El pasado tres de septiembre convulsionó a la comunidad universitaria de la UNAM: el ataque porril contra una protesta de alumnos del CCH Azcapotzalco frente a Rectoría en Ciudad Universitaria desató una serie de paros y marchas, con una participación que no se había visto desde la huelga de 1999-2000.
Dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, las dos semanas siguientes nos organizamos para mantener en conjunto un paro que albergó asambleas, comisiones de seguridad mixta y de género, conversatorios sobre las demandas del movimiento y la coyuntura actual, así como una brigada cultural la cual, entre otras cosas, preparó carteles y mojigangas para la conmemoración de la Marcha del silencio de 1968 y que, actualmente, elabora un mural a la entrada de nuestra Facultad.
Previo a la manifestación del 13 de septiembre, colaboré un par de días con una de las iniciativas de la brigada: el Fondo de letras combativas, un esfuerzo para recopilar citas y versos que pudieran considerarse comprometidos socialmente, de resistencia, o simplemente afines al movimiento, que serían destinados a los muros del edificio o a las mantas que se cargarían durante la Marcha del silencio.



