Las vueltas de la felicidad – Cuento de Marcelo “Colo” Pascale

La felicidad estaba ahí, la tenía muy cerca. Palpable, pero inalcanzable. Para él siempre era lejana, ajena. Intocable. La música lo ensordecía, sabía que nunca la bailaría. Le retumbaban sus acordes graves, viejos, gastados, repetidos, mezclados con las risas de los niños, estridentes, agudas, chillonas. Era el tren de la vida que pasaba delante de él y no permitía que se suba, él sabía que jamás conseguirá ese boleto que lo lleve a dibujar una sonrisa.

Con el dorso de su mano sucia se limpiaba las lágrimas que emergían de sus tristes ojos y las combinaba con unos mocos que asomaban de su nariz chata, golpeada por la injusticia. La felicidad estaba cerca, pero distante.

Soñaba con subirse al caballo negro, imaginaba que era el justiciero que salvaría a los niños olvidados. Que galoparía sobre verdes praderas mojando sus secos rulos con la lluvia. Que esta vez disfrutaría de ella, que esta vez no lo dejará empapado y temblando de frío.

Quería enamorarse de una sirena y que le cante con su voz suave hasta dejarse dormir tranquilo, sin que lo corran o lo maltraten. Por una vez poder cerrar sus ojos y sentirse cálido, tranquilo; poder soñar dormido, ya que los sueños despiertos siempre eran esquivos e incumplidos. La felicidad le daba vueltas en la cara.

Pensaba que recorrería los mares en un barquito, que estaría más seguro en manos de las olas que entre los autos con conductores que lo insultaban o maldecían al sólo acercarse. Veía a los otros niños reír a carcajadas, gritar, una alegría que la compartían con sus padres y él sólo, sin nadie con quien compartir esa amargura. Era toda suya. Mucha para un niño.

Los niños estiraban las limpias y rojizas manos en busca de prolongar la felicidad. Él sólo la estiraba en busca de algo que caliente tu ruidosa panza. La felicidad le giraba en los ojos.

El niño sólo deseaba, aunque sea una sola vez, subirse a la calesita y ser feliz.


Autor: Marcelo “Colo” Pascale. Tuvo su debut actoral en marzo de 1988, hasta la actualidad ha representado centenares de obras teatrales para adultos como infantiles, obteniendo premios nacionales. En el año 2006 crea el Teatro de Títeres “Diabolo” que cuenta con cuatro espectáculos en cartelera (“Antonito, el panadero de la ciudad”; “Los fantasmas del Torreón”; “Golazo al ángulooo!!!” y “Queso a Queso”). Desde su creación ha recorrido el país participando de más de cien Festivales Nacional e Internacionales de Títeres y ha visitado seis países (Venezuela, Bolivia, México, Ecuador, Chile y Colombia).