Etiqueta: Latinoamérica

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Cerremos filas

El 1 de abril de 1939 culminaba una de las más grandes tragedias de la historia contemporánea: las tropas de un dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme, apoyadas por las dos figuras del fascismo italiano y el nazismo alemán, ponían fin a una maravillosa gesta de las democracias modernas. Los gobiernos del Reino Unido, Francia y la Unión Soviética decidieron voltear hacia otro lado, abandonando así a un régimen democráticamente electo, cuyas intenciones —lo dice el célebre historiador Paul Preston y yo lo secundo respetuosamente—, para bien o para mal, fueron siempre sacar a España de una vorágine ideológica. 

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Lima: ¿La horrible?

Texto por Francisco Martínez Hoyos, desde España

Para el escritor Julio Ramón Ribeyro, Lima no constituía un objeto de contemplación estética. La cuestión no era si le gustaba o no la ciudad, sino que la vivía como algo tan próximo e íntimo que se veía incapaz de juzgarla con un mínimo de distancia, la necesaria para pronunciarse a favor o en contra a partir de criterios como los monumentos, el clima o la gente. La capital peruana, para él, podía compararse a sus pulmones o su páncreas. Simplemente la llevaba dentro. Como una pertenencia insustituible que estaba, lo mismo que París, más allá del gusto.

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Teoría de las catástrofes I: desarrollo de la catástrofe

Encontrar el tema de un texto suele ser muy complicado por la cantidad de narraciones subordinadas que se encuentran introducidas y que, la mayoría de las veces, fungen como una de las mayores riquezas que posee. En ocasiones los elementos con fines anecdóticos de la obra son los que gustan más y, cuando descubrimos que el tema central no es precisamente ese, nos desencantamos, quedándonos con el deseo de que aquello que se quedó tan fijo en nuestra memoria sea el centro y no la periferia de la narración: no sólo queremos que todos descubran aquel elemento que nos estremeció tanto, sino que también lo disfruten tanto como nosotros.

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Una danza de literatura y muerte

Leer un reporte de persona desaparecida es distinto a leer un obituario.

Cuando nos detenemos a leer un obituario (si es que alguna vez lo hacemos), sólo nos encontramos con unas cuantas líneas que nos indican que alguien acaba de fallecer, lo que, en términos reales, no suele causar mayor tristeza. Los reportes de persona desaparecida son completamente distintos por un factor particular: la incertidumbre de no saber si la persona sigue viva o no. Dialogas con una fotografía, imaginas dónde fue tomada, por qué aquella persona luce tan feliz y sientes que la conoces, que no hay nada más que podrías saber de ella fuera de lo que se presenta en esa imagen y la descripción que la acompaña (color de ojos y piel; complexión, estatura, señas particulares), hasta que bajas un poco la vista y descubres las dolorosas palabras que se encuentran debajo de todo esto: «fue vista por última vez…» Entonces cierras y aprietas los ojos, finges que no viste nada, que no pasa nada y pretendes seguir con tu vida, la vida despreocupada que te fue arrebatada hace apenas unos pocos segundos.

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Oídos sordos, ojos ciegos, bocas cosidas: una nación tiene diez pisos y cincuenta habitaciones

Estás caminando por la calle y no sabes qué hora es: el calor que emana de la acera es tanto, que en cada paso sientes cómo la goma con la que está fabricado tu calzado se adhiere a tu piel, despegándose cuando disminuye la presión de tus pisadas, causando una sensación sumamente desagradable: empleas tanto esfuerzo en dar cada paso, que abandonas tu forma humana para adoptar la de una suerte de pesada maquinaria.