Etiqueta: corporalidad

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Mi cuerpo no es un envase desechable – Ensayo de Luis G. Lona

Últimamente he pensado mucho en mi cuerpo: cómo la imagen que tienen los demás sobre él repercute en mi percepción. Considero que los ideales de belleza hegemónica basados en la blanquitud y el imperialismo son reforzados actualmente en gran medida por la idea del espectáculo. Como si fuera un envase más, lo que importa en los cuerpos es la manera como se muestran; deben ser atractivos para que inviten a ser consumidos. Así, se convierten en una mercancía más. Pero la belleza externa que se puede aparentar no necesariamente refleja un estado de bienestar. 

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Quanta || Ensayo de Ricardo J. García Gómez

Pero mi cuerpo, a decir verdad,
no se deja someter con tanta facilidad. Después de todo,
él mismo tiene sus recursos de lo fantástico…

Michel Foucault

Soy un entramado complejo y difuso. Apenas reconozco el rostro que miro al espejo durante las noches, al calor de la mañana o en una tarde lluviosa mientras la paloma busca refugio y entra por la ventana. En realidad, somos un cuerpo tenebroso y frágil. Si pongo la mano sobre la lumbre, comenzaré a sentir dolor y ansiedad. ¿Qué es sentir dolor y ansiedad? Seguramente tiene que ver, en un aspecto metafísico, con una percepción singular de mi esencia. El cuerpo está en cantidades diminutas y efímeras de estructura espacio-tiempo. Soy lo que habito y vivo. O bien, somos un imaginario discreto y complejo que se realiza a sí mismo a partir de su estructura espaciotemporal navegante de la circunstancia que vive.

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Vivir el cuerpo

Ilustración de Carlos Gaytán

El cuerpo es un territorio desconocido y familiar. Las más de las veces se le concibe como instrumento, un simple depositario del alma que se eleva con gracia hacia la espiritualidad. Lo cierto es que nuestro cuerpo representa toda realidad objetiva; en él se agrupan a empujones las más subjetivas experiencias. Y de entre todos esos rincones emerge una verdad aplastante: las corporalidades vividas serán siempre nuestro único hogar. Ese miedo esencial a abandonar el origen se explora a cada momento en la literatura. Es difícil pensar que un escritor o escritora pueda dejar de habitarse para escribir, por eso el lugar de enunciación es relevante.