Categoría: Letras

Un panorama de amplio espectro en torno al fenómeno de la palabra escrita

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La lucha de las memorias: «Fandelli» de Guillermo Fadanelli

Cal y arena publicó hace unos meses el libro más reciente de Guillermo Fadanelli: Fandelli. En vez de venderlo como una autobiografía que reconstruya y logre mantener en pie las ruinas de los recuerdos, se aclara desde el principio que contar la propia historia, comunicar la esencia, la cosa en sí es una pretensión imposible. Aunque en esta obra hay fragmentos sueltos de la vida del autor, es cierto que nunca se podrá dar cuenta de lo que se es, e incluso suponiendo que fuese posible, no sería a través de un recuento de acontecimientos —uno más falso que otro— en forma de biografía.

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Escritoras y premios

La literatura de Rosario Castellanos ha sido una constante en todos los momentos de mi vida. Durante mi adolescencia memoricé sus poemas y pegué fotos suyas en mi recámara. Todo ese tiempo creí que la razón por la que los festivales llevaban su nombre y se abrían centros culturales y premios en su memoria eran exclusivamente por la calidad de su propuesta literaria. Mucho tiempo después, ya en la Facultad de Filosofía y Letras (con la que muchas de las escritoras mexicanas más famosas mantuvieron relación), descubrí el triple mérito de su escritura: no sólo había creado una obra prolífica, sino que cada novela, cuento, ensayo o poema es una pieza de gran profundidad tanto filosófica como de experiencia de vida, además, logró abrirse paso en la Academia y consolidarse como una autoridad en cuanto a literatura se refiere.

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Fatalidad - Aimeé Cervantes

Poesía de Adriana Cupul Itzá || Recuperación de David Anuar

Ilustración de Aimeé Cervantes Flores

Manos de ángel

Alguien dispersa la luna
llanura de batracios
que croan fuertemente en la charca
y aclaran el sendero a la noche
Los árboles mienten
la Oscura esparce juguetes
anuncia anclar sobre las ramas de los árboles
tirar la vertebral fronda
y el aire azul que verde insiste
Entran las barcas al corazón
la arena ciñe su espuma en un costado de la lluvia

a nave zarpa rumbo a mis gajos
nace del monte
furiosa avanza para estrellarse
con Dios al final de la tarde

La piedra de mi mano se vuelve pájaro

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La verdad: un diálogo entre Platón y Sócrates

Una noche en compañía del insomnio, nació este diálogo que podría ser la sátira de un Platón y un Sócrates envejecidos. Mi pretensión no es ofender a los verdaderos filósofos; sin embargo, algunos académicos suelen criticar la poca habilidad filosófica que hay en las obras de escritores no reconocidos. Siendo sincero, me tiene sin cuidado. En este diálogo irónicamente hay algo de verdad, pues su tema central es la misma. Hay que tomar que Platón no haya dialogado con su maestro Sócrates como señal y oportunidad para retratar la plática entre estos dos: ¿qué hubiera sucedido? ¿De qué hubieran hablado?

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Resistencia en el último vagón

“Globalmente, se puede tener la impresión de que casi no se habla del sexo. Pero basta echar una mirada a los dispositivos arquitectónicos, a los reglamentos de disciplina, y a toda la organización interior, para comprobar que el sexo está siempre presente”.

Michel Foucault

I

Estaba anocheciendo y debajo de la banqueta había un montón de basura inorgánica apilada junto a una coladera. La calle estaba repleta de comerciantes informales que exceden el precio de los productos para alimentar a los suyos. Compré una botella de agua natural para combatir los efectos de la cruda que tendría al día siguiente e ingresé a la estación Balderas. El metro de la Ciudad de México es visto por muchos como un ente que engulle miles de personas cada día y devuelve seres grises y sin esperanzas. Esa tarde había excedido el consumo de cerveza recomendado. Eran las siete y media de la tarde y la hora pico parecía terminar gradualmente. Yo debía transportarme a Potrero. Pude hacer las cuentas a pesar de mi embriaguez: eran cinco estaciones las que tendría que sufrir.

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Como un bolero - Aimeé Cervantes

«Como un bolero»: La intimidad del relato contado al oído

Como un bolero
Improviso movimientos de ternura,
Mis latidos se confunden con tambores,
Y de pronto de mi alma
Mil requintos se derraman en tu alma
Como un bolero

Los Tres Reyes

Cuando pienso en el abuelo, la primera imagen que viene a mi mente es la de aquel hombre de canas sentado en un sillón con los ojos cerrados, mientras que en la vieja tornamesa un disco de Los Panchos gira incesantemente. A cada vuelta del desgastado ‘elepé’, la aguja del tocadiscos puntea el requinteo que sale de los dedos de Alfredo Gil y, entre una y otra de las canciones, el silencio se rompe por los suspiros del abuelo que, al recordarlos, descuelgan en mí momentos que se parecen a fotografías teñidas por los años y a películas en blanco y negro.

Siempre he creído que los boleros poseen esa esencia de suspiro musical. Como dicen los que saben, un bolero está hecho para bailarse «de cachetito» y para cantarse con un susurro al oído. Pues bien, el libro de Diana Ramírez Luna es justo eso: un bolero literario, un conjunto de «quince relatos y una poesía inesperada», que se van acercando despacito con el aire inconfundible de un punteo de guitarra y la armonía delicada que entretejen las voces de un trío.

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Un libro para la impureza: Los peces de la amargura

Escúchanos, Señor, protégenos de la maldad
y líbranos de toda mancha del alma

La impureza es, según la segunda acepción de la RAE, la “materia que, en una sustancia, deteriora alguna o algunas de sus cualidades”. Mísera contaminación que irrumpe un estado de perfección. Mezcla, degradación, deterioro. Sustancia indeseable.

Los peces de la amargura, libro de Fernando Aramburu, abre justamente con una emblemática dedicatoria dirigida a la impureza, una frase demoledora que planta cara a una de esas palabras desgastadas por el tiempo, que cargan a cuestas la historia de una cultura y una ideología creyente de las esencias puras y perfectas.

Dedico este libro a la impureza

Fernando aramburu
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“Quieto” y su lenguaje desnudo

Fotografía de Albert Cañas

Irrumpe a quemarropa: “arriba: sexo, sexo, sexo, acabamos afuera apenas empieza el día entre la lógica disposición de las calles, arriba”. El poeta penetra el silencio con una voz que dispara “un solo tiro en la cabeza”, mientras anuncia “sexo: anal para ella, anal para él, en tu boca, en mi boca, encima de los hombros”, e insiste: “todo viene de arriba”. No está ofreciendo simulacros.

El poemario se titula Quieto, como grita el policía al muchacho que huye entre la multitud; como escupe el ladrón antes de robar; como los padres al hijo; como el amo al perro; como nosotros al deseo que promete reventarnos por dentro; como la Ley al de abajo, porque todo viene de arriba. “Desde arriba del cuerpo comienza el dominio o la salida. / Ninguna mirada desde lo alto nos abarca / sin la observación de nuestra pequeñez (…)  Desde arriba del cuerpo, con paciencia, para entrar y salir”.

El poeta se llama Víctor Manuel Pinto, es venezolano y está a punto de cumplir 37 años. La voz poética viene a cantar desde una pulsión viril su filosofía del poder; enfática y persistente en el despliegue de una erótica a veces sucia, a veces guarra, a veces violenta, siempre urgente. Cuerpo y poder; temas que coinciden con la gran angustia foucaultiana, pero expuestos en el trajinar del albañil, del pasajero de autobús, del liceísta condenado al circuito de la pobreza urbana en América Latina, del marginado versus el marginado.