Etiqueta: Música mexicana

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Ópera mexicana: La recuperación de un patrimonio olvidado

Si Mozart, Verdi, Rossini, Puccini o Wagner resultan nombres familiares dentro del ámbito operístico, no ocurre algo similar cuando se trata de figuras como Cenobio Paniagua, Aniceto Ortega, Melesio Morales, Manuel Covarrubias o Ángela Peralta, todos ellxs compositorxs mexicanxs del siglo XIX. Sus obras han sido mayormente relegadas de la interpretación musical actual. Algunas piezas de estxs autorxs jamás fueron estrenadas, permanecen las partituras a la espera de ser puestas en escena o, incluso, se encuentran presuntamente desaparecidas; otras, llevan más de cien años sin ser escuchadas. Rescate, interpretación y difusión de estas composiciones, patrimonio cultural mexicano, es lo que, ante este panorama, se propone el proyecto Ópera: nuestra herencia olvidada.

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Gary Coronado/Los Angeles Times ©

Una fiesta sin mariachi: Garibaldi en silencio

Fotografía: Gary Coronado/Los Angeles Times

Si nos dejan…

Pensar en mariachi es pensar en todo un imaginario colectivo que está inscrito en la consciencia de la cultura mexicana. La palabra en sí misma detona un sinfín de escenarios que remiten a la fiesta interminable. Serenatas borrachas a las tres de la mañana, el aroma a tequila y mezcal al pie de la banqueta, cumpleaños de los abuelos con recuerdos de «Cien años», fiestas de graduación al vuelo de «Las golondrinas», festejos en el Ángel bajo un «Cielito lindo» o un diez de mayo de puro «Amor eterno».

Pero el día de hoy no suenan las trompetas bajo los balcones. No hay serenatas para el día de las madres. Las canciones se han ido apagando detrás de las mascarillas N95. Las guitarras han enmudecido sin una voz en la madrugada a quién acompañar. En Garibaldi, la plaza de la fiesta interminable, el aire se ha llenado de silencio.

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Repunteando el bolero: Historia, música, bohemia y arrabal

Para mi abuelo.
Por enseñarme a escuchar
entre el requinto de una guitarra

Pasarán más de mil años
muchos más
y yo no sé si tengamos la eternidad
pero allá, tal como aquí, en la boca llevarás
sabor a mí.

ÁLVARO CARRILLO

Siempre hay amores que brotan implacables como la hierba entre las banquetas. Amores de besos entre callejones y de ruido de pasos ansiosos subiendo las escaleras. Amores de miradas como ascuas que anteceden al incendio. Amores que al morderlos llenan la boca de sabor a fruta madura. Amores que se intuyen entre el roce de un abrazo. Esos amores que bailan al vaivén cadencioso de un suspiro acompasado. Esos amores que resuenan en las paredes como el rasgueo de una guitarra. Entre las lineas de esos amores es que se escribieron las letras de los boleros.

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La pluma detrás del verso: ¿Quién compuso las canciones de los cantantes?

Pedro Infante. Jorge Negrete. José Alfredo Jiménez. Javier Solís. Antonio Aguilar. Vicente Fernández. Íconos de la mexicanidad. Cantantes, actores y personajes públicos que han adquirido una categoría casi mítica dentro de la cultura popular. Cada uno más emblemático que el anterior. Cada uno más recordado que los demás. Mientras que sus canciones habitan en la memoria de los mexicanos, sus nombres están ya escritos en la historia de varias generaciones.

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Serenata para un quince de septiembre

México en una laguna
Y mi corazón echándose clavados
¿Qué cosa será el amor?

Los Caifanes

Hace algunos días un amigo me encargó hacer el “top 10” de canciones que todo mexicano debería escuchar en la noche de un quince de septiembre. Las diez canciones que mejor reflejaran el sentir y la esencia de cualquier mexicano. Diez canciones que den cuenta del pasado y del presente de un país de 130 millones de habitantes y varios siglos de historia.

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Un infinito sonoro: La búsqueda del sonido 13

«Lo que existe y no se puede contar y se siente aquí dentro, exige una palabra para decirlo. Esta palabra, en este caso, sería inmensidad. Es como una palabra húmeda de misterio. Con ella no se necesita contar ni las estrellas ni los granos de arena. Hemos cambiado el conocimiento por la emoción: que es también una manera de penetrar en la verdad de las cosas.»

