Sobre los afectos y la imposibilidad del contacto físico

Uno de los tantos aspectos que la pandemia ha trastocado es el de las relaciones afectivas. Los abrazos, las caricias y los besos que daban corporeidad a los vínculos se han convertido en un privilegio. El anhelo de la textura y la calidez por el contacto físico con nuestros seres queridos revelan lo fundamental de pequeños actos antes considerados protocolarios. Su ausencia obliga a plantear nuevas formas de acercamiento que no impliquen la presencia palpable y se construyan, en cambio, con ayuda de otras herramientas como la tecnología y lo digital. Esta reconfiguración en la demostración de los afectos es lo que exploran las obras a continuación enunciadas. En ellas se adivina el deseo de subsanar la distancia entre los cuerpos a la que nos vemos forzados, de procurar gestos de expresión y cuidados colectivos en medio de la imposibilidad física.

Bitácora de un Abrazo Lejano es un proyecto de fotografía y video con el que su creador, Aldo S., “visita” a familiares, amigos y otras personas de la Ciudad de México; todo por medio de un dron. Desde sus hogares, lo reciben a través de una ventana, un balcón o una azotea, por donde el dispositivo volador se acerca. Las personas queridas a las que no ha visto durante semanas saludan al aparato como si se tratase de él mismo, le dejan ver parte de los espacios que habitan durante la cuarentena y de quienes los comparten con ellas. Posteriormente, narran su experiencia de encierro, de adaptación y, a veces, también de pérdida. Los testimonios se unen a las imágenes tomadas por el dron en videos que resultan sumamente íntimos y familiares. La iniciativa, compartida a través de una cuenta de Instagram, detona otras formas de viajar, de mirar la ciudad, de hacerse presente en ella y, sobre todo, de acercase afectivamente más allá de lo tangible.

Por su parte, en Besos, que forma parte del proyecto Artes vivas del Museo Universitario del Chopo, la artista Toztli Abril de Dios explora los contactos piel a piel entre los habitantes de su casa: su madre, su hijo y ella, únicas personas con quien puede detentar el privilegio del estrechamiento de los cuerpos. Los besos y los abrazos, que parecieran ser gestos del pasado, aparecen mediante imágenes que sugieren la intimidad fundamental entre quienes se aman. La artista toma distancia de aquello que considerábamos cotidiano y ahora se ha vuelto un lujo: la experiencia táctil con lxs otrxs. Además, deja ver la existencia de cierta sensualidad simple en el roce de los cuerpos, misma de la que en cierto sentido somos privados durante el encierro.

La incapacidad del contacto físico adquiere matices particularmente dolorosos cuando se trata de despedir a un ser querido enfermo. La crisis sanitaria nos ha privado también de los gestos y rituales de luto en los que la presencia resultaba fundamental para la elaboración del duelo. Ahora somos obligados a despedirnos de cuerpos a los que no vemos, no tocamos y no abrazamos por última vez. Ante esto, Rafael Lozano-Hemmer ha generado un memorial virtual y participativo en el que se recuerda y honra a las víctimas de COVID-19. Dentro de la plataforma La arena fuera del reloj, los deudos son invitados a subir una fotografía de la persona amada que partió, la cual es dibujada lentamente con la arena que traza un programa robotizado y que posteriormente se coloca junto al resto. A las imágenes se suman pequeñas dedicatorias, entre las que se leen agradecimientos y conmovedoras despedidas. Con el carácter de una obra pública, la pieza se construye a partir del testimonio de cada persona que comparte su duelo, dignificando su sentir. La plataforma humaniza aquella cifra que se actualiza y crece diariamente, pero que nada refleja del dolor y la experiencia particular detrás de cada muerte.

La Arena Fuera del Reloj, de Rafael Lozano-Hemmer, puede visitarse aquí. La plataforma continúa abierta para la participación.

Cada una de estas iniciativas ofrece un intento por transformar las condiciones de aislamiento a las que nos ha forzado la epidemia. Aunque con reflexiones específicas, convergen en el afán por hacer soportable la lejanía de quienes amamos. Nos permiten ejercer, aunque sea parcialmente, nuestro derecho al duelo, a la expresión de los afectos y a la búsqueda de alternativas para ello.