Etiqueta: Cuento joven

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Antimilitarismo y depresión crónica – Relatos de Alberto Férrera

Sombra negra

Al día siguiente, el sol irisó sus hileras, otra vez, sobre el páramo alboreado con el sondeo de los llantos y el olor fatigante a pólvora. La carrera de nuevos modelos inspiracionales se embriaga en sauces del pasado. Cada uno patina, a ribera de semblante dudoso, por ver quién es el primero en resbalarse sobre sus propios sesos. La rutina del carnaval sádico se ha tornado la cresta de juicios indiscretos, donde la calle se adorna con flores de féretro para la niñez desguindada.

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Veredas – Cuento de Eduardo Antonio López

El primer porrazo, del que no guardo recuerdo, habrá sido seguro en el patio. Adentro de la casa propiamente dicha, habría obrado el abrazo apresurado y salvador de mis viejos o alguna tía, o mi abuela, que venía seguido a vernos. O tal vez sí haya ocurrido adentro, entre esas paredes despobladas de cuadros o fotografías. Me acuerdo de mamá arrodillada, lata de cera en mano y el trapo, fregando las tablas de los pisos hasta dejarlos brillantes. Siempre, un rato más tarde, culminada su fatiga, ante el primer descuido de mi parte o de mi viejo, su grito: ¡los patines!

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Sol - Roberto Bélanger

Mi sol || Cuento de Melissa Tarabay

Ilustración de Robert Bélanger

Para Fernando Palma

Vivo enamorada del astro rey desde que me lo presentaron en un atardecer. Me recuerdo de pequeña tratando de encontrarlo cuando se perdía entre las nubes, pero siempre me conformé con la evidencia de su paso cerca de mí, un rayo verde y la pintura del óleo plasmado en su inmenso pizarrón con diversas paletas de tonalidades dependiendo de su humor. A partir de aquel momento hasta que lo prohibió el ayuntamiento, me senté en la arena de la playa que está enfrente de mi casa, esperando a que terminara su turno y le diera paso a la luna.

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Como un bolero - Aimeé Cervantes

«Como un bolero»: La intimidad del relato contado al oído

Como un bolero
Improviso movimientos de ternura,
Mis latidos se confunden con tambores,
Y de pronto de mi alma
Mil requintos se derraman en tu alma
Como un bolero

Los Tres Reyes

Cuando pienso en el abuelo, la primera imagen que viene a mi mente es la de aquel hombre de canas sentado en un sillón con los ojos cerrados, mientras que en la vieja tornamesa un disco de Los Panchos gira incesantemente. A cada vuelta del desgastado ‘elepé’, la aguja del tocadiscos puntea el requinteo que sale de los dedos de Alfredo Gil y, entre una y otra de las canciones, el silencio se rompe por los suspiros del abuelo que, al recordarlos, descuelgan en mí momentos que se parecen a fotografías teñidas por los años y a películas en blanco y negro.

Siempre he creído que los boleros poseen esa esencia de suspiro musical. Como dicen los que saben, un bolero está hecho para bailarse «de cachetito» y para cantarse con un susurro al oído. Pues bien, el libro de Diana Ramírez Luna es justo eso: un bolero literario, un conjunto de «quince relatos y una poesía inesperada», que se van acercando despacito con el aire inconfundible de un punteo de guitarra y la armonía delicada que entretejen las voces de un trío.