“Adiós, idiotas”, de la risa a la tragedia

¿Cómo afrontar la idea de la muerte? ¿Cumplir un último deseo o dejar todo atrás por el suicidio? La nueva película de Albert Dupontel, Adiós, idiotas (Adieu, les cons, 2020), ahonda en distintas búsquedas detonadas por sus protagonistas, deseosos por remediar sus errores del pasado. Todo ello desde diferentes facetas, intereses y tratamientos.

Jean-Baptiste Cuchas (Albert Dupontel)

A Suze Trappet (Virginie Efira) le queda poco tiempo de vida. Decidida a encontrar a su hijo, de quien perdió la pista al momento de su nacimiento cuando apenas tenía quince años, se embarca en una búsqueda donde coincide con Jean-Baptiste Cuchas (Albert Dupontel), cuyo interés principal es la informática y los sistemas computacionales. Éste decide terminar con su vida luego de no ver claridad en su futuro profesional…, pero al final las cosas no salen conforme a lo planeado. Ambos, Suze y Jean-Baptiste, se apoyarán mutuamente en una aventura que los llevará a conocer a Blin (Nicolas Marié), un hombre ciego con sus propios traumas.

Adiós, idiotas puede sintetizarse en un adjetivo: multifacética. La película, protagonizada, escrita y dirigida por Albert Dupontel, intenta conjugar diferentes géneros como el policial, la comedia (romántica), el drama con, por momentos, ciertos tintes de acción. Esta interesante mezcla, arriesgada al mismo tiempo, apela a pasar de la risa a la tragedia, de la conmoción a la sorpresa. No obstante, apelar a un abanico de emociones tan grande puede generar una cierta vaguedad en la trama.

La cinta presenta escenas inverosímiles por el grado de coincidencia derivada de ellas en relación con la trama, desde recobrar la memoria en un hombre con Alzheimer, hasta encontrarse con un vehículo conducido por un ciego que choca azarosamente con la patrulla donde trasladan al protagonista. En consecuencia, la verosimilitud de la historia se derrumba poco a poco con la presencia de tantos elementos.

Suze Trappet (Virginie Efira)

Lo más valioso, desde mi perspectiva, recae en el humor y el guion, ambos engarzados de inicio a fin. Con juegos de palabras en relación con los nombres de los protagonistas, por ejemplo, la cinta juega con el disparate y el absurdo para construir una narrativa poco convencional por la conjugación de los factores antes descritos, suficientes para divertir al público desde la risa o la comicidad del instante.

Muestra perfecta de ello representa el señor Blin —en alusión directa a blind, cuyo significado en inglés es “ciego”—, quien logrará compaginar con el público por su ingenio, entrega, ocurrencia y trascendencia en la cinta. Simplemente, se vuelve un personaje imposible de detestar. Sus líneas logran hacer reír y su actuación, interpretada por Nicolas Marié, se muestra convincente para ser un hombre ciego.

Sin embargo, no todas son expresiones de alegría. Adiós, idiotas se diluye por querer abarcar mucho y conseguir poco o, más bien, cohesionar poco. La cinta plantea una situación contrarreloj desde el inicio, con tintes policiales que implican dos búsquedas: la del hijo de Suze y la de Jean-Baptiste Cuchas. No obstante, el entramado de vincular a ambos en la historia mediante el romance provoca una menor consistencia en la historia, aunado a los pasajes de acción y persecución insertos. En suma, los espectadores pueden encontrarse 1) con una historia policial en dos niveles, 2) una tragicomedia por el destino de los personajes, 3) asimismo, una carga romántica entre ellos y 4) el humor, en buena medida, impreso de Blin.

Jean-Baptiste Cuchas (Albert Dupontel)

El final se percibe apresurado y desentona con el corte de toda la película…, aunque tampoco se vuelve opuesto a la trama. Al inicio, los protagonistas se encuentran en situaciones críticas que los confrontan directamente con la muerte o incluso el suicidio. Así, la narración se vuelve agridulce por el tratamiento dado durante todo el filme; al final, regresa a ese tono más amargo que acaba por dar cierre a la historia y a los personajes. Desde esta perspectiva, la cinta desentona y no es sencillo para el público posicionarse después de haber reído por media hora para enfrentarse después con una conclusión mucho menos amistosa.

En síntesis, Adiós, idiotas funciona para pasar un buen rato y reírse un poco de los personajes o sus situaciones. Cabe señalar, asimismo, su fragilidad narrativa por la multiplicidad de sus intereses. La película forma parte del Tour de Cine Francés de este año.

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