Categoría: Letras

Un panorama de amplio espectro en torno al fenómeno de la palabra escrita

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Cecilia (Cuento ganador del concurso del Coloquio de Letras Hispánicas 2016)

 

CECILIA

A Karla, por los maravillosos oficios

Tocabas sus ojos con el pensamiento. Ella alumbraba toda la casa. Su paso lado a lado en la alacena, los cuadros y las velas: mestizaje de luz infinita. Miraba el vacío con la infinitud de la que sólo tú podrías sentirte ausente. Dibujaba secuencias de placeres no gratos, ominosa costumbre. Se escondía en la sala mientras llegabas; luego, en las sábanas para dormir junto a tu pecho. El reloj golpeaba callado y entumecía la estrechez de tus manos.  Las tardes bajo el mundo transitaban de una a otra esquina entre sus piernas y la suavidad de su espalda. Tu deseo era el olor de una mañana entre su boca: tulipanes, vendimias y dulces de leche. Preguntabas sobre el misterio de tu piel en la suya, el sabor de sus labios: saliva más acida; ‘‘como una toronja disfrazada de fresa’’, decías y juntabas sus ruidos a los tuyos en un trémulo e insostenible puño antes de eyacular. A veces ella cerraba los ojos; otras, lloraba silente en el peso de la oscuridad.

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Cuento posmoderno para ganar beca del Fonca

 

 

Bien. Tengo la esperanza de que esto funcionará. Espero el mensaje respuesta. Mi último texto lo envié hace diecisiete minutos. La paloma me dijo que mi mensaje está en el aire, que no han llegado a su destino. Mi madre mira un documental acerca de Marilyn Monroe (pude escribir el nombre correctamente sin buscarlo en Google. En el peor de los casos, si se tratara de algún nombre Alemán, por ejemplo, – escribí alemán con mayúscula– tendría que recurrir al control be control ce porque la pereza de escribir consonante sobre consonante no la tolero) un documental de Marilyn Monroe en la televisión. Un documental de Marilyn en la televisión. En la televisión.

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El picaporte (fragmento)

Por: Marco A. Toriz Sosa

Escuchamos el primer golpe: fue como si alguien hubiese estrellado su puño contra el piso. Un sonido apagado, pero recio. Un golpe seco y compungido en el lugar justo. Todos nos asustamos y nos levantamos de inmediato para ver la escena: su acompañante lo golpeaba con furia; en sus ojos se veía la rabia. Tenía una mirada cargada de locura, una locura frenética. Expelía golpes y él no hacía nada, sólo afrentaba la golpiza como respondiendo a la rutina. Emilio me miró. Tenía la misma mirada de horas atrás cuando caminábamos hacia el departamento; ahora el miedo lo acechaba en su propia casa. Nadie hizo nada en el momento, mucho menos después. En cuanto la golpiza terminó, el que no conocía se echó a correr hacia el pasillo y se volvió a meter en la alcoba de Emilio. Al otro lo vi en el suelo, expectante de sus acciones. Jamás lo había visto de esa forma, no la había imaginado siquiera, pues acostumbraba a intimidar con su rareza, no podría dar lástima en lo absoluto. Pero ahora parecía indefenso. Se quedó tirado por unos cuantos segundos, levantó su cuerpo y, frenético, estaba dispuesto a salir del departamento. Fue hasta la puerta de salida y, en un cambio
delirante, decidió correr hacia el pasillo. Lo vimos perderse detrás de la puerta al girar el picaporte. El brillo se cernió al cerrar la puerta, sólo quedó,de nuevo, el brillo en el pasillo y ellos tras la puerta. Fui a la cocina, me serví un vaso de agua. Vi que Emilio me seguía. Serví un vaso de agua para él y mientas lo bebía le dije:
—Debemos hacer algo. No podemos permitir que se queden encerrados, mucho menos en tu alcoba.