, tenía por potente y prometedora, causase un gran efecto aquella noche. A menudo se ha dicho así: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede ser que se cumpla”… ¡Acertados pronósticos!
Sí… aquel 25 de febrero del 30 Francia se convirtió en un hervidero ¿Si era aquello lo que buscaba, me preguntan? Lo ignoro. Diré, en mi defensa, que aún me hallo bastante conmocionado como para hablar con claro raciocinio y perspectiva del hecho en cuestión.