“Motomami”: la reivindicación de la artista femenina

Hace unos días, Rosalía dió su primer concierto en México como parte del Motomami World Tour. Éste tuvo una gran aceptación en el público que recibió a la cantante con entusiasmo y peluches del Dr. Simi que lanzaron al escenario.

Es notable el éxito del que ha gozado hasta ahora, no sólo por lo que ha ocurrido en sus conciertos, sino por el número de reproducciones que ha generado en Spotify con su canción más reciente «Despechá», la cual alcanzó los 3 708 millones de streams tan sólo en su primer día y logró entrar al top siete mundial.

Parece ser que, en este punto, el gusto por la música de Rosalía se ha generalizado, pero recordemos que hubo un momento cuando no fue así. En un principio la publicación de su tercer álbum generó comentarios tanto negativos (por decir lo menos) como positivos. Su sonido experimental, así como sus letras, llegaron a describirse, por un lado, como banales, absurdos e incluso vulgares; por el otro, como ingeniosos, ocurrentes e inventivos. No había lugar para medias tintas en este debate sobre la calidad compositiva de la artista.

Lo cierto es que Motomami (2022), más que sonidos, imágenes y palabras random, es una declaración, una narrativa que muestra la transformación de esta cantaora e invita a reflexionar sobre el papel de la mujer dentro de la industria musical.

Rosalía y El Mal Querer

El 2 de noviembre de 2018 fue publicado El Mal Querer, un álbum conceptual elogiado por su carácter innovador. Además de retomar el argumento de una novela medieval para la letra de sus canciones, Rosalía mezcló ritmos flamencos con sonidos propios de la música pop.

Su trabajo recibió mucha atención mediática por el hecho de llevar al flamenco (género ahora institucionalizado) a la cultura popular. Incluso llegó a considerarse una obra maestra. Esto, con el paso del tiempo, generó grandes expectativas en el público, que esperaba algo similar en su siguiente proyecto.

«Saoko»: declaración y performance

Para cuando salió la primera canción de Motomami la gente se sorprendió para bien y para mal. No encontraron en ella sonidos o conceptos similares a los del álbum pasado. En lugar de eso estaban frente a un ritmo predominante de reguetón (el género menospreciado por excelencia), acompañado por el ahora ya característico “saoko, papi, saoko”, verso que inaugura la libertad del lenguaje y sonido sobre los que trabaja Rosalía. 

Esta canción (y en general todo el álbum) es un manifiesto, que da constancia de que Rosalía está experimentando una transformación, tanto musical como personalmente. Porque «cuando los cubitos de hielo ya no es agua ahora es hielo, se congela ahora es hielo, se congela, uh no».

«Mariposas sueltas por la calle»

La publicación de su anterior álbum determinó la forma como los demás percibían a la cantaora. Las expectativas la adscribieron a una sola manera de hacer música: un solo género, una sola emoción. En Motomami deja claro que va a reapropiarse de su arte y de su imagen como artista. Como ella misma lo dice «Yo soy muy mía, yo me transformo. Una mariposa, yo me transformo».

Para conseguir su reapropiación adopta la mariposa como leitmotiv. Esta aparece de manera recurrente en canciones como «CUUUUuuuuuute», los elementos de sus videos y la portada del álbum. Con esto pretende mostrar su nueva visión que se basa en la metamorfosis.

Extraído del video oficial «Motomami»

El cambio de un trabajo a otro es radical, pero también guarda cierta relación con El Mal Querer. Esto lo podemos ver en «Bulerías», donde retoma el flamenco, añadiéndole otro punto de vista más basado en el humor, el self-awareness (autoconsciencia) y el juego que en la solemnidad. Adoptar la mariposa como símbolo significa no ceñirse a ciertas expectativas o a un conjunto de características que le ha atribuido el público.

«La que sale por TV no es la que yo conocí»

Rosalía, además de mostrar humor, también aprovecha para criticar la hipocresía de aquellos que en el pasado la elogiaban, quienes le dijeron que «brillaba como la luna», y después terminaron odiando lo que hacía. Ante esos comentarios ella afirma que no es que haya cambiado «de la noche a la mañana», sino que ya era de esa manera.

El hecho de que haya experimentado más con ritmos de un género no legitimado como lo es el reguetón, así como con mezclas poco ortodoxas de géneros como la bachata, el pop y el bolero, fue motivo para infravalorala. Pero esto a ella no le importa porque es «igual de cantaora» vestida de «versace», optando por la música popular, que «vestiíta de bailaora», utilizando los recursos de una música perteneciente a la alta cultura.

Y aunque los demás pensaran que «brilla como sus prendas», ella está consciente de que no es el «bizcochito» de nadie. No se trata de lo que piensen los demás, sino de ser fiel a sí misma, y atreverse a llevar sus nuevas ideas hasta las últimas consecuencias, aunque parezcan una contradicción.

«Ser una popstar nunca te dura»

Sumado a todo lo anterior, Rosalía también aprovecha para reflexionar sobre su relación con la fama. Ésta es una cuestión que puede pensarse no sólo como algo personal, sino algo con lo que lidian todos los artistas, especialmente las mujeres.

La fama es un «mal amante» y «no va a quererte de verdad». Se convierte en una obsesión que influye en la persona que quiere mostrar al mundo todo lo hecho. Da «puñalaítas» su ambición porque atormenta el hecho de tener que crear algo que guste a todos. Junto con esto, existe la preocupación de que desaparezca. «Si Dios te lo da, te lo quitará», la fama es efímera.

A pesar de saber estas cosas de antemano, Rosalía está dispuesta a seguir cantando. «Aunque no tenga dinero» o «no tenga a nadie», ése es su arte y lo muestra con orgullo.

(Para profundizar en el tema los videos de Jaime Altozano, José C. y Julieta Wibel son muy ilustrativos).