Categoría: Crónica

Crónicas citadinas, crónicas de eventos culturales (en el sentido más amplio de la palabra).

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Stephen O’Malley en CDMX || De la locura a la muerte

Un ambiente oscuro y siniestro. Al final del pasillo de bienvenida, un grupo de tétricos televisores mostraban una versión distorsionada y ruidosa de todo aquel que se parara frente a ellos. ¿Las pantallas roban el alma? Probablemente no todas, pero éstas sí. Ruido, distorsión, agresión. Estos adjetivos describen la atmósfera del cierre de Temporada316, el 30 de agosto de 2019 en SALA Puebla, con los actos de Vyctoria + Julián Bonequi, Lori Goldston y Stephen O’Malley.

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“Una niña es una cosa a medio formar”: Fragmentos dulces de una vida agria

¿Qué sentimos al morir? Quizá es cierto que recorremos un largo y húmedo túnel, en el que revivimos cada uno de los momentos más importantes de nuestra vida mientras caminamos en trance hacia la inminente luz: aquellos que nos hicieron suspirar, los que nos sacaron lágrimas, o los que nos provocaron dolor en el estómago de la risa… Esta sensación de añoro, de melancolía por la imposibilidad de volver, es justo la que retrata la obra Una niña es una cosa a medio formar, dirigida por Juan Miranda.

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“SÉANCE”: Terror auditivo directo desde nuestra mente

Fotografías de Octavio Meléndez

Nuestros ojos ya no bastan. En un mundo digital lleno de estímulos visuales e instantáneos, hay personas que se han dedicado a buscar sensaciones más fuertes e inmersivas. No por nada hemos visto una explosión de material como la música en ocho dimensiones y hasta las infames “drogas en mp3”. En este contexto, la obra Séance llegó a México para demostrar que los fanáticos de las experiencias auditivas no están condenados a la sencillez y la cursilería de los “relajantes” videos ASMR o a la música de Billie Ellish.

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Resistencia en el último vagón

“Globalmente, se puede tener la impresión de que casi no se habla del sexo. Pero basta echar una mirada a los dispositivos arquitectónicos, a los reglamentos de disciplina, y a toda la organización interior, para comprobar que el sexo está siempre presente”.

Michel Foucault

I

Estaba anocheciendo y debajo de la banqueta había un montón de basura inorgánica apilada junto a una coladera. La calle estaba repleta de comerciantes informales que exceden el precio de los productos para alimentar a los suyos. Compré una botella de agua natural para combatir los efectos de la cruda que tendría al día siguiente e ingresé a la estación Balderas. El metro de la Ciudad de México es visto por muchos como un ente que engulle miles de personas cada día y devuelve seres grises y sin esperanzas. Esa tarde había excedido el consumo de cerveza recomendado. Eran las siete y media de la tarde y la hora pico parecía terminar gradualmente. Yo debía transportarme a Potrero. Pude hacer las cuentas a pesar de mi embriaguez: eran cinco estaciones las que tendría que sufrir.

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Metal en el Lago Vol. 1: Crónica en dos colores

Texto y fotografías por Arturo Meléndez

¿La Bestia volverá a México? Aún no lo sabemos. Festival BESTIA, aquel que en otrora presentó a Godflesh y John Zorn, no ha dado señal de vida desde hace tiempo. Sin embargo, la esperanza de una nueva edición fue devuelta por “Metal en el Lago Vol. 1”, un pequeño pero ambicioso espectáculo realizado el 20 de octubre en la Casa del Lago del Bosque de Chapultepec, organizado por BESTIA y que incluyó en sus líneas a las agrupaciones de avant-garde metal Descartes a Kant (Guadalajara, México) y Cleric (Pennsylvania, Estados Unidos).

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“¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”: Crónicas de Chava Flores

“México en una laguna y mi corazón echándose clavados. ¿Qué cosa será el amor?”

LOS CAIFANES

Las Ciudad de México es una ciudad pintada a través de sus contrastes. El claroscuro parece haber sido el principio fundamental usado por los cientos de generaciones de mexicanos que se han encargado de edificar una de las urbes más populosas del mundo.

Ya desde la primera ojeada por encima de las tierras del glorioso Valle de México, podemos observar que la palabra “pluralismo” se queda corta para abarcar las diferencias que existen entre los nueve millones de habitantes que conforman la sociedad que vive en él. Desde las lomas del Pedregal hasta el barrio de Tepito, del Cerro de la Estrella al cerrito de la Villa, del lago de Xochimilco al de Chapultepec, una simple mirada basta para darse cuenta que todo lo que existe dentro de este pedazo de tierra, casa de serpientes, águilas y nopales, excede los 1500 kilómetros cuadrados que los datos del INEGI se empeñan en arrojar.

Pues bien, hace casi cien años, un 14 de enero del ya lejano 1920, nació en La Soledad –una calle de nombre sugerente metida en el antiguo barrio de La Merced– un hombre que al final entendió que ni más de 200 canciones terminarían por ser suficientes para meter en ellas a una ciudad tan grande como la capital mexicana.

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De las ferias, la de Arreola es más hermosa: conferencia magistral de Sara Poot

Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño.[1]

Y de aquel delgado sueño, en el que se sumió Juan José el 3 de diciembre de 2001, hemos pasado un viene y va del tiempo, soportando durante diecisiete años la ausencia del maestro. En este 2018, año convulso de efervescencia social, sin rumbo especifico en un tren donde sólo basta que lo tomemos para que tengamos sentido de la existencia (o al menos la noción de ella o algún rumbo), se conmemoran los 100 años del nacimiento de una de las cumbres de Zapotlán. Otra cúspide de Jalisco, ya como lo dijo Juan José, es José Clemente, “el de los pinceles violentos”.