Etiqueta: metro

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Resistencia en el último vagón

“Globalmente, se puede tener la impresión de que casi no se habla del sexo. Pero basta echar una mirada a los dispositivos arquitectónicos, a los reglamentos de disciplina, y a toda la organización interior, para comprobar que el sexo está siempre presente”.

Michel Foucault

I

Estaba anocheciendo y debajo de la banqueta había un montón de basura inorgánica apilada junto a una coladera. La calle estaba repleta de comerciantes informales que exceden el precio de los productos para alimentar a los suyos. Compré una botella de agua natural para combatir los efectos de la cruda que tendría al día siguiente e ingresé a la estación Balderas. El metro de la Ciudad de México es visto por muchos como un ente que engulle miles de personas cada día y devuelve seres grises y sin esperanzas. Esa tarde había excedido el consumo de cerveza recomendado. Eran las siete y media de la tarde y la hora pico parecía terminar gradualmente. Yo debía transportarme a Potrero. Pude hacer las cuentas a pesar de mi embriaguez: eran cinco estaciones las que tendría que sufrir.

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Poéticas del desengaño: crónica de un encabezado ondulante.

“Hay una profunda diferencia entre luchar para evitar la muerte y luchar para vivir”.

Curzio Malaparte.


A propósito de Malaparte y un paradigmático viaje en la línea 9, con el vagón llenísimo, dentro del paraíso terrenal que llaman Sistema de Transporte Colectivo: Metro; me ocupé de observar detenidamente dos universos adyacentes. Por un lado, la mujer de cabellos largos, ondulantes bajo el ineficiente soplo del ventilador deformado, quien cabecea estación tras estación y despide un aroma suave que le emana de detrás de los lóbulos perforados. Por el otro, Romina (dice su gafete), sentada, con las rodillas rígidas frente a la estorbosa masa de un abrigo apretujado en la maleta verde que me acompaña, por lo regular, más del ochenta por ciento de la vida. Trae bajo el pulgar izquierdo un periódico doblado, arrugado en las orillas. Las hojas sueltas ondulan con la misma fuerza que la cabellera suelta. Se inscribe a la escena otro paraíso terrenal, lo llaman Metro, a secas. Éste exhibe sus despampanantes imágenes en escalas de color opacas, luego del continuo quebranto de una jornada larga, o la terrible fortuna de ser quien se queda estampada en la puerta. Se lee, medio cortado, el titular en primera plana: “No nos dejemos engañar:…”.