Canek

La impetuosa inquietud por aprehender todo aquello que pareciera escaparse al entendimiento ha sido una de esas concepciones que por milenios han seducido la curiosidad del ser humano. La idea de un infinito que irremediablemente se mantiene como la incógnita insalvable. Desde el cuestionamiento acerca de una existencia más allá de la muerte hasta el irrefrenable impulso por alcanzar hasta el último ápice del conocimiento universal, por centurias el género humano ha puesto su existencia bajo las preceptivas de la idea de algo inmenso, inabarcable y, a fin de cuentas, inaccesible.
La música durante mucho tiempo se ha mantenido en esa misma categoría de fenómeno misterioso que pareciera presentársenos de una forma casi incomprensible debido a su capacidad de conexión tan sorprendentemente directa con la sensibilidad humana. Su carácter universal —partiendo de que la música se hace presente en toda sociedad humana— y cotidiano la han vuelto una de las formas de expresión más usadas en todo el mundo y, a la vez, una de las menos comprendidas.

La música, en tanto lenguaje, se presenta como un sistema capaz de manifestar una inacabable cantidad de mensajes que potencialmente pueden ser entendidos por cualquier persona, sin importar las barreras socioculturales que llegan a manifestarse en otros sistemas de comunicación como el habla. Sin embargo, esta premisa parte de que la mayor parte de la música que escuchamos cotidianamente está escrita en una sola lengua. Es decir, casi en su totalidad, la música occidental de los últimos cinco siglos ha sido compuesta en un sólo idioma. Y más aún; desde la música de Bach, Mozart y Beethoven hasta la música de The Beatles, Silvio Rodriguez y Justin Bieber, toda ella está construida a partir de los mismos 12 sonidos.

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Seducción sabor a tabaco y tequila: bailando danzón

«El erotismo es como el baile:
una parte de la pareja siempre
se encarga de manejar a la otra».

Milan Kundera

El baile en pareja es siempre un juego de tensiones e intenciones veladas. Con cada roce por la espalda, con cada mirada furtiva, con cada sutil aproximación de dos cuerpos moviéndose al compás de la música se inicia el eterno duelo de seducciones que durante incontables siglos ha sido semilla de las más desaforadas pasiones.

Al bailar, los oponentes forcejean en el vaivén de la dialéctica danzística, en donde los roles del seductor y el seducido se vuelven líquidos e inestables a cada paso, a cada vuelta. Imposiciones y sumisiones mutan para dar lugar a un fenómeno simbólico que recuerda a las ceremonias de cortejo animales. Ademanes, movimientos y sonrisas abonan a la intrincada semanticidad de un evento social que ha terminado por conformarse como uno de los rituales humanos más complejos de todos.

Pues bien, cuentan los abuelos que hace muchos años llegó a México un tipo de música que vino a revolucionar no sólo la forma en que bailaba la gente, sino al ritual mismo y a las implicaciones que podía llegar a tener un fenómeno social tan antiguo como lo es el baile de salón. Un ritmo nacido en Cuba, fruto de los amoríos entre la música africana y la música europea, un tipo de baile que en sí mismo retrataba la fusión entre la civilización y la barbarie: así llegó el danzón a México.

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¡Ay, ay, ay, ay! Canta y no llores: El otro himno del fútbol mexicano

Francia 98’. El marcador empatado a uno. Al inicio del segundo tiempo México había logrado tomar la ventaja gracias al gol de “el Matador”, mismo que los alemanes lograron igualar media hora después. Los verdes comienzan a dominar el partido y en la tribuna se hacen presentes las ilusiones de superar a una de las mejores selecciones del mundo y avanzar al mítico quinto partido.

Minuto 86. Olivier Bierhoff remata de cabeza y el balón termina en el fondo de la red custodiada por Jorge Campos. 2-1. El árbitro finaliza el partido: Victoria de Alemania. El tricolor llora desconsolado en la cancha. De pronto, entre el público se escucha que alguien canta. Poco a poco toda la porra se le une. Segundos después, el Stade de la Mosson retumba con la melodía del Cielito Lindo.

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Los hilos de La Manta

Una jarana, un bajo, una batería, un saxofón, una marimba y el más variopinto conjunto de percusiones conforman la amalgama instrumental que camina de la mano de una voz que en los desgarros del falsete pregona unos versos que entre palabra y palabra, entre letra y letra, dibujan imágenes que saben a tierras lejanas, a tiempos antiguos, a parajes olvidados, a amores perdidos.

Así se conforman los sonidos de La Manta, un grupo nacido en las manos de seis jóvenes que coincidieron en tierras veracruzanas para emprender el camino en busca de una nueva expresión musical que llevara dentro de sí todo un caleidoscopio que trasluciera los colores que brotan del suelo mexicano.