La otra esquina de El infinito – Cuento de Carlos Quintanilla

Hace unos momentos aquel hombre desvió su mirada a la pared donde estoy recostada. Ahí se encuentra uno de los posters que tenemos colgados en el bar, en él se observan a los integrantes de ABBA vestidos elegantemente y con una pirámide de fondo. Son interesantes los gustos de las personas cuando se les condiciona con sólo verlos una vez en la vida. En el traje que lleva puesto se empezaron a forjar arrugas cuando acomodó sus nalgas en el pequeño asiento de la barra. Esta noche soy sabedora de que está, junto con otros hombres, en representación de Manuel Serrano; disque tienen que cerrar un acuerdo para el viejo, con el fin de no perder un porcentaje de ganancias de este lugar. Sin embargo, ninguno de ellos se observa concentrado para darle de lleno a sus responsabilidades. El tipo está recibiendo una llamada.  

Viernes a las 12:15 a.m.

Sí, don Manu, ya estamos acá. No se ve tan mal El Infinito. No es como nos había dicho. Algunos clientes se agrupan en las esquinas para conversar sobre el rechazo que se tienen a sí mismos. ¿No le importa lo que digo? Entendido. Sí, haremos el trato, usted no se preocupe, sólo me da mala espina una «mujer» que se encuentra en una esquina. Nosotros nos contactamos con su persona al cerrarlo, estamos aritos

Según la información, a la media noche tuvimos que haber cerrado el trato con Victoria Navas, pero Ernesto y Martín se la han pasado abrazados, compartiéndose el olor a cubatas, margaritas y agua con gas. Hace unos instantes estaban moviendo el culo como si no hubiera otra ocasión para hacerlo. El olor de los cigarros se ha impregnado en el traje que llevo puesto. Ernesto está bailando con un mariposón, pero me dice lo contrario, él afirma que se trata de una mujer. Yo le digo que no existe mujer con pene, sólo hombre con senos. 

—Ustedes los amargados sólo envidia le tienen a uno. Relajate, ve a tomar unos tragos, tal vez tienes suerte esta noche.  

—¿Me vas a invitar el trago? ¿Sabes?, mejor no. No quiero nada, al menos por ahora.

Martin se la pasa buscando un amante. Al morir su esposa en un accidente de tránsito —donde la pobre tuvo la mala suerte de ser atravesada por un barrote del bus donde viajaba— se topó con una encrucijada, y es que ahora piensa que el amor de un hombre ha de experimentarse como el de una mujer. Me sigo preguntando con quién hablar para cerrar el maldito acuerdo. Ciertos lugares me iluminan las ideas. Las personas me observan, porque puedo leer nombres anotados en una libreta que llevo en la valija de la memoria. Me río a solas. Algunos nombres son arrevesados y de seguro fastidian la vida de las desgraciadas mujeres que trabajan en las oficinas de la municipalidad.  

El tipo se ríe. Desde esta esquina lo veo hacer un movimiento como si de pasar páginas de algún cuaderno se tratase. No le importa notar las caras de extrañeza a su alrededor; parece un trance de los que sólo se llegan al experimentar con sustancias corrosivas y accesibles en lugares como este. Deja de leer las letras gravitando frente a sus ojos. Recibe otra llamada que le hace devorar cada rincón de El Infinito en búsqueda de alguien; se afloja un poco la corbata y repite la misma acción. Otra vez mira el translúcido cuaderno, pero en esta ocasión se concentra más en esta esquina. Está cruzando el establecimiento y se dirige hacia este sitio con una juiciosa mirada a mi sombra.

—¿Pero por qué viene hasta este momento a verme? ¡Es un colmo! Aquí han estado perdiendo el tiempo. El asunto con Manuel Serrano se hubiera acabado hace ratos.

—¡Lo sentimos mucho! No estábamos seguro que era usted, ¿señorita Victoria? ¿En serio es usted? 

—¿Acaso no lo nota? ¿Usted piensa que mi maquillaje y esfuerzo no son suficientes para demostrar que me siento una mujer hermosa en esta sociedad?

—Disculpe, pero no es como si fuera del todo una. Lo que quiero decir es que para mí es un hombre con vestimenta de mujer.

—El problema del licor es que hace decir estupideces. 

—Sí, bueno, como usted diga. Entremos de lleno a lo de don Manuel. El acuerdo es parecido a los anteriores, con la única diferencia que don Manuel estará recibiendo un veinte por ciento de las ganancias.

—¡El condenado viejo quiere más! Ustedes en esto sí son buenos; para querer verle la cara de pendeja a una sí están preparados.

—Disculpe, pero no sé qué ha pasado. Según la información sólo era renovar el contrato, contando de la misma manera con el quince por ciento de ganancias para don Manuel, aunque algo tuvo que suceder y surgió este cambio.

—Dígale a don Manuel que me llame y hablaré directamente con él sobre esta estafa.  

Viernes 12:40 a.m.

Hola, ¿don Manuel? Sí, soy yo, Victoria Navas… ¿Ya sabe por qué le hablo?… Exacto, por eso mismo… ¿No cree que es demasiado?… Nosotras no podemos darle tanto porcentaje de ganancias, ni para tragar vamos a tener… Dígame… ¿Quiere hacer ese trueque? ¿Cree que acepte? Admito que no se ve mal…  Me parece bien, pero sólo yo tendría ese placer… ¡Okidoki, Don Manuel!… Adiós, besos. Saludos a doña Karina y sus hijos.

—Mire, le voy a firmar los papeles. Don Manuel se estará comunicando con usted para cerciorarse sobre la acumulación de ganancias.

—¡Excelente! En este momento le doy una pluma.

—Espere un momento. No lo hagamos acá. Hay una oficina al fondo del local.

—De acuerdo. Vayamos a cerrar el contrato.

Viernes 2:10 a.m. 

¡Don Manuel! ¡¿Y ese bendito trueque?! ¡¿Cómo se le ocurre?! Ni la oficina era… ¡¿Qué?! ¡¿Si firmó los papeles?! ¡Pues claro que los firmó! Ahí estuvimos hablando «muy cordialmente» de las cláusulas… Créame, la señorita Victoria ha comprendido todo punto y toda coma del contrato, viejo pen… ¡¿Qué no tengo de qué preocuparme?! ¿Y qué pasa con Ernesto y Martín?… ¿Si me gustó?… Pues ese no es el punto, yo ya no vengo a El Infinito… ¡¿Me va a despedir?! Mire, pensándolo mejor, no está tan mal la señorita Victoria… ¿Cómo que es un hombre? Si desde todas las esquinas de El Infinito se ve claramente que es una hermosa mujer. 


Autor: Carlos Quintanilla (Santa Ana, El Salvador). Licenciado en Ciencias del Lenguaje y Literatura de la Universidad de El Salvador. Ha participado en diferentes eventos y lecturas a nivel nacional e internacional. Su poesía ha sido publicada en diferentes revistas impresas y digitales de El Salvador, Guatemala, Colombia, México y Perú. Entre sus publicaciones tanto literarias como académicas se encuentran: “La influencia semántica y función del morfema —a— como prefijo y sufijo en las palabras de El Salvador” (2019, Morfología y sintaxis del español de El Salvador, artículo científico), “Entre fusiles, guiones de telenovela y cobardía: reseña y opinión sobre la novela Si te pudiera mentir de Berne Ayalá” (2020, reseña) y Sanguaza (202, Editorial Navegando Sueños, poemario